Cuadro La operación (1753) de Gaspare Traversi.
Cuadro La operación (1753) de Gaspare Traversi.
Yerson Collave García

Periodista de Ciencia y Salud

yersoncollave@gmail.com

Cada mañana, un equipo encabezado por un médico recorre las salas de un hospital y evalúa el progreso de los pacientes. Nada fuera de lo común si pensamos en lo que sucede en los centros de salud actuales. Pero esta hipotética escena ocurre en el Hospital de Santa Ana, el primer hospital de Lima, fundado en 1549, durante el

Ese fue el primero de cuatro hospitales mayores creados por las autoridades debido al incremento de la población, pues Lima pasó de tener 14 vecinos en 1535 a más de 14 mil personas en solo 50 años.




Con este hospital surgió una amplia red de hospitales menores y mayores que se extendió por todo el virreinato, según relata Miguel Rabí, autor de

En esos centros de salud, laboraban diversos profesionales de la salud, el más importante de ellos era el médico, que debía tener una formación integral en la Real Universidad (hoy Universidad de San Marcos).

Cuadro "La visita al hospital" de Luis Jiménez Aranda. 1889.
Cuadro "La visita al hospital" de Luis Jiménez Aranda. 1889.

El médico encabezaba al grupo de cinco personas y cada día, durante su recorrido por las 60 camas del hospital, revisaba una tablilla y leía la información sobre el paciente, algo similar a las historias médicas actuales.

“Cada uno de ellos cumplía una función específica: el enfermero mayor era el responsable de la sala; el ayudante realizaba las indicaciones dictadas por el médico sobre medicamentos, dieta, auxilios magnos, aplicaciones, clísteres y demás consignados en el libro diario, bajo control del enfermero mayor; el boticario era responsable de elaborar las formulaciones de uso interno o externo prescritas para cada caso, y el ayudante de botica portaba el ‘cajón’ con los medicamentos más el libro registro, donde se anotaba las prescripciones señaladas a cada paciente”, explica Rabí.

Hospital de Convalecencia de San Diego, para hombres, fundado en 1593. Se ubicaba en lo que hoy es la Plaza San Martín. (Foto: Archivo FAUA)
Hospital de Convalecencia de San Diego, para hombres, fundado en 1593. Se ubicaba en lo que hoy es la Plaza San Martín. (Foto: Archivo FAUA)

Este equipo hacía dos rondas por día, una en la mañana y otra en la tarde. “El cirujano muchas veces formaba parte del grupo, para recibir las indicaciones del médico, dado que su labor era considerada de segundo nivel y no se equiparaba con la del médico”.

Estos galenos debían tratar enfermos de viruela, gripe, sarampión, garrotillo, fiebres recurrentes, tifus, sífilis, además tuberculosis, malaria o paludismo, disenterías, uta, treponematosis, verrugas, etc. Todos estos males elevaron la mortalidad entre la población indígena, principalmente.

Los médicos procedían según las Constituciones de los Hospitales, que eran protocolos establecidos para cada centro de salud. En Lima había cuatro hospitales mayores en el siglo XVI.

Los médicos examinaban el cuerpo del paciente, observaban sus deposiciones y orina, e incluso pedían que se les extraiga sangre para poder determinar, según la textura y color de esta, si los medicamentos estaban haciendo efecto.

Además, podían tener traductores para poder comunicarse con el enfermo en su propia lengua, “para la mejor comprensión de sus males, de sus necesidades, preocupaciones e inquietudes”.

Tras conversar con el paciente y revisar su historia clínica, los galenos procedían a indicar medicamentos de uso interno, como jarabes, tomas, soluciones, trociscos, etc., y de aplicación externa, tales como ventosas, frotaciones, ungüentos, supositorios, emplastos, etc.

Los ayudantes registraban las nuevas indicaciones en las tablillas y en el libro diario del hospital y la preparación de las medicinas se anotaban en el registro del boticario.

El médico también indicaba la dieta que debía tener cada paciente de acuerdo a sus necesidades, que "por lo general eran caldo de pollo o de gallina". Estas indicaciones debían ser cumplidas por el enfermero mayor.

De ser necesario, el médico ordenaba al cirujano realizar intervenciones (curaciones) en el cuerpo del paciente de acuerdo al “arte quirúrgico”.

El médico daba todas estas indicaciones en latín que eran parte de su cátedra en la Real Universidad, pues la mayoría de ellos formaba a los nuevos médicos.

No existía la distinción entre medicina interna y externa. Los pacientes solo eran separados en “dolencias contagiosas (viruela, sarampión, tuberculosis, gripe, etc.) y cada una contaba con uno, dos o más enfermeros ayudantes; en tanto que, los enfermos purgados eran ubicados en aposento alejado de las salas, por razón de su propio estado. Igualmente, era completamente aislado el sector de los desahuciados, de modo que los demás enfermos no se enteraban de los decesos producidos”.

