Miguel Gutiérrez R.

Según cuentan quienes lo conocieron, Carlos Atachahua Espinoza se presentaba como un modesto ingeniero que se comunicaba en las noches con su familia en Perú desde una cabina internet y solía caminar o tomar el transporte público que lo llevaba del centro de Buenos Aires a su casa en el Barrio Caballito.

Hasta hace poco, nadie sabía que detrás de esta apariencia desaliñada de un individuo común y corriente, el peruano de pelo oscuro, de 52 años, era un hombre meticuloso, extremadamente cauto y millonario. Si las autoridades peruanas supieran que Atachahua, era realmente el cerebro de un imperio de lavado y drogas que operaba con grupos criminales de América Latina y Europa, ya habrían estado pidiendo información de los miembros de su organización en nuestro país que son en gran parte, su propia familia.

Quienes testifican en su contra dicen ahora que Atachahua, quien usaba alias como “Abraham Levy”, negociaba principalmente en efectivo y mantenía la información compartimentada entre las personas a las que dirigía, compartiendo únicamente lo que cada uno debía saber.

Durante al menos 14 años, dicen las autoridades, la táctica funcionó. Atachahua logró mantenerse fuera del radar y lavar dinero para un imperio de narcotráfico desde Argentina, desde al menos 2006 hasta 2020, con conexiones en España, Uruguay, Chile, Brasil, Bolivia, Colombia, Italia y Canadá, según la declaración que dio su contador a las autoridades argentinas.

Los fiscales argentinos acusaron a Atachahua de lavado de dinero y no de narcotráfico. Sin embargo, también han alegado que estuvo involucrado en el traslado de cocaína desde las zonas productoras de Sudamérica al otro lado del mundo, en cargamentos estampados con símbolos incas. Más allá de Perú, se relacionó con traficantes de la vecina Colombia y vendió cocaína a los mafiosos del clan criminal italiano ‘Ndrangheta’. Cuando los millones de dólares empezaron a fluir, habría usado casas de cambio corruptas a ambos lados del Atlántico para lavar las ganancias obtenidas en el mercado europeo.

Carlos Atachahua fue detenido en octubre del 2020 en Argentina.
Carlos Atachahua fue detenido en octubre del 2020 en Argentina. / Foto: Gendarmería Nacional Argentina

Atachahua finalmente fue arrestado por cargos de lavado de dinero en Argentina en 2020, dos años después de que su antiguo contador, Diego Xavier Guastini, empezara a colaborar con la justicia y proporcionara información a las autoridades sobre su jefe. Para entonces, según el expediente penal de Atachahua, su grupo había usado una fortuna en dinero sucio para crear empresas ficticias y comprar millones en bienes raíces argentinos, incluidos estacionamientos, entre 2006 y 2020. El Comercio y los medios aliados también encontramos varias propiedades y terrenos relacionados con Atachahua y su familia en Perú.

Atachahua ha cumplido una condena en Perú por tráfico ilícito de drogas, mientras que tanto él como Guastini fueron investigados por las autoridades uruguayas por tráfico. Guastini alegó en declaraciones con las autoridades argentinas que Atachahua dirigía una organización internacional de tráfico de drogas de baja visibilidad que trabajaba con otras redes para transportar cocaína a Europa.

Mientras investigaban las supuestas actividades de lavado de dinero de Atachahua, los fiscales encontraron “incrementos económicos injustificados”, que dijeron estaban relacionados “con presuntas maniobras de lavado de activos provenientes del narcotráfico”. Los fiscales argentinos se negaron a comentar por qué Atachahua no ha sido acusado de delitos relacionados con las drogas o si podría serlo, porque “es un caso en curso”.

Los puntos clave de la historia
  • Carlos Sein Atachahua Espinoza, presunto lavador de dinero peruano, se encuentra en arresto domiciliario en Argentina a la espera de un juicio.


  • Durante 14 años, dicen las autoridades, lavó dinero en efectivo para un imperio de narcotráfico desde Argentina con grupos criminales de todo el mundo.


