Por Carlos Batalla

La Sociedad de Beneficencia de Lima, creada en 1834, cumplía una misión social y humanitaria muy elogiable en esos primeros años del siglo XX. Para 1913, en medio de huelgas y marchas en el Callao y Lima, los peruanos tenían un serio compromiso con la niñez desamparada del país. Los retos en el cuidado alimenticio de los niños y niñas de la capital eran varios y se convirtieron en una tarea ardua, constante y necesaria de hacer. Como aún hoy, esa Lima era terriblemente desigual e injusta, especialmente con los menores de edad.

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