¿Llegó con Netflix el fin de la programación de tv tradicional?
¿Llegó con Netflix el fin de la programación de tv tradicional?
Marcela Mendoza Riofrío

En esta era del consumo a la medida, pretender que el negocio del entretenimiento televisivo se mantenga sin giros es como querer tapar el sol con un dedo. El espectador - tan tirano como un niño pequeño - ve lo que le provoca cuando le provoca. Así como escucha la canción que quiere cuando se le antoja y no depende de que la programen en la radio o de comprar el CD, en el video le pasa lo mismo. Uno de los grandes culpables es . Y no estamos hablando de Europa o Estados Unidos, sino de Lima, Perú.

En el país tenemos más de 18 millones de usuarios de Internet móvil, de los cuales un 74% (según un estudio de ComsCore para Ims) comparte videos en sus redes y un 71% usa el teléfono para ver material audiovisual. Youtube es el rey de la audiencia con 86% (la segunda app más utilizada después de WhatsApp) y un 61% pasa más de 10 minutos viendo videos desde el teléfono. Por si fuera poco, en el mismo estudio nos muestra que solo el 29% de los peruanos se pasa 7,6 horas a la semana frente a la Tv, cifra alta, es cierto, pero menor a las 9,2 horas promedio semanales que se pasan frente al móvil.

¿Qué nos están mostrando estas cifras? Lo que vemos a diario en casa si tenemos niños o adolescentes. Ahora el castigo no es "no puedes ver Tv" sino confiscar el celular mientras se está estudiando para un examen. De hecho, los chicos ya casi no están prendidos del televisor, salvo que haya un partido de fútbol importante o se trate de la final de una serie, pues todo lo pueden ver en el móvil antes o después. Es más, su consumo primordial parte de verse los videos que desea en ese instante en Youtube en cualquier equipo conectado a Internet (PC, laptop, tableta o smartphone) y, cada vez más, películas en Netflix.

Esperar la programación no está en su diccionario: la generación Y (junto a la Z) consumen a medida lo que les provoca. Se ven toda una temporada de una serie que les gusta de golpe. Eligen la película que les provoca, no la que dispone el dueño de la estación televisiva y repiten los finales de novelas las veces que quieren. Ese es su modo de consumo y las televisoras locales ya están despertando ante estos nuevos hábitos. La prueba es que ya cuelgan en la web los capítulos de las novelas o series a los pocos minutos de ser emitidos para que los vea quien no pudo hacerlo durante el estreno. 

REVOLUCIÓN AVANZADA

Dado que en el país no existe abundancia de producción audiovisual local y son cadenas internacionales las principales emisoras de programación, el golpe no se está sintiendo tan fuerte como en Estados Unidos. No obstante, la supervivencia del negocio ligado al entretenimiento pasa por un mirar, aprender y reaccionar. 

Allá fue una empresa californiana, Netflix, la pionera del cambio. Ellos se propusieron ser el más grande distribuidor de contenidos vía streaming (accediendo a un portal de Internet) y no solo han hecho cambiar la forma en que se maneja el negocio en menos de cinco años, sino que han hecho que los gigantes reconviertan sus esquemas de producción.

La prueba de que la nueva era ha llegado y da resultados está en los beneficios económicos con los que cerró el 2016 Netflix. La firma, cuya capitalización bursátil es de casi US$ 60.000 millones, incrementó sus ganancias por acción en 52% y elevó sus ingresos anuales en más de 30%. A nivel de suscriptores pasó de los 93,8 millones de suscriptores en todo el mundo (17 millones más que el año anterior), de los cuales casi la mitad está fuera de Estados Unidos, lo que confirma que su plan de expansión está avanzando por buen camino.

Mientras tanto, las suscripciones a paquetes premium de cable disminuyen (Nielsen pierde 700 mil suscriptores solo en un mes) y las cableras ganan menos. HBO tuvo que lanzar su propio servicio de streaming por US$17 al mes en Estados Unidos y hasta en países como el peruano las cadenas de televisión ofrecen paquetes que te permiten acceder a la programación desde el móvil para que la veas cuando quieras. Los gigantes ya te ofrecen paquetes o temporadas completas de las series de Tv en línea y algunas cadenas de cable compran materiales creados para el online para incluirlos en su programación en TV con miras a recuperar audiencias. Y esto pasa también en mercados como el brasileño, en donde Netflix tiene ya 5 millones de suscriptores.

El negocio de Netflix, que le ha permitido revalorarse en 3.000%, se basa en tener al usuario contento con gran variedad de productos para que los consuma cuando le apetezca a un bajo precio (alrededor de US$9). Tal como coinciden diversos analistas del sector, Netflix invierte en producción propia (destinará US$6.000 millones para series originales) no porque le interesa tener un gran grueso de televidentes por capítulo, como ocurre el famoso raiting de la tv tradicional, sino porque quiere tener la mayor variedad de programación atractiva para cautivar a cada consumidor en particular. Variedad para atender micronichos. Ellos le ponen el foco en los estudios cualitativos de hábitos de consumo y le dan variedad para que el usuario sea feliz eligiendo a su gusto. ¿Los anuncios publicitarios le interesan? No en la medida en que los desea Youtube o Fox, pues su negocio está en los derechos de reproducción y el gran volumen de suscriptores, mas que en los auspicios.

A nivel local las tendencias internacionales llegan. Los youtubers surgen con programación propia. Netflix va ganando adeptos de a pocos. Los suscriptores de cable ya gozan de Fox Go y otras variantes para ver contenido del cable en el móvil. La producción no alcanza los niveles de Norteamérica (FX Networks Research reportó que se crearán 500 títulos de ficción en el 2017 entre todos los actores de la industria) pero está despertando y girando para atender nuevos canales. A nivel global se teme una sobreproducción de contenidos que explotará como una burbuja en un par de años y obligará a una nueva reconversión del negocio, pero mientras tanto el cambio ya empezó y a nivel local el que no se suma, sin duda perderá tanto o más que los gigantes. 

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