  • Las autoridades argentinas dicen que invirtió una fortuna en propiedades, terrenos, gasolineras y más.



  • Para lavar las ganancias de las drogas ilícitas, las autoridades creen que usó casas de dinero corruptas en Europa para enviar dinero en efectivo a Perú.

Mientras se define su futuro, monitoreado desde su casa en Argentina con una tobillera electrónica, periodistas de OCCRP, El Comercio, Infobae, Búsqueda, IrpiMedia y Convoca, han desentrañado la red de Atachahua. Utilizando documentos judiciales, entrevistas con autoridades en varios países sudamericanos, registros de inmigración, información sobre propiedades y empresas, los periodistas trazaron un mapa de sus operaciones y métodos, y descubrieron cómo logró evitar ser detectado.

La organización en la que estuvo involucrada Atachahua está acusada de lavar al menos $7 millones, pero las autoridades dijeron a la prensa en 2020 que la cifra podría ser mucho mayor. Guastini dijo a las autoridades que Atachahua se esforzaba por ocultar sus actividades ilícitas porque tenía la ambición de enderezar su vida.

Su plan era, con el tiempo, convertirse en un hombre de negocios honesto, dijo el contador argentino. “Él lo que quería era tener un paraguas limpio, legal, comercial, para que sus hijos vieran que iba a trabajar”.

Si eso alguna vez sucede, Guastini no podrá verlo.

En octubre de 2019, unos días después de hablar por tercera vez con las autoridades sobre Atachahua, el contador fue asesinado a tiros.

Una camioneta Toyota bloqueó el camino del Audi A4 de Guastini mientras conducía por un suburbio de Buenos Aires. Luego, un sicario en una motocicleta le disparó tres veces. “Me dieron, me dieron”, alcanzó a decirle a un conductor que lo ayudó a llegar a la acera. Guastini murió poco tiempo después en un hospital cercano

Auto en el que iba a bordo Diego Guastini el día de su asesinato.
Auto en el que iba a bordo Diego Guastini el día de su asesinato. / Foto: Infobae Argentina

Atachahua no ha sido acusado del asesinato de su contador, quien también tenía vínculos con otros grupos criminales. Hasta el momento, Atachahua ni siquiera enfrenta cargos por narcotráfico en Argentina. Las acusaciones contra Atachahua de la policía y de otras fuentes, así como la imputación oficial, no han sido probadas en los tribunales.

A través de su abogado, Atachahua se ha negado a contestar las preguntas enviadas por los periodistas.

Bajo el radar

Atachahua aprendió del peligroso pero lucrativo negocio de la droga desde muy pequeño gracias a su familia, que ha estado involucrada drogas los años sesenta, según los registros a los cuales accedió este diario.

Un legado familiar
Los Atachahua - Espinoza

El padre de Atachahua tenía procesos judiciales relacionados con el tráfico en Perú desde la década de los 60. Su madre, su hermana mayor y su cuñado también han sido condenados por su participación en el negocio de las drogas.


En la década de 1980, las autoridades peruanas detuvieron a la madre de Atachahua en una casa que contenía más de nueve kilogramos de pasta base de cocaína, y en 2001 su hermana mayor y otras personas fueron detenidas en Perú por posesión de drogas para su distribución y comercialización.


Su cuñado, Enrique Sósimo Ángeles Flores, fue capturado en Perú en 2003 y condenado a 10 años por narcotráfico. Según el contador de larga data de Atachahua, Ángeles Flores era un jugador central en la organización de Atachahua.

En 1999 tuvo su primer roce con la ley, cuando fue arrestado y luego condenado a nueve años de prisión en Perú por tráfico de drogas y falsificación de documentos, después de que encontraran cocaína en un automóvil en el que viajaba en plena Panamericana Sur. Fue liberado antes de tiempo por razones que aún no están claras, y entre principios y mediados de la década de 2000 llegó a Argentina.

