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"Leer produce Alzheimer", un síntoma de la incultura científica del país

“El síndrome de Alzheimer se da en aquellas personas que estudiaron mucho y que leyeron mucho. Y uno de ellos son los profesores”, dijo el congresista de Fuerza Popular, Bienvenido Ramírez, el lunes pasado. A muchos —me incluyo—, estas expresiones les resultaron graciosas, pero debería preocuparnos. El nivel de cultura científica de varios legisladores deja mucho que desear.

De acuerdo con las definiciones de “cultura” y “ciencia“, podemos decir que la cultura científica es el “conjunto de conocimientos no especializados de las diversas ramas del saber científico (física, química, medicina, biología, etc.) que permiten desarrollar un juicio crítico sobre las mismas y que, idealmente, poseería cualquier persona educada”.

Esto no quiere decir que seamos unos sabelotodo. Simplemente, debemos ser capaces de analizar cualquier tipo de afirmación, así esta haya sido manifestada por un experto o un reconocido personaje. La duda y el sano escepticismo siempre debe prevalecer. Si alguien dice algo que nos suene ilógico o extraño, debemos exigir las evidencias que sustenten tal afirmación.

No necesariamente una persona bien instruida, por ejemplo, con estudios de posgrado, posee una buena cultura científica. Un claro ejemplo se da en el caso de los médicos que defienden la homeopatía o el biomagnetismo para el tratamiento de diversas enfermedades. Ellos ignoran —sin intención o adrede— muchos principios químicos y físicos básicos que tiran por la borda su supuesta forma de funcionamiento: la “memoria del agua” o el “efecto del magnetismo sobre el pH del cuerpo”.

Lo del congresista Ramirez es algo más grave dado que es médico de profesión. No necesariamente es neurólogo, pero al menos debe conocer las causas básicas que producen el Alzheimer.

Según el congresista, sus afirmaciones se basan en “un libro español de medicina interna” [no indica cuál], que a la letra dice: “su incidencia y prevalencia [del Alzheimer] se incrementa, casi exponencialmente, con el envejecimiento, desde los 40 años hasta los 90 años”. Además aclara que la enfermedad se da por diversos factores (es multicausal). Esta primera cita bibliográfica —que usó en su defensa— no dice nada sobre la relación entre la lectura o el estudio con el Alzheimer.

Sin embargo, luego pone como ejemplo el caso del expresidente de los EEUU, Ronald Reagan. Según Ramirez, al ser “un hombre que había leído mucho en su vida le termina dando Alzheimer cuando el era Presidente de la República”. Al sustentar una hipótesis en casos particulares cometes una generalización apresurada (un tipo de falacia) y estás cayendo en un sesgo de confirmación.

Otro de los sustentos científicos que usa se basa en un artículo de “la ‘Journal Medicine’” [no existe esa revista, aunque tal vez se trate de la NEJM o la AJM], que dice que “la falta de sueño es uno de los factores predisponentes [sic] importantes para que, a posteriori, padecer dicha enfermedad”. Hasta aquí tampoco se ve la relación entre la lectura o el estudio con el Alzheimer. Sin embargo, Ramírez va más allá y comenta que la gente que más estudia duerme poco, por lo tanto, ahí está la relación. Qué tontos somos, ¿cómo no lo pudimos ver?

Si un médico como el congresista Ramírez, con toda su formación, cae en falacias y sesgos cognitivos, una persona común también lo hará, ya que esto no depende del grado de instrucción, sino de cuánto conoce alguien sobre diversos temas. Es decir, cuánta cultura científica tiene.

Uno de los problemas de la falta de cultura científica en el país es la poca importancia que se le da a la ciencia en los medios de comunicación. Todos tienen un espacio dedicado al horóscopo, pero uno que otro dedicado a los temas científicos. Esto también se debe a la falta de comunicadores científicos en el Perú. Y pensar que nuestro país pudo haber sido la cuna del periodismo científico a través de Óscar Miró Quesada de la Guerra (RACSO), a quien el mismo Albert Einstein lo felicitó por su labor de transmitir la complejidad del avance científico al público general.

Carta

“Me he quedado verdaderamente sorprendido de que un diario ofrezca a sus lectores una exposición tan detallada y precisa de un tema científico” A. Einstein (1939).

¿Cómo podemos cambiar este panorama?

En primer lugar, enseñando técnicas de redacción a los científicos. En ninguna universidad que imparte carreras de ciencias he visto que cuente con un curso de divulgación científica o comunicación de la ciencia dentro de su malla curricular. Hay cursos de redacción científica, pero eso sirve para escribir artículos científicos no artículos de divulgación.

Si un científico no sabe cómo explicar su trabajo en términos sencillos, no se puede quejar de que la gente no le dé importancia a la ciencia. Los científicos tienen la obligación moral de difundir sus conocimientos y descubrimientos a la sociedad, más aún si el dinero que financia sus investigaciones proviene de nuestros impuestos. De esta manera, podemos acercar la ciencia a las políticas públicas y la toma de decisiones.

En segundo lugar, los periodistas que cubren temas científicos (un claro ejemplo es el evento climático del “Niño costero”) deben acercarse a los expertos en el tema, y viceversa. No emitir opiniones apresuradas sobre temas que no conocen o preguntar a sujetos mediáticos (como presentadores del clima) sobre temas para los cuales si hay expertos en el país.

Dentro del periodismo tenemos tres grandes géneros: el informativo, el interpretativo o de investigación y el de opinión. El primero es el más común y el que vemos siempre en las web de los principales diarios. Solo se limita al qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué. Sin embargo, los temas científicos requieren mucho más que eso. El contexto es muy importante así como su incidencia en nuestra vida cotidiana. Por ello, debe ser abordado dentro del género interpretativo o de investigación, y así explicar al lector la importancia de un descubrimiento o avance científico y ponerlo en su verdadera magnitud, sin caer en la exageración o el sensacionalismo.

Ya nos cansamos de leer que cada día se descubre la cura para cáncer, hasta el punto que la gente cree que las empresas farmacéuticas evitan su comercialización porque les arruinaría el negocio. Sin embargo, lo que ocurre en la realidad es que los investigadores sólo han logrado entender un poco esta compleja enfermedad para así desarrollar tratamientos más efectivos. Abordar mal los temas científicos nos crean falsas esperanzas, miedo y alimentan las teorías conspiratorias.

Si queremos mejorar como sociedad, debemos impulsar la cultura científica desde el colegio y reforzarlo en los institutos y universidades. Fomentar el pensamiento crítico desde niños. Así seremos menos propensos a ser engañados por cualquier charlatán (o político).

Nota: Hace siete años escribí un artículo sobre el periodismo científico en el país que creo aún sigue vigente.

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