Mafe Lovatón Espinel

Como si estuviera en el patio de su casa, . Conoce cada rincón del recinto, sabe dónde está cada elemento y camina con confianza como si fuera la dueña del lugar. Quién puede culparla cuando pasa siete horas diarias ahí de lunes a sábado con un solo sueño por delante: representar al Perú en unos Juegos Olímpicos.

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Desde que era muy pequeña Galilea era una niña muy inquieta a la que le gustaba subirse y trepar todo, como ella misma lo cuenta. Por esa razón y en búsqueda de una actividad donde pudiera dejar toda esa energía, llega a la gimnasia por la recomendación de una amiga de sus padres. Cuando tenía cinco años, la llevaron por primera vez a los talleres deportivos de la Videna y desde primer instante Galilea se enamoró de este deporte.

Durante un mes fue a entrenar todos los sábados y rápidamente comenzó a destacar. Los entrenadores le pidieron a sus papás que empezará a ir tres veces a la semana, y luego de un tiempo donde le vieron condiciones necesarias para la gimnasia, le ofrecieron hacer una prueba para pasar el grupo de niñas con proyección en el deporte. Un año después, Galilea ya entrenaba cuatro horas diarias y empezaba a competir.

Con mucha disciplina y concentración, Galilea Huertas realiza cada ejercicio.
Con mucha disciplina y concentración, Galilea Huertas realiza cada ejercicio. / CESAR CAMPOS

Galilea es la hermana mayor de tres hermanos y viene de una familia donde sus papás siempre le promovieron la práctica del deporte como parte de su crecimiento. Hoy la familia ha dejado de lado muchas cosas para apoyarla porque ve en Galilea la pasión y el esfuerzo que pone en cada entrenamiento, incluso si eso significa no tener paseos ni viajes familiares. Los papás de Galilea apuestan por la carrera deportiva de su hija en una disciplina que requiere muchos sacrificios.

A los 9 años, Galilea entró a formar parte del proyecto de su entrenador Walter Saavedra, conocido coach de la gimnasia artística del Perú que formó en sus primeros años a Ariana Orrego. Este proyecto que maneja Saavedra junto con la colaboración de los padres asimila el sistema de entrenamientos utilizado en Estados Unidos para la gimnasia, donde las niñas entrenan 7 horas diarias y hacen homeschool por las tardes.

Desde los 5 años, Galilea Huertas entrena en la Videna.
Desde los 5 años, Galilea Huertas entrena en la Videna. / CESAR CAMPOS

Hoy con 12 años para Galilea ese es su día a día. Arduos y duros entrenamientos que forman callosidades en sus pequeñas pero fuertes manos. Heridas que son marcas de una guerra con ella misma donde se exige al máximo para lograr la más absoluta perfección que este deporte pide. Para esta joven atleta el dolor es algo pasajero, parte de su formación y el cual sabe que debe soportar si quiere ser la mejor.

Sin temor, Galilea muestra con orgullo esas marcas y cicatrices. Cada una con una historia propia y recuerdos que nunca olvidará. “Siempre hay nuevos retos que enfrentar”, nos dice hoy con una madurez impresionante para su corta edad, consciente de que la gimnasia artística es una disciplina que busca la excelencia en los movimientos de cada atleta para obtener el puntaje perfecto.

“Es una niña muy disciplinada e inteligente”, nos comenta Saavedra, quién entrena a Galilea desde el 2017, fue el primero en verle condiciones para este deporte. Éste añade además, que en el Perú la gimnasia no es un deporte de élite por lo que es muy difícil ver a gimnastas nacionales en competencias de alto nivel, razón por la que nace este proyecto que el dirige que busca elevar el nivel de las niñas para que puedan alcanzar su mejor rendimiento.

Para Galilea esta es su normalidad y no ve extraño pasar más horas en la Videna que en su hogar. La joven eligió la vida de una deportista por sobre la de una niña normal. Atrás quedaron los cumpleaños, los paseos o verse con las amigas luego del colegio. Cambió esos momentos por entrenamientos y campamentos de preparación, pero también por coliseos llenos con personas gritando su nombre y llevando los colores del Perú en competencias.

La joven peruana se convirtió en campeona sudamericana en al año pasado de la categoría AC3 tras arrasar con la competencia ganando medallas de oro por equipos, all round, barra y viga; medalla de plata en piso y la de bronce en salto. Con una mentalidad totalmente ganadora, para Galilea no fue suficiente. “Yo quería que todas fueran de oro”, asegura hoy al mirar sus preseas. Este año irá por más.

La inversión que los papás de Galilea hacen por ella no es poca ya que deben cubrir desde los trajes, las bases de entrenamiento en el extranjero y las inscripciones a cada competencia, como los vuelos y las estadías. ¿Por qué la Federación y el IPD no pueden apoyar estos gastos? Porque Galilea apenas tiene 12 años, y la edad mínima para apoyar al deportista es de 14, pero en la gimnasia esperar hasta esa edad para apoyar a una atleta es demasiado tarde.

En el Perú no hay una política de formación al deportista y se espera que, apoyándolo a cierta edad éste consiga resultados. Ahora Galilea sufre esto y si no fuera por el apoyo de sus padres y de la búsqueda de diversos auspicios de la empresa privada no podría lograr lo que viene logrando estos últimos años.

Hoy por hoy el proyecto de Galilea es claro, seguir entrenando al máximo con miras a conseguir su clasificación para los Juegos Olímpicos Los Ángeles 2028, que suena bastante lejano pero así nacen las leyendas del deporte. Galilea Huertas sueña en convertirse en la mejor gimnasta de la historia del Perú y es el el vivo ejemplo de que el deporte nos hace mejores.

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