Al establecerse en el exclusivo barrio de Caballito en Buenos Aires, su excontador de confianza dijo que Atachahua comenzó en ese país vendiendo drogas localmente, pero pronto amplió sus horizontes, llevando su mercancía ilegal, que se cree que procedía de Bolivia o Perú, a Europa a través de puntos de salida en Uruguay y Brasil.

La madre de Atachahua, Bladimira Espinoza, luego de ser arrestada en su casa, donde las autoridades encontraron 9 kilos de cocaína. Foto: Ministerio de Justicia del Perú
La madre de Atachahua, Bladimira Espinoza, luego de ser arrestada en su casa, donde las autoridades encontraron 9 kilos de cocaína. Foto: Ministerio de Justicia del Perú

Guastini explicó a las autoridades cómo su jefe se relacionó con colombianos, uruguayos, chilenos e italianos, todos con sus propias rutas de tráfico establecidas, en un esfuerzo por “corporativizar” su negocio y sacarlo de los barrios marginales.

Los registros migratorios aéreos y terrestres peruanos obtenidos por El Comercio respaldan este relato, mostrando que el ambicioso Atachahua ya estaba viajando a Brasil y Chile desde diciembre de 2002.

Guastini alegó que una vez que se obtenía la cocaína, se transportaba por tierra a través de Suramérica a través de vehículos privados y camiones comerciales que transportaban productos como bananas o artículos de aseo. Los paquetes, dijo Guastini, estaban metidos en compartimentos secretos en el chasis y asegurados en su lugar con espuma expansiva.

La “mercancía” comercializada por la organización con la que supuestamente está asociada Atachahua a menudo estaba marcada con un sol incaico, que evocaba sus orígenes indígenas, dijo Guastini.

La organización evitaba los puestos de control, incluso si eso significaba viajes más largos. A veces, una operación podía demorar 40 días, dijo Guastini a las autoridades, y los envíos recorrían rutas sinuosas a Brasil y otros lugares antes de ser enviados a Europa.

Guastini afirmó que, en 23 años de actividad, la organización de Atachahua “nunca habían tenido una sola pérdida”. Atachahua, alegó Guastini, a menudo seguía los envíos por el mundo, organizando reuniones para conocer a los compradores y comunicarse con los contactos del hampa. Los registros de inmigración de Argentina y Perú muestran que usó al menos ocho pasaportes o documentos de identidad nacionales en sus viajes por tierra y aire.

Los registros fronterizos de Argentina muestran que entre 2008 y 2020, Atachahua viajó hacia y fuera del país más de 200 veces, casi dos tercios del tiempo a Perú. También viajó 18 veces hacia y desde Canadá, donde vivía su hija. Los registros fronterizos peruanos muestran que realizó 290 viajes hacia y fuera del país entre 2002 y enero de 2020, incluidos varios viajes a Panamá y Chile.

Según las autoridades argentinas, después de que su hija cumpliera 18 años en 2012, comenzó a recibir donaciones ficticias de sus padres. Estas donaciones, creen las autoridades, fueron diseñadas para “quitar esa sombra” de sus propios activos, los cuales habían sido adquiridos con el producto del crimen. También hicieron donaciones a una escuela secundaria de alto nivel en la Columbia Británica.

Sin embargo, para alguien en el negocio de las drogas, el estilo de liderazgo de Atachahua y su enfoque paciente hacia los negocios eran inusualmente modestos, dicen los expertos. No estaba interesado en las pistolas de oro, las reuniones de celebridades o las lujosas haciendas con las que suelen alardear los narcos de Colombia y México.

“La mayor parte de narcotraficantes tienen ese punto débil, que siempre buscan exhibir sus ganancias, exhibir, porque esa es la finalidad de su negocio”, dijo el fiscal Eduardo Castañeda, de la Primera Fiscalía Supraprovincial Corporativa Especializada Contra la Criminalidad Organizada de Perú.

Por el contrario, dijo Castañeda, el enfoque de Atachahua fue “algo particular”. Fue un enfoque caracterizado por abundante cautela.

