Nuestros poetas han establecido una relación de amor-odio con Lima, retratada con solemnidad, ironía y hasta irreverencia. Foto: José Cárdenas.
Nuestros poetas han establecido una relación de amor-odio con Lima, retratada con solemnidad, ironía y hasta irreverencia. Foto: José Cárdenas.
/ José Luis Cárdenas Pinedo
Por Jorge Paredes Laos

Lima fue sembrada en el desierto hace ya 487 años. A la vera de un río y un circuito de canales prehispánicos que ensanchaban el valle y daban vida a esta parte de la costa peruana. Desde épocas virreinales, este río, este desierto y esta ciudad encomendada a los reyes, han marcado las obras de múltiples poetas peruanos y extranjeros. Pedro de Oña, por ejemplo, en 1609, ya cantaba a los “Soberbios montes de la regia Lima”. Y avanzado el tiempo, los principales autores de nuestro parnaso local le han dedicado versos a esta urbe ancha y muchas veces ajena. Lima es, sobre todo, desde el siglo XX, un lugar de llegada, como lo anuncia Vallejo en el poema XIV de Trilce —poemario que cumple ya cien años—: “Pero he venido de Trujillo a Lima / Pero gano un sueldo de cinco soles”.

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