Resumen

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Desde hace cuatro meses, las noches de Larco ya no son de compras ni de fiesta; ahora son de silencio. A las 10 p.m., por ley, nadie debe transitarla. (Fotos: Lino Chipana / El Comercio)
Desde hace cuatro meses, las noches de Larco ya no son de compras ni de fiesta; ahora son de silencio. A las 10 p.m., por ley, nadie debe transitarla. (Fotos: Lino Chipana / El Comercio)
Por Franco Balza Tassara Cánepa

El coronavirus apagó las luces y la música de la avenida José Larco en Miraflores. Los enamorados y los turistas ya no tienen cabida en sus calles. Los micros no rugen como antes y sus jaladores ya no gritan: “Sube, sube; pisa, pisa”.