Él siempre decía que una persona tiene que conocer el 20 % de la operación, que si sabía más del 20 era riesgoso, incluso que hasta su mujer tenía que conocer el 20 % de la operación”, dijo Guastini a los fiscales.

Una máquina de lavar dinero

Una vez que la organización había descargado su cocaína en Europa y otros lugares, Atachahua necesitaba regresar las ganancias a Suramérica, alega la acusación.

A veces, enviaba efectivo a Perú y Argentina utilizando “mulas” que lo traían en su equipaje de mano en vuelos comerciales. Otras veces, utilizó casas de cambio en Italia.

Para ello, el contador Guastini dijo que recogía personalmente el dinero en efectivo en España antes de llevarlo al norte de Italia en un auto alquilado. Allí, dijo, le entregaba el dinero a Chavin Cash, una casa de cambio cerca de la estación de tren Milano Centrale dirigida por un peruano radicado en Milán llamado Héctor Valdivia Chávez.

Operativo realizado como parte de las diligencias para desarticular la red de corrupción en Argentina. Foto: Gendarmería Nacional Argentina
Operativo realizado como parte de las diligencias para desarticular la red de corrupción en Argentina. Foto: Gendarmería Nacional Argentina

Cuando los peruanos enviaban dinero, de manera legítima, desde Milán a sus familias, dijo Guastini, Valdivia agregaría dinero extra a la cantidad. Guastini, alega el expediente penal argentino, le daría a Valdivia un contacto en Lima que podría retirar las supuestas ganancias del narcotráfico. En otros momentos, las mulas llevaban el dinero en efectivo y lo cambiaban en casas de cambio peruanas.

Guastini dijo que Gomer Cortez Gálvez, propietario de una casa de cambio con sede en Perú llamada Mister Dólar, recibía el efectivo sospechoso que traían. En 2017, River Cortez fue multado por no aplicar procedimientos necesarios para detectar transacciones inusuales o sospechosas.

Contactado por teléfono, negó conocer a Atachahua o Guastini. “Acá llega todo tipo de personas con dinero a cambiar, a querer cambiar dólares”, dijo.

Valdivia no respondió a una solicitud de comentarios.

Al consultar expertos antimafia y antilavado de dinero en Uruguay y Perú para esta historia, uno dijo que para que esas estafas funcionen, las casas de cambio tendrían que ser cómplices. Otro sugirió que para que el dinero se retirara en el extremo receptor, esto podría haber implicado darle al receptor un porcentaje del efectivo recién lavado.

Las casas de cambio
El conducto peruano

Chavin Cash parece ser parte de una red de casas de cambio en Italia, dirigida por peruanos de tres familias. Los periodistas encontraron que la casa de cambio todavía está abierta.


Valdivia Chávez administra su negocio de transferencias a través de Servizi Internazionali Chavin, una empresa fundada en 1999 que tiene con sus dos hermanos. Mientras que el dinero de Atachahua supuestamente transitaba por Chavin Cash, registros empresariales italianos muestran que los tres hermanos controlaban una segunda compañía: Chavin Cash Italia, que abrió en 2002 y cerró en 2016.


Cuando los periodistas visitaron la dirección en Milán de esta última empresa, encontraron otro apellido peruano: Caballero Contrera. Este nombre está relacionado con Valdivia Chávez a través de otra casa de cambio, con sede en Florencia. Hoy esta empresa está dirigida por una tercera familia asociada de Perú, los Almirante Cáceres.


No muy lejos de la estación de tren Santa Maria Novella de Florencia, en un área donde vive una gran población peruana, los periodistas de IrpiMedia visitaron esta casa de cambio.

Las rutas terrestres supuestamente utilizadas por la organización para el tráfico de drogas a menudo se usaban para mover dinero en efectivo desde Perú a otros países, según el testimonio de Guastini.

El dinero que llegó a Argentina fue presuntamente lavado utilizando cuatro compañías creadas por la organización, con testaferros, incluida, según cree la fiscalía, la esposa de Atachahua, Maribel del Águila Fonseca, así como su hija, y luego comprando garajes y bienes raíces.

