OPINIÓN | ¿Por qué Arturo Vidal sí y Jefferson Farfán no?
OPINIÓN | ¿Por qué Arturo Vidal sí y Jefferson Farfán no?
Miguel Villegas

Los técnicos de pijama no han –no hemos– dormido: por qué Vidal sí puede jugar en su selección y Farfán no. O mejor, por qué King Arturo puede tener antecedentes policiales y ser la más notable figura de Chile sin que nadie discuta cuántas horas duerme y Jefferson, con menos problemas, ni siquiera puede ser mencionado en las conferencias de la Videna. Si son tan parecidos como uno cree, si salieron del mismo molde, si los dos no cumplen reglas, por qué uno sí y el otro no.

¿Quién es Con las disculpas de Zamorano y Salas, y más atrás de Caszely y Figueroa, el todocampista del Bayern es el futbolista que todo chileno quiso ser desde niño. No lo quieren, lo idolatran. Y no lo disculpan por sus excesos desde juvenil –fue separado dos veces por indisciplina probada–, dicen que “es un ser humano que se equivoca”. Claro, el argumento se sostiene sobre dos columnas incontestables: 1. Formó parte de la gran generación Colo Colo de Borghi, tetracampeón local y subcampeona de la Sudamericana y 2. Ganó todo lo que podía ganar como seleccionado –dos Copas América y fue a dos Mundiales–. En todos lados, pero sobre todo en selección, es decisivo desde el gol –6 en 8 partidos de Rusia 2018– y su presencia influye hasta en el ánimo de la gente. Anoche, 10 mil más fueron al Nacional porque jugaba él. Su prestigio personal en Alemania solo fue complemento: uno piensa en Chile y puede faltar hasta el técnico, pero no él. No importa su choca su Ferrari en la Copa que tenía que ganar sí o sí.

A diferencia de Vidal, Jefferson Farfán es el mejor jugador de un equipo que no va a Mundiales desde 1982. Que destacó siempre a nivel personal –fue segundo goleador de la Eliminatoria 2006, detrás de Ronaldo– pero siempre tuvo la pared de un plantel que no siempre estaba a la altura del rendimiento. Si Farfán hacía un gol con Uruguay, recibíamos dos por error de la defensa. Y si le alcanzaban las piernas para ganarle al mismo Chile, el resto ya las había acabado todas y no daba más. De los ‘fantásticos’ de los que siempre hablamos, el único que siempre cumplió los requisitos en la cancha fue él. Aunque Perú no lo sea ni un poquito.

En ese sentido sí: Chile es Vidal y Farfán es Perú. A ambos los han marcado sus selecciones.

Si Jefferson hubiera clasificado a Perú a los últimos dos mundiales y fuera bicampeón de América, no habría discusión ni en los bares. Pero no lo hizo y solo fue parte de una generación –la famosa 84– que ha sido noticia más en la farándula que en los deportes. Es la regla de estos tiempos, cruel si quieres: cuando el equipo gana, ganan todos. Cuando no, pierden los jugadores. Tomen una cerveza o solo gatorade. Duerman ocho horas o ninguna. Jefferson es la prueba de ello.

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