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Dos historias de inclusión financiera, por Oswaldo Molina

“La mitad de la población adulta en el Perú no tiene una cuenta en el sistema financiero”, señaló el Director de la Maestría en Economía de la Universidad del Pacífico

Inclusión financiera.

Inclusión financiera.

A pesar de los importantes avances de los últimos años, de acuerdo con los datos de la encuesta Global Findex 2017 del Banco Mundial, todavía la mitad de la población adulta del país no tiene una cuenta en el sistema financiero. Como se puede imaginar, querido lector, esta situación impone serias restricciones para las posibilidades de desarrollo de este grupo de la población. ¿Pero existe alguna herramienta que pueda ayudar de manera efectiva a resolver este problema? Permítanme que les cuente dos historias al respecto.

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La primera historia ocurre en un valle del norte del país, donde opera una empresa agroindustrial. En dicha zona, solo existe un cajero automático y los comercios solo transan con efectivo. Los trabajadores deben entonces dedicar semanalmente varias horas para cobrar el íntegro de lo depositado, esperando en una fila en los exteriores de la única agencia. 

Esto supone no solo exponerse a distintos peligros, sino dejar de trabajar el día de cobro. Este es precisamente el escenario perfecto para probar como piloto los beneficios de distribuir fondos a personas vulnerables a través de cuentas de dinero electrónico BIM, administradas íntegramente con una aplicación para teléfonos celulares. 

Con esta nueva forma de recibir sus pagos semanales, los trabajadores reciben un mensaje de texto en el momento que reciben su pago y pueden hacer uso inmediato de su dinero, sea transfiriéndolo directamente a los teléfonos celulares de los comercios en los que realizan sus compras (que rápidamente se sumaron a la iniciativa) o retirándolo en cajeros automáticos o cajeros corresponsales sin necesidad de tarjeta. Además, al no tener que retirar el íntegro del efectivo, se fomenta el ahorro y se reduce el crimen en la zona.

La segunda historia tiene como protagonistas a unas señoras pobres que pidieron un crédito grupal o solidario. Y es que se viene también desarrollando un piloto en el que algunas entidades financieras no solo entregan préstamos en BIM, sino que ya están recibiendo los pagos de las cuotas de préstamos directamente desde las cuentas BIM de los teléfonos de sus clientes. 

En el caso de los créditos solidarios, en los que un grupo de personas se reúnen para juntar el pago mensual total del grupo por el préstamo recibido, las reuniones se realizan sin presencia de efectivo y la recolección del dinero del grupo se realiza de teléfono a teléfono. De esta manera, la transferencia a la entidad financiera se llevará a cabo desde uno de los teléfonos, sin riesgo de asalto, como sucedía anteriormente cuando trasladaban físicamente el dinero en efectivo.

En conclusión, el dinero electrónico de la billetera móvil BIM se puede constituir en la herramienta que nos ayude a acercarnos financieramente a los peruanos más vulnerables. Su adopción, además, ha crecido de manera sostenible silenciosamente: solo en abril de este año, se realizaron transacciones por cerca de S/100 millones y hay más de 640 mil usuarios registrados a la fecha

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