Guastini señaló que con gran parte del efectivo compraron monedas de oro al Banco Piano de Argentina sin facturar, que luego fueron ocultadas en las tuberías de un apartamento donde Atachahua había llevado a vivir a una pareja de ancianos, para darle a este búnker dorado la apariencia de un hogar ordinario. Sin embargo, cuando las autoridades argentinas allanaron el lugar, no encontraron rastros de estas monedas.

En otros lugares, la familia parece haber canalizado dinero a la industria del gas.

En la región de San Martín, los Atachahua constituyeron una empresa de venta de combustible llamada Inversiones NCN S.A.C., con sucursales en las provincias de Rioja, Moyobamba y Mariscal Cáceres. La gerente general de la empresa es Neddy Atachahua Espinoza, hermana de Atachahua.

Uno de los grifos de la familia Atachahua en Juanjuí, Mariscal Cáceres (San Martín). Foto: Hugo Anteparra/Convoca.pe
Uno de los grifos de la familia Atachahua en Juanjuí, Mariscal Cáceres (San Martín). Foto: Hugo Anteparra/Convoca.pe

La estación, flanqueada por camiones de carga, no tiene ninguna dirección y sólo se puede encontrar preguntando a los lugareños por direcciones. Los trabajadores dijeron a los periodistas que las operaciones diarias estaban a cargo de administradores externos y que la hermana de Atachahua rara vez los visitaba.

Se prenden las alarmas

El negocio de movimiento de dinero de Atachahua no estuvo exento de percances.

En 2007, dos correos humanos de Atachahua fueron detenidas en el aeropuerto de Barcelona cuando transportaban 400.000 euros no declarados, según las autoridades españolas. Las autoridades incautaron la gran mayoría del dinero.

En junio de 2012, Atachuaha y Guastini viajaron a la ciudad de Ámsterdam vía Francia para reunirse con personas que el contador argentino describió en su declaración a la fiscalía como “los calabreses”, presuntamente la mafia ‘Ndrangheta, con sede en la región de Calabria, en el sur de Italia. Los registros de inmigración respaldan la afirmación de Guastini y muestran que Atachahua viajó de Argentina a Francia el 20 de junio y volvió al país desde Holanda el 29 de junio.

Unos meses después, en noviembre de 2012, la policía uruguaya lanzó una operación contra la banda de Atachahua a raíz de una denuncia anónima. El informante sospechaba ventas de drogas debido a movimientos sospechosos de personas y vehículos, incluido un automóvil con placas argentinas. Las autoridades investigaron e hicieron arrestos que daban una pista sobre los vínculos globales del grupo.

Uno de los detenidos era Francesco Pisano, un italiano que trabajaba como traficante para la ‘Ndrangheta. También fueron detenidos dos argentinos y dos uruguayos, y se incautaron más de 276 kilos de cocaína y más de 47 kilos de pasta base.

La mafia italiana
La ficha de la 'Ndrangheta en Uruguay

En 2014 acusaron en Italia a Francesco Pisano de traficar drogas para el clan Pesce de la 'Ndrangheta, conocido por controlar el mayor puerto de contenedores de Italia, Gioia Tauro.


Señalaron que era el enlace entre el cuartel general italiano del grupo y los miembros en América Latina. Los fiscales italianos lograron intervenir el celular de Pisano cuando estaba en la cárcel en Uruguay, tras ser detenido en la operación contra el grupo de Atachahua.


En la prisión no solo tenía un teléfono BlackBerry y seguía organizando cargamentos de droga para los Pesce, sino que también estaba en contacto con nuevos proveedores colombianos y brasileños.


Giuseppe Tirintino, un testigo de la fiscalía, señaló que en 2012 estaba trabajando para la 'Ndrangheta en Argentina y colaborando con Pisano para traficar cocaína hacia Gioia Tauro.


