(Ilustración: Sergio Fernández)
(Ilustración: Sergio Fernández)
Inés Temple

Cada cierto tiempo, y sobre todo en una coyuntura tan complicada como la actual, conviene revisar la vigencia de nuestro plan B profesional. El plan B es un plan para aterrizar de pie si el plan A va de caída.

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Sé que ese puede ser un pensamiento poco feliz y que es mejor ser siempre positivos y optimistas, pero también toca ser muy realistas y recordar que ni los trabajos ni los negocios son 100% seguros. Nadie espera que un buen día lo desvinculen, pero ni las empresas más exitosas pueden garantizarnos el trabajo y los negocios siempre pueden complicarse de un momento a otro por mil razones diferentes. La pandemia es el mejor ejemplo de eso.

Toca hacer algunas precisiones:

1. Un plan B es mucho más que preocuparnos de tener siempre un alto nivel de empleabilidad. Es un plan de acción paralelo sobre la vida profesional que analiza todos los diversos escenarios futuros posibles y desarrolla alternativas para no quedarnos desprovistos frente a una situación que cambia, esté anunciada o no.

2. Pensar, planear y ejecutar un plan B no es ser desleal con la organización donde trabaja. Es ser realista y reconocer que somos los únicos dueños de nuestra carrera profesional y de ella tenemos que ocuparnos con asertividad y anticipación. Nadie más lo hará por nosotros.

3. Los cambios en la carrera generalmente nos toman por sorpresa, desorientan, confunden y eso lleva a tomar decisiones no siempre coherentes ni atinadas. El plan B listo es un mapa de ruta organizado con anticipación y por lo tanto no está impactado por las fuertes emociones que los cambios traen.

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Este plan B debe poder responder a preguntas como: ¿Qué haría si tuviera que dejar mi trabajo actual mañana? ¿Dónde trabajaría? ¿A mi edad, dónde está mi costo de oportunidad? ¿Dónde y cómo encontraría mi siguiente posición? ¿Cuáles son mis objetivos de carrera a cinco años? ¿Quisiera cambiar de sector o preferiría quedarme en el mismo? ¿Están mis habilidades, logros y resultados vigentes? ¿Son estos relevantes para el mercado laboral de hoy? ¿Tendría demanda por mis servicios en el corto plazo aquí o en el extranjero de necesitarlo? ¿Mi currículum vitae incluye logros y resultados cuantificados? ¿He desarrollado mi marca personal y es coherente con mi reputación? ¿Las referencias que de mí darían serían todo lo buenas que necesitan ser? ¿Está mi red de confianza bien cuidada o me olvidé de todos por poner alma vida y corazón en el plan A?

Y también incluya en su análisis: ¿Tengo alguna fuente de ingreso adicional que podría ayudar con las cuentas mientras me recoloco o lanzo mi negocio propio? ¿Es tiempo ya de poner en marcha ese negocio al cual dedicarle las noches y los fines de semana que pudiera hacer crecer en paralelo mientras trabajo? ¿Qué sueños tengo que quedaron postergados por la vorágine del trabajo diario y que quizá hoy podrían empezar a tomar protagonismo en mi vida?

Piense y organice su plan B incluso si está contento o tranquilo en su actual actividad. Hacerlo le dará contexto y una mejor perspectiva sobre su carrera. No se arrepentirá.

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