Por David Tuesta Cárdenas

La escalada de crimen en el Perú ha alcanzado niveles alarmantes, convirtiendo a las calles en una suerte de territorio sin ley. Nunca mejor dicho que es “la ley de la calle” la que manda. Millones de peruanos ven sus vecindarios tomados por bandas y mafias mientras la autoridad parece perder terreno. En lugar de responder con medidas contundentes, la reacción del gobierno se ha columpiado entre la minimización de la gravedad del problema (“son percepciones”) o en declaratorias de Estado de Emergencia, a diestra y siniestra, que sólo deja la sensación de que no hay ningún plan que nos libre del estado delincuencial en que vivimos.

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