Tirintino dijo que estaban organizando un envío de 180 kilos desde Uruguay, pero Pisano fue detenido y sus proveedores – se sospecha el grupo Atachahua- se desvanecieron porque se habían fugado.


El primero de octubre de 2015, un tribunal de Calabria en el sur de Italia, revocó una orden de prisión preventiva contra Pisano, vigente desde noviembre de 2013. Días después, Italia le informó a Uruguay que retiraba la solicitud de extradición contra Pisano, así como la orden de búsqueda internacional.


Pisano salió libre de prisión y los registros migratorios indican que partió de Uruguay a España. Se desconoce su paradero.


Atachahua y Guastini se dieron a la fuga, pero sus encuentros con los detenidos quedaron grabados en video. También lo fue su salida: a la 1:13 a. m. del 24 de noviembre de 2012, justo antes de que llegara la policía, se grabó al Renault Megane de Atachahua cruzando el puente de Fray Bentos que une a los dos países.

Según las autoridades uruguayas, Pisano había llegado a un acuerdo con un traficante uruguayo que habría llevado las drogas a Calabria, en el sur de Italia, desde el puerto de la capital uruguaya, Montevideo.

De manera crucial para Atachahua, con sede en Buenos Aires, la policía uruguaya no compartió información sobre él y Guastini con sus colegas argentinos. Una fuente policial uruguaya cercana al caso dijo que “no confiaban” en la policía federal argentina en ese momento porque “porque varios pedidos no fueron realizados en esa operación”.

Notificación de Interpol para el italiano Francesco Pisano. Foto: Búsqueda - Uruguay
Notificación de Interpol para el italiano Francesco Pisano. Foto: Búsqueda - Uruguay

Según Guastini, también lograron intimidar a un testigo para que no compareciera en una audiencia clave, lo que interrumpió aún más la investigación. Después de un cambio de fiscales, dijo Guastini, el caso contra él y Atachahua se “paralizó”.

Atachahua no sería rastreado durante años.

La caída de Atachahua

Tras esa señal de alarma, Atachahua parecía aún más determinado a ocultar sus ganancias. En 2013, él y su esposa le donaron acciones de sus empresas a su hija, una transacción ahora investigada en Argentina.

En 2016, la joven se instaló en Canadá y dos años después se comprometió con un ciudadano canadiense. Mientras tanto, Guastini se estaba embarcando en una nueva alianza: a partir de 2018, el contador empezó brindar información sobre las operaciones de Atachahua a las autoridades argentinas.

A lo largo de los siguientes meses, las autoridades conocieron cada vez más detalles de las operaciones de Atachahua. El líder respondió haciendo ajustes de seguridad.

Según un fiscal argentino, en los meses previos a su detención en 2020, Atachahua se preparaba para enviar un cargamento de droga importante a España. Sabía que lo seguían, pero se las arregló para ir un paso adelante. Cada vez que llegaba a Argentina por el aeropuerto de Ezeiza de Buenos Aires, daba vueltas en las instalaciones por al menos una hora para perder a los agentes. “Siempre lo conseguía”, señaló una fuente cercana al caso.

Ascenso y caída del peruano Carlos Atachahua, líder de una red criminal global
Secuencia de hechos
Ascenso y caída del peruano Carlos Atachahua, líder de una red criminal global
1
1999

Carlos Atachahua es arrestado y condenado por nueve años de prisión en Perú por tráfico de drogas y falsificación de documentos, pero juez le otorga libertad condicional en 2002.

2
2003

Atachahua se instala en Argentina y se convierte en uno los proveedores de droga peruana en las villas alejadas de Buenos Aires.

3
2007

Dos correos humanos de Atachahua son detenidos en el aeropuerto de Barcelona cuando intentaban sacar de España 400 mil euros no declarados y escondidos entre sus pertenencias.

4
2008-2020

Carlos Atachahua sale e ingresa a Argentina más de 200 veces durante ese periodo. Los principales destino son Canadá, Panamá y Perú.

