En una era cada vez más digital, muchos padres se enfrentan a una preocupación silenciosa: ver cómo sus hijos pasan horas frente a una pantalla, dejando de lado actividades familiares, sociales y escolares.
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Esta situación les genera desde frustración por no lograr resolver el problema, hasta culpa por no saber si establecieron límites adecuados.
“Lo que muchas veces empieza como una forma de entretenimiento o socialización virtual puede convertirse en un problema se salud mental, sobre todo cuando el niño descuida el sueño, la escuela o su alimentación”, explica la Dra. María Elena Escuza, directora del Programa Académico de Psicología de la Universidad Norbert Wiener.
“La detección temprana puede frenar el círculo vicioso y ayudar a reconducir la situación hacia un uso saludable de la tecnología”, añade.
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Con motivo del Día Internacional del Videojuego, que se celebra este viernes 29 de agosto, la especialista comparte las principales señales de alarma que los padres y cuidadores deben vigilar:
Alteraciones del sueño
Conectarse hasta altas horas de la noche, acostarse tarde o tener serias dificultades para levantarse al día siguiente.
Trastornos alimentarios
Comer de forma acelerada, descuidada o incluso saltarse las comidas para seguir jugando.
Descuido de la higiene personal
Necesidad constante de que los padres recuerden rutinas básicas como ducharse, lavarse los dientes o cambiarse de ropa.
Impacto académico y social
Bajo rendimiento, absentismo, malas calificaciones, sanciones escolares que antes no se presentaban o aislamiento de sus compañeros.
Cambios emocionales y conductuales
Irritabilidad, tristeza, apatía y desinterés por actividades que antes disfrutaba. En algunos casos, se observa ansiedad o síntomas depresivos vinculados al exceso de tiempo frente a la pantalla.
La Dra. Escuza señala que la prevención comienza en casa y propone cinco claves fundamentales:
“Si los padres detectan varias de estas señales de alarma de forma persistente, es recomendable solicitar asesoramiento en el centro educativo, en atención primaria de salud o en centros especializados en adicciones comportamentales”, indica la especialista.
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