►La formación de los médicos en el Virreinato

Para ser médico era necesario tener un "certificado de pureza de sangre", es decir, ser hijos legítimos de españoles, con lo cual se buscaba eliminar a árabes y judíos de la práctica médica, explica Abraham Zavala Batlle, autor del libro 

Facultad de Medicina de San Fernando, ubicado en la avenida Grau. (Foto: UNMSM)
Facultad de Medicina de San Fernando, ubicado en la avenida Grau. (Foto: UNMSM)

Sin embargo, "el cumplimiento estricto de la ley de pureza de sangre hizo en determinado momento disminuir el número de cirujanos latinos en Lima de manera inconveniente, por lo que la ley fue progresivamente cediendo a la necesidad".

De acuerdo al investigador, el gremio de médicos era el más distinguido de la Colonia y estaba conformado por médicos europeos y por aquellos criollos que habían recibido la licencia del Tribunal del Protomedicato, máxima entidad de la salud en esa época.

“El arte curativo del médico estaba considerado como un don o privilegio divino, como fruto de la herencia histórica grecolatina y cristiana, apoyada en los textos de Hipócrates, Galeno, Avicena, Fragoso, Montaña, Vilanova, Avila, etc.”, afirma Rabí.

Los médicos se instruían en la Real Universidad de Lima (San Marcos) y debían obtener los grados de doctor y bachiller tras estudiar humanidades y latín.

Las profesiones médicas eran las siguientes: físico o doctor en medicina, cirujano latino, cirujano romancista, flebotomista, boticario o farmacéutico.

Su preparación práctica era llevada a cabo en las "Escuelas Prácticas de Medicina y Cirugía, que se desarrollaron en los Hospitales de Lima, desde mediados del S. XVI hasta inicios del S. XIX, por acción de los mismos Catedráticos de la Real Universidad", explica Zavala.

Estas escuelas funcionaron entre 1551 hasta 1808, cuando Hipólito Unanue, protomédico general del Perú, fundó el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando, antecedente histórico de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Marcos.

Cayetano Heredia fue el último protomedicato. También el fundador y primer decano de la Facultad de Medicina de San Fernando.
Cayetano Heredia fue el último protomedicato. También el fundador y primer decano de la Facultad de Medicina de San Fernando.

►La división de los hospitales

En la Colonia habían hospitales para "indios", criollos, esclavos y mujeres. Surgieron “sobre todo para hacer frente a las numerosas enfermedades que periódicamente afectaban la costa y sierra del Perú. Los gérmenes patógenos procedentes del Viejo Mundo fueron transmitidos en el intenso tráfico de personas, animales, bienes, mercancías, naves, etc, generando grandes problemas sanitarios en un medio nuevo carente de resistencia”, reseña Rabí.

La Casa Enfermería, el primer hospital de Lima, se estableció en 1538, y luego comenzaron a formarse los hospitales mayores. La capital llegó a tener cuatro en el siglo XVI: Santa Ana de los Naturales, San Andrés, Santa María de la Caridad y Espíritu Santo, y ya en el siglo XVII el San Bartolomé para la gente de "raza negra".

El Hospital La Caridad se ubicaba en la actual plaza Bolivar. (Foto: Archivo FAUA)
El Hospital La Caridad se ubicaba en la actual plaza Bolivar. (Foto: Archivo FAUA)

Allí se atendía la mayoría de personas por dolencias, enfermedades o accidentes y “tenían médico y cirujano permanente, así como los auxiliares y ayudantes necesarios; disponían de aposentos diferenciados para los enfermos contagiosos (aislados) y para los desahuciados”.

Además, contaban con botica, panadería, cocinas, lavanderías e incluso “campos de cultivo de plantas medicinales, se criaban de aves y había depósito de alimentos.

Luego estaban los hospitales menores, donde se atendía a personas con lepra (San Lázaro) y mujeres con cáncer terminal, quienes eran atendidas en Las Camilas o la Buena Muerte. Dentro de esta clasificación se encontraban los lugares donde eran recibidas las mujeres abandonadas o en estado de riesgo, huérfanos.

El Refugio de Incurables, después llamado de Santo Toribio de Mogrovejo, iniciado en 1669 y dedicado a crónicos, incurables y terminales, junto con las Convalecencias de indígenas y comunes, se incorpora a esta clasificación de Hospitales Menores”.

Por otro lado, cada iglesia contaba con enfermería dentro de sus claustros, "para la asistencia, cuidado y recuperación de la salud de sus miembros, al igual que los Monasterios de religiosas de clausura, con asistencia de médicos y cirujanos contratados por periodos anuales".

De este modo, la atención en salud durante el Virreinato fue organizada de acuerdo a las necesidades de la época y luego, con la llegada de los avances en la ciencia médica, sirvió de cimiento para el desarrollo del sistema de salud actual del país. 

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