5
Junio, 2012

Carlos Atachahua viaja con su socio Diego Guastini, a Ámsterdam para reunirse, según el propio testimonio de Guastini, con "los calabreses", presuntos miembros de la mafia italiana. 

6
Noviembre, 2012

Las autoridades uruguayas realizan una operación contra la organización liderada por el peruano Carlos Atachahua. Esto, luego de una denuncia anónima que informaba sobre la intención del traslado de droga proveniente de Argentina. Atachahua y su contador Diego Guastini cruzaron la frontera de retorno a Argentina sin ser detenidos.

7
2013

El presunto narcotraficante otorga acciones de sus empresas a su hija, una operación que es investigada actualmente por la justicia argentina.

8
1 de octubre, 2018

El contador de Carlos Atachahua, Diego Guastini, se ve obligado a acogerse a un acuerdo de colaboración secreta con el Ministerio Público Fiscal de Argentina para hablar sobre las organizaciones criminales a las cuales apoyó. Las actividades de lavado y narcotráfico de Atachahua son relatadas al detalle por el contador argentino

9
18 de octubre, 2019

Se amplía el acuerdo de colaboración por parte de Diego Guastini respecto de las operaciones financieras mencionadas en su primera declaración.

10
28 de octubre, 2019
28 de octubre, 2019

El exsocio de Atachahua, Diego Guastini, es asesinado mientras se encontraba a bordo de un automóvil, en las calles de Quilmes, Buenos Aires.

11
Octubre, 2020

La Gendarmería Nacional de Argentina procede a una serie de allanamientos en propiedades vinculadas al investigado Atachahua y allana varias propiedades y estacionamientos en el centro de Buenos Aires. Las autoridades lo investigan por lavado de dinero y la prensa argentina se pregunta sobre el peruano Carlos Atachahua.

Por varios años Atachahua se mantuvo por fuera del radar, a pesar de que hay fuentes que afirman que información sobre sus operaciones se transmitieron a la DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos.

Pero finalmente, su suerte se acabó. Lo detuvieron en octubre de 2020, en una redada en la que participaron 400 gendarmes argentinos, que ocuparon 25 domicilios y negocios.

Al mes, como parte de la acusación contra los miembros de la organización – incluyendo a Atachahua - un juez impuso un embargo sobre más de 30.000 millones de pesos argentinos en activos, unos 150 millones de dólares.

Justo antes de la captura de Atachahua, su esposa Maribel -en ese momento prófuga y con orden de captura internacional- logró viajar a Perú. Volvió a Argentina en octubre de 2021 y afirmó que salió a visitar a sus padres enfermos.

Fuentes italianas indicaron que no han investigado ni a Atachahua, ni a Guastini, ni a Valdivia, el peruano que controla la casa de cambio en Milán. En España, donde Atachahua supuestamente realizaba parte de sus negocios, tampoco hay indagaciones sobre su caso, indicaron fuentes policiales. Las autoridades peruanas, por su parte, señalaron que no tienen información sobre Valdivia o las transacciones que Guastini supuestamente realizó para Atachahua.

De hecho, ni siquiera existen antecedentes penales de Atachahua en Perú. Castañeda, el fiscal peruano, explicó que la ley peruana permite borrar de los registros a las personas que ya han cumplido una condena, para que se puedan reinsertar en la sociedad.

La hija de Atachahua fue interrogada cuando viajó a Argentina en 2020. No le impusieron restricciones a su libertad, pero le prohibieron salir del país. En su declaración, la esposa de Atachahua manifestó que era la primera vez que estaba “vinculada a un expediente judicial”.

El grupo “no era una banda ni una asociación ilícita”, dijo. “Somos una familia”.

Autores: Miguel Gutiérrez (Unidad de Investigación de El Comercio), Iván Ruiz (Infobae), Guillermo Draper (Búsqueda), Cecilia Anesi (IrpiMedia), Milagros Salazar (Convoca), Gonzalo Torrico (Convoca), Daniela Castro (OCCRP), Nathan Jaccard (OCCRP), y Romina Colman (OCCRP)