El bus de la Marca Perú fue el encargado de darle otro color a esta ciudad estadounidense. (Foto: Captura de video Marca Perú)
El bus de la Marca Perú fue el encargado de darle otro color a esta ciudad estadounidense. (Foto: Captura de video Marca Perú)

(Por Ximena Vega Amat y León, CEO de Claridad Coaching Estratégico) Empecé a viajar por trabajo desde muy joven, y recuerdo que lo que más me impactaba cuando decía que venía del Perú eran las respuestas. Un grupo no menor lo ubicaba [al Perú] en África, mientras que otros, más instruidos, me preguntaban por las llamas y Machu Picchu. En esa misma época, llegó a Lima un alto funcionario del grupo donde trabajaba. Gringo y con varias maestrías a cuestas, se sorprendió de no tener soroche y de entender que no llegaba a los Andes sino al lado del mar.

Diez años después, tuve que soportar estoicamente que cada vez que comentaba que era peruana, me respondieran : “Ah, como Laura Bozzo”. Sinceramente, prefería ampliamente el escenario anterior.

Durante mis viajes de trabajo, en los últimos ocho años, no he sentido más que orgullo de ser peruana cuando estoy fuera. Es inconfundible el efecto de la gastronomía peruana, no importa dónde vaya, siempre con el cebiche como estrella. He visto nuestros bailes típicos en medio de Disney, conocí a Elliot Túpac en una exposición individual en Costa Rica, escuché el Cóndor Pasa mientras caminaba por calles alemanas. La quinua, un plato casero muy barato que me costaba un poco comer en casa de niña, hoy se ha transformado en “Quinoa”, y ha acaparado desde las góndolas en todos los supermercados del mundo, hasta los más renombrados restaurantes gourmet. En pasarelas de moda y en tiendas boutique he visto con inusitada frecuencia telares peruanos como parte de las aplicaciones en las prendas.

Ahora me preguntan con avidez por nuestra biodiversidad, está de moda la montaña de los siete colores, atrayendo a miles de turistas. Nuestras llamas son una corriente de moda que arrasa en todas las categorías, desde polos hasta chocolates.

Todo este cambio ha ocurrido en 20 años. Si nos ponemos a pensar, un tiempo ínfimo para un pasado eterno, repleto de tanta cultura e historia. El mundo recién está conociendo nuestra punta del iceberg, deslumbrándose con el cúmulo de maravillas que va descubriendo.

Como marketera, me gusta atribuir esta transformación al esfuerzo y talento de muchos, que cada día han contribuido a reconstruir la imagen de todo un país desde la Marca Perú. Como peruana, se me dibuja una sonrisa cuando estoy fuera y me reencuentro con el Perú en cada una de las industrias.