Jéronimo Pimentel, director editorial de Penguin Random House. (Foto: Manuel Melgar)
Jéronimo Pimentel, director editorial de Penguin Random House. (Foto: Manuel Melgar)
Jéronimo Pimentel

El problema histórico del sector ha sido su incapacidad de comprometer a algún gobierno en una ley del libro permanente y previsible. La aprobada por decreto de urgencia es un nuevo parche cuyos efectos, a causa de la crisis provocada por la , serán imposibles de discernir. El resultado será triste: cuando pase el pico viral, el sector editorial estará devastado y sin marco legislativo consensuado.

El bicho habrá hecho lo suyo: sin librerías abiertas por meses y sin ayudas específicas a las industrias culturales, la cadena de pagos se habrá roto. De hecho, ha sido la primera en quebrarse: los libreros privilegian arriendo y planilla, cuando les alcanza, lo que en la práctica significa que las editoriales no están cobrando los libros ya vendidos. Con un consumo digital tan bajo como el peruano, es imposible compensar las pérdidas de ventas en libros físicos con ebooks.

Por tanto, los planes editoriales se recortarán, lo que conllevará una disminución de ingresos a aquellos profesionales que prestan servicios de corrección, edición, diseño e ilustración. Y, por supuesto, a los autores.

El quiebre vendrá con la decisión que se tome respecto a la FIL Lima 2020, que implica entre el 10 % y el 50 % de los ingresos anuales a los miembros del sector.

Nadie piensa ya que un evento que congrega a casi 600.000 personas en 17 días pueda celebrarse antes de que se encuentre una vacuna o se alcance inmunidad colectiva. Pero tan razonable como eso es afirmar que el golpe para la gran mayoría de editores, distribuidores y libreros será terrible.

La urgencia obliga a replantear, por fin, cuál es el compromiso del Gobierno con la única feria de libros del continente que no recibe ningún apoyo estatal y cuál será el plan específico de salvataje al sector.

Dos puntos se pueden añadir. El primero es que los nuevos fondos destinados a los ministerios de Cultura y Educación (16 millones de soles) aún no se transfirieron.

El segundo es una consecuencia de todo lo anterior: ¿no ha llegado el momento de poner en la mesa la necesidad de recuperar los beneficios de la ley del libro previa?

Estamos a tiempo de evitar una catástrofe.

(El autor es director de Penguin Random House Perú)


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