Redacción EC

Los medios digitales avanzan a pasos agigantados, pero a la industria del entretenimiento le está costando más trabajo acoplarse a los nuevos tiempos. Desde la llegada de Internet la televisión y las películas no han sido las mismas.

Hace un par de décadas todo el mecanismo de creación, distribución y venta estaba en manos de las empresas que financiaban series y cineastas. Para ver nuestros programas favoritos había que esperar a que fueran transmitidos en televisión. Para ver un filme que dejaba la cartelera era necesario adquirir un video cassette, un DVD o un Blu-ray.

La red cambió todo eso y desde entonces parece existir una tensión permanente entre empresas, tecnología y consumidores. A medida que la velocidad de Internet avanza y más fácil se hace transmitir video en línea, los discos digitales -llámense DVD o Blu-ray- pierden más relevancia.

Ver o rentar películas en línea comienza a ser la norma en los países donde el es confiable. Productos como , LoveFilm (Amazon Video en EE.UU.), , o el BBC iPlayer están aprovechando el momento para atraer más suscriptores y capturar nuevas audiencias.

Sin embargo, por lo general y con contadas excepciones, el material que está disponible no es muy reciente. En promedio las películas o series de televisión aparecen en Netflix o Amazon Video tras un año de haber salido en las pantallas chicas o grandes.

En o el iPlayer el tiempo de espera es menor, pero ambos productos están restringidos a un mercado específico: EE.UU. para el primero, el Reino Unido para el segundo.

Pero ¿qué pasa con un episodio de una serie de televisión que fue transmido ayer en otro país? ¿Cómo podemos verlo? ¿Qué ocurre con una película que ya salió de cartelera pero que aún no está a la venta?

La respuesta más sencilla es la llamada . Existen inumerables maneras de acceder a ese contenido a través de sitios web o descargando , esos archivos que se construyen tomando partes de la colección de diferentes usuarios. No es legal, pero ocurre con frecuencia.

, y fueron los shows de televisión más 'pirateados' el año pasado. La mayoría de esas descargas provinieron de países fuera de Estados Unidos que no reciben la transmisión del episodio el mismo día o con algunas horas de diferencia. Los fans, enganchados a la trama, no quieren esperar a que un canal de televisión local o por cable transmita los episodios. Nadie quiere enterarse de lo que ocurrió al leer comentarios que la gente escribe en Facebook o Twitter.

Las redes sociales están convirtiendo al mundo en un escenario global, pero la industria del entretenimiento sigue segmentándolo en regiones.

Por supuesto, los canales de televisión que producen programas ganan dinero vendiéndolos a otras estaciones televisivas alrededor del mundo. Eso les da dinero para seguir financiando sus creaciones. El problema es que los compradores parecieran estar ajenos a la dinámica del mercado y transmiten los episodios días o semanas después de su transmisión original.

La salida natural a la ecuación pareciera ser , logrando que las televisoras compradoras desarrollen sistemas de video bajo demanda en los que se ponga el episodio el mismo día que salga en su territorio original, independientemente de su fecha de transmisión en televisión. Una plataforma no mata a la otra.

¿Cuántas películas han visto en televisión a pesar de tenerlas en DVD? ¿Cuántas veces han visto el mismo episodio de series como Friends o Los Soprano?

El mundo del cine también necesita adaptarse al cambio. Las películas de reciente estreno (4 meses atrás) están comenzando a aparecer en tiendas digitales (Sony, Google Play, iTunes, Amazon, etc.) como descargas digitales para comprar o rentar.

El problema es que dichas descargas no son baratas y llegan con semanas de retraso, alimentando las descargas que no son legales.

Para evitar su muerte algunas productoras ofrecen a quien compre el filme en disco, un código ultravioleta para poder ver la película comprada a través de Internet siempre y cuando se tenga la app o el sistema adecuado. Pero otros han visto una oportunidad de negocio en dichos códigos y los venden por Internet a una tercera parte de lo que les costó el DVD.

¿No podrían las productoras ofrecer dichos códigos al público en general por menos dinero que el DVD? Los discos, como los LP, podrían convertirse en objetos de colección y el dinero vendría entonces de las descargas legales digitales.

Los datos de las películas muestran que esta actividad ocurre más en el periodo entre que una película deja los cines y llega en formato digital. Ningún número indica que la actividad ilegal esté afectando los ingresos en taquillas, pero podría afectar la venta de DVD.

El remedio parece estar a la vista. Quizá sea la hora de dejar de ver a Internet como un enemigo y asumirlo como un aliado.