Muchos alumnos practican el yoga por temas de salud y rehabilitación física, y para tener un encuentro consigo mismos. (Foto: Shutterstock)
Muchos alumnos practican el yoga por temas de salud y rehabilitación física, y para tener un encuentro consigo mismos. (Foto: Shutterstock)
Christian Lengua

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Hasta hace unos años, la oferta de centros para aprender la disciplina del era escasa. Con el tiempo, esto cambió. Mónica Giráldez recuerda cuando en el 2014 venía de un demandante trabajo en una AFP. A raíz de una lesión en la espalda descubrió el yoga y decidió abrir Balance Studio. En su local de San Borja llegaron a tener 300 alumnos, y logró abrir un segundo local en La Molina, pero la situación dio un giro con la pandemia. Actualmente cuentan con 100 alumnos.

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En abril del 2020, al ver que la cuarentena continuaba decidió realizar clases online, “que desde un sentido financiero no te suma mucho”. Pero había una necesidad de muchos alumnos que lo practican por temas de salud y rehabilitación física, y necesitaban del yoga. De los 300 alumnos que tenían, un 30% canjeó su paquete presencial por las clases online.

Siempre tenían la esperanza de volver al presencial. De hecho, al ser un centro de terapias alternativas tenían la autorización de abrir en julio en la fase 2, pero decidieron esperar porque todavía sentían que era un riesgo. Finalmente, la escuela pudo reabrir en octubre del 2020. Pero muchos alumnos que venían de otros distritos dejaron de venir y se quedaron con los que vivían a dos kilómetros a la redonda.

“Lo que pasó con los centros de yoga es que muchos tenían licencias de gimnasio, porque es lo más fácil de obtener en las municipalidades. Sé que muchos tuvieron que cerrar por ese motivo. Solo quedan dos o tres escuelas, aunque algunas siguen de manera online, pero tuvieron que dejar sus locales”, comentó Giráldez. También sobreviven las escuelas donde un profesor enseña desde su casa, porque el costo fijo es el mismo.

Respecto a los precios, Giráldez cuenta que las clases online en Balance son más económicas con paquetes de ocho clases por S/ 65, y 12 clases por S/ 80. Mientras que en clases presenciales ofrecen cuatro sesiones por S/ 150. Desde que reabrieron ajustaron los precios porque antes el aforo era 25 personas, ahora son cinco. Tienen permitido ocho alumnos, pero lo redujeron aún más por la puesta en marcha de los protocolos.

En el corto plazo esperan recuperar lo perdido, y por lo menos llegar a un 50% de la utilidad prepandemia. “A mediano plazo, dentro de lo malo del sector que se ha reducido, estaremos mejor posicionados. De aquí a uno o tres años, esperamos abrir uno o dos locales más”, indicó.

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MATS DE MODA

La perspectiva de Karla Luna, fundadora de la marca peruana de artículos para yoga Laal, es distinta, al asegurar que en estas épocas inciertas, el yoga sirve como herramientas de escape. Su empresa, creada en el 2016, creció 300% en ventas al cierre del 2020 versus el 2019. En las últimas semanas, debido a la competencia, las cifras están estancadas pero se mantienen.

Al tener que cerrar su local físico en Miraflores, volcaron todos sus esfuerzos a la tienda virtual que ya tenían desde el 2017, y allí es donde se notó el incremento en ventas. “Los primeros clientes que nos contactaron en pandemia pedían los productos con urgencia por un tema terapéutico, emocional y sicológico. Había una necesidad imperiosa de sentirse mejor con el encierro, y una facilidad para ellos era la compra por e-commerce”, cuenta Luna.

Respecto a los productos más demandados, lo más vendidos son los mats, que son las superficies que se apoyan en el suelo para hacer yoga con comodidad y sin resbalar. También sumaron a su oferta otros artículos como tapaojos, correas de estiramiento y ropa para yoga. El ticket promedio es de S/ 237.

Mini Mat, el nuevo lanzamiento de Laal.
Mini Mat, el nuevo lanzamiento de Laal.

Al haber atendido algunas ventas en el extranjero de manera orgánica (Argentina, Chile, Colombia, Canadá y Reino Unido), planean ponerle más atención a la exportación hacia fines de año.

“Creemos que hay una gran oportunidad por crecer, la etapa de yoga como comunidad en el Perú todavía es muy joven. Queremos llegar a más personas que tal vez no lo conocen, que tienen una percepción equivocada, y piensan que se van a aburrir. Hay diferentes estilos que se pueden acomodar a cada uno”, sentenció Luna.

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