Elizabeth Miñano

Sofía Salazar tiene 81 años y, desde hace 29, su pasión es el . “Sé que comencé tarde, pero inicié de forma casual. Una vez mientras caminaba vi a un grupo de runners, los seguí y ahí comenzó todo”, explica. Hoy, ir a una carrera se ha convertido en parte de su estilo de vida, al punto que hoy es un personaje muy reconocido en la comunidad limeña de . “El que se acerquen y me digan ‘yo te vi en tal competición’ es una cosa que hace que me llena de mucha satisfacción. Me voltea los ojos hacia esa época y hay algo en mi corazón que podría inspirar a cualquier poeta”, expresa.

La última competencia a la que participó fue en la Carrera de Mujeres 8k, por el Día Internacional de La Mujer. La siguiente iba a ser la carrera de Punta Hermosa 8k, pero fue cancelada como medida de prevención por el COVID-19.

“Tengo un poco de depresión porque con tanto ausentismo, mis amigos runners me están haciendo mucha falta. Pero sé que cumplir con las disposiciones del gobierno nos hará salir pronto y podremos inundar las pistas con nuestra alegría”, dice Sofía, convencida que la única manera de ayudar al país es permaneciendo en casa.

Sofía Salazar realiza entrenamientos dentro de casa pero siempre con responsabilidad: cogiéndose de barandas en la escalera.
Sofía Salazar realiza entrenamientos dentro de casa pero siempre con responsabilidad: cogiéndose de barandas en la escalera.

Entrenamiento en tiempo de cuarentena

Antes de que el Ejecutivo declare cuarentena a nivel nacional, Sofía corría cuatro días a la semana, entre lunes y viernes. Cuando se inició el aislamiento, vivió una etapa de desequilibrio. “No sabía qué hacer, porque estoy acostumbrada a encontrarme con algún runner y correr al aire libre”, comenta.

Pero la angustia duró poco. Sofía decidió que, por más que estuviese imposibilitada de salir a trotar, abandonar el no era una opción. Si lo hacía, pensó, más tarde sería complicado retomar el running.

“No debemos dejar de practicar —explica—. Debemos hacer ejercicios y caminatas dentro de la casa, aunque sea chica”. Así, pese a las dificultades propias de su avanzada edad, ha desarrollado una rutina que la mantiene en forma, adaptando a sus necesidades clásicos.

- Sentadillas. Le es complicado hacer sentadillas, pero ha utilizado su ingenio para lograrlo: se ayuda colocando dos baldes de agua a ambos lados de su cuerpo y levantándolos. Luego los deja en el suelo y repite el movimiento.

- Estiramiento de brazos. Sofía estira los brazos de forma horizontal y los lleva hacia atrás. La clave está en las repeticiones, pues así logra conservar tonicidad en las extremidades superiores.

- Escalera. Haciendo uso de una sorprendente fuerza, se sujeta de los pasamanos, se suspende en el aire y simula el movimiento de un pedaleo sobre una bicicleta, descendiendo peldaños poco a poco.

Sofía se mantiene entrenando, mientras confía en volver pronto a las pistas. Para ello, necesita del apoyo de todos. Su condición de adulto mayor la coloca dentro de la población vulnerable, por lo que deja un mensaje final: “Espero que la gente verdaderamente entienda la importancia de no salir de casa. Que lo hagan por esos ancianos que a veces ya ni tienen un hijo a su lado y no tienen cómo ayudarse”.

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