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"El camino hacia uno mismo", por José Carlos Yrigoyen

Esta semana en "Columna vertebral", José Carlos Yrigoyen opina sobre "Nosotros que vamos ligeros", libro de cuentos de Nataly Villena.

Nataly Villena

Nataly Villena se presenta como una narradora potente en la escena del cuento contemporáneo. [Foto: Ever]

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Leer Nosotros que vamos ligeros, primer libro de cuentos de Nataly Villena (Cusco, 1975), es experimentar muy parecidas sensaciones a las que sus protagonistas se hallan sometidos: un extravío para el que no parece haber paliativos, una falta de aire al encontrarse continuamente ante callejones sin salida, la orfandad de quien viaja solitario hacia lugares desconocidos, la constante posibilidad de una traición que puede echar a perder un prometedor periplo sin que exista expiación o reconstitución en lo que se ansiaba como meta vital. Son cuentos donde el final de un camino casi siempre es un nuevo obstáculo. Y, por ello, un inevitable volver a empezar.

Villena ya nos había entregado una muy lograda antología de escritoras, Como si no bastase ya ser, en la que demostró perspicacia y puntería para elegir un puñado de nombres que representaba con acierto una nueva generación de la que, con este libro, forma parte por derecho propio. Son ocho relatos centrados especialmente en la experiencia del viaje geográfico, pero también biográfico y sensorial, trabajados con una prosa poco convencional y que avanza nerviosa, ajetreada y sincopada. Es decir, al ritmo turbulento de los personajes que ejercen un trayecto por el que arrastran no solo sus pocas pertenencias, sino también un pasado del que no es posible deshacerse disimuladamente en algún recodo de la pedregosa vía que transitan, por mucho que lo intenten.

Nosotros que vamos ligeros

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Difusión

NARRATIVA

Nosotros que vamos ligeros
Editorial: Animal de Invierno, 2018
Páginas: 121
Precio: S/39,00

El volumen abre con “Un viaje al Great Glen”, cuento en que el juego de las expectativas y las decepciones de una pareja se desarrolla en un paseo hacia el lago Ness, espacio donde monstruos visibles e invisibles van devorando poco a poco las posibilidades de un futuro entre los dos. Prosigue uno de los mejores cuentos del conjunto, “Dios nos guía”, en que se narra, con muy buen sentido del suspenso, la búsqueda de una hija por su madre a lo largo de varias ciudades de la costa y de la sierra peruana. Destaca aquí una de las principales fortalezas de Villena: el uso de los diálogos, siempre verosímiles y puestos al servicio de la historia, así como adaptados convenientemente a la idiosincrasia de los disímiles personajes —policías, pueblerinos, brujos— que la autora demuestra conocer bien y registra con espontaneidad y solvencia.

Esta cualidad para los diálogos también es patente en “Bis”, quizá el relato más risueño y divertido; una historia de amor fallida y tormentosa entre dos colombianos de provincia que desarrollan su idilio en París a partir del fanatismo de ella por las ediciones de El alquimista, la infame novela de Paulo Coelho. Este curioso punto de partida funciona para desplegar una narración llena de equívocos y desplantes que se resolverá en una conclusión violenta y cómica a la vez. Más sombrío es “Primera vez”, notable cuento en el que una confundida turista mexicana extraviada en París despierta el recuerdo de tragedias más íntimas y secretas, y donde el conocimiento de Villena sobre la condición humana y sus vericuetos se imprimen con innegable brillantez.

Pero de todos los textos contenidos en este libro, me quedo con “Autopista 1”, en que todos los méritos anteriormente descritos se conjugan en el recuento de un caótico desplazamiento en autostop que acaba en un terrible ultraje y en destemplada venganza. Aunque por momentos uno puede intuir la resolución de la historia, el buen manejo argumental de Villena, sus avances y retrocesos, los estratégicos tiempos muertos, la consistencia de la protagonista y su trastienda biográfica le otorgan una densidad que la convierte en su mejor carta de presentación y en un cuento antológico por donde se lo mire. Y aunque algunos de los otros relatos no lleguen a cuajar por su morosidad o exceso de pretensión —como es el caso de “Umbral”, “El reencuentro” o “La etapa del nido”— no cabe duda de que el debut en el cuento de Nataly Villena es más que auspicioso. Que su viaje continúe, pues ya tiene un rumbo.

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