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Carlos Batalla

La madrugada del martes 18 de marzo de 1997 unos desconocidos entraron a la casa de la familia Tozzini-Bertello, en Cerros de Camacho (Surco). Su demencial objetivo era matar a todos los miembros de ese clan familiar. Murieron el empresario Nello Tozzini Azabache (51), su esposa Ana Rosa Bertello (48) y uno de sus hijos, Nello (24).  Los asesinos escalaron una pared vecina a las 4.30 am. Ya dentro del inmueble balearon en distintas partes del cuerpo a las víctimas. Además de los tres mencionados, otro hijo, Gianni (21), salió ileso tras esconderse de los verdugos.  Medios y policía repetían la palabra “venganza”. Una venganza, una sentencia a larga distancia pareció recaer sobre una familia que solo perdió un auto marca Honda azul, del 87, con lunas polarizadas, que se hallaba en la cochera de la mansión y que los malhechores utilizaron para salir de la zona residencial rumbo a la avenida Golf Los Inkas.

Primera versión

La policía indicó en un principio que los asesinos aprovecharon un montículo de desmonte de una construcción vecina para escalar la pared de los Tozzini e ingresar en ella sin problemas. Según los guardianes de otras casas, no se escuchó nada ni vieron entrar a ningún desconocido en la casa.  Los diarios, las revistas y los canales de televisión reproducían las especulaciones policiales que iban tomando cuerpo. La primera en caer bajo el fuego de seis tiros de pistolas fue Ana Rosa; luego, seis balas acabaron con Nello padre; finalmente Nello, el segundo de los hijos, a quien le dispararon un solo tiro, pero letal en la cabeza. Murió en una clínica tres días después.

El otro hijo que dormía, Gianni, logró percatarse de los disparos y alcanzó a esconderse en el tercer piso, logrando salir por una ventana. “Sentí que la puerta de mi dormitorio fue empujada, pero los sujetos no pudieron encontrarme. Posteriormente, escuché el ruido del motor del carro de mi padre que fue encendido para partir", expresó a agentes de la División de Homicidios.  La pareja se había separado hacía un tiempo, y recientemente habían vuelto para trabajar juntos. Era una familia con cinco hijos: Fiorella (26), Nello (24), Gianni (21), Luigi (19) y Franco (18). Fiorella residía en EE.UU. y los hijos menores Luigi y Franco se encontraban en casa de un familiar en Lima.

Lluvia de pistas

La policía reveló que los asesinos dejaron sobre el cuerpo de Nello padre un paquete con clorhidrato de cocaína, para poder vincularlo con mafias del tráfico ilícito de drogas. Sin un móvil del crimen claro, los investigadores especulaban con que los maleantes estuvieran vengándose de una operación de compra y venta de inmuebles hecha por la madre Ana Rosa, en la que Nello padre la ayudaba. Sin embargo, la conducta “sospechosa” de este llevó a pensar en una venganza mafiosa. Asimismo, se decía de una disputa familiar como motivo del horror homicida.

Todas estas fueron especulaciones policiales que recogió la prensa en torno a un personaje como Nello, quien en los años 80 había sido director de la Compañía Italo-Peruana de Seguros Generales, donde lo colocó su cuñado, Luis Felipe Bertello, director  del desaparecido Bancoper. Además de los tres miembros asesinados, se hallaba en el momento del crimen una empleada doméstica, quien pudo esconderse y salvarse.  Los interrogatorios a familiares (padre de Nello), amigos y conocidos de las víctimas se sucedían, así como las continuas visitas de agentes de la División de Homicidios de la PNP a la casa de Surco para hacer peritajes en el escenario del crimen.


Una vida de lujos

Los diarios revelan la vida de Nello Tozzini Azabache. El Comercio dio sus señas de identidad, detalles de su vida social de lujo y dispendio en clubes exclusivos y dedicado a la práctica de deportes. Joven atractivo y seductor, el joven Nello conoció a fines de los años 60 a Ana Rosa, hija del banquero Alejandro Bertello (fundador de Bancoper). Ella quedó impresionada. Nello la enamoró en corto tiempo.  En los años 90 fue perdiendo en parte esa vida glamurosa y solo le quedaba ayudar a su esposa en su trabajo de venta inmobiliaria. No pasó mucho tiempo para que aumentaran las desavenencias, los problemas y malos entendidos entre ellos y toda su familia. Nello se mantuvo cerca de Ana Rosa que lo soportaba pese a todo. Sin embargo, ya era una familia fragmentada. La separación definitiva ocurrió esa trágica madrugada.               La policía hacía su trabajo, pero lamentablemente los medios, especialmente televisivos, parecían disfrutar con las más descabelladas “hipótesis”.

Un proceso largo e infructuoso

En junio de 1998, tras la declaración de un testigo (un mecánico) Luigi Tozzini Bertello es denunciado como “autor intelectual” de los asesinatos. Se estableció para él una orden de detención (luego sería comparecencia). Su amigo Víctor Bocanegra García y el mecánico Teobaldo Hinostroza Cisneros también fueron detenidos. Hinostroza (luego sería librado) acusó a Tozzini de buscar sicarios para el crimen, aunque insistía en que ellos no habían participado. Policías y fiscales creyeron haber encontrado a sus culpables, especialmente porque en la casa de las víctimas nada se había forzado para entrar, por lo que debieron tener ayuda interna.

Sin embargo, por falta de pruebas, verdaderos sospechosos y contradicciones de algunos testigos (la empleada doméstica denunció a Fiorella), estas acusaciones terminaron en nada. Las cosas dieron un vuelco y se desvirtuó la supuesta culpabilidad de algún familiar. Gianni, Luigi y Fiorella colaboraron con la justicia peruana que, aun finalizando el siglo (junio de 1999), no daba con los autores reales del crimen. Todo se encaminó a la exculpación de los hermanos Tozzini. Ello ocurrió en setiembre de 1999. Las sospechas contra los Tozzini se acabaron, aunque quedaba pendiente el dictamen de un fiscal superior.

Tramo final

Todo parecía que había acabado, pero el proceso siguió en una larga pesadilla judicial donde se emitieron cuatro sentencias superiores absolutorias y tres órdenes supremas que declararon nulo el fallo y pedían el desarrollo de nuevos juicios orales. En agosto del 2009 se reabrió el caso. En setiembre del 2009 comenzó el juicio oral, a 12 años del crimen. La Tercera Sala Penal para Reos en Cárcel dispuso que los procesados sean evaluados psiquiátricamente. Los involucrados estuvieron presentes: Fiorella y Luigi Tozzini, el ex convicto Orlando Bocanegra, José Llanos Hernández (esposo de Fiorella) y el chofer Bernabé Palomino. A ellos se les imputaba el delito de homicidio calificado.

En los meses siguientes, los hermanos reiteraban su inocencia. Ellos establecían que el motivo fue el robo, y culpaban al hijo de la ama de llaves, que contaba con antecedentes penales. Finalmente, el 6 de junio de 2012, la Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema exculpó a los hermanos de parricidio. La sala justificó su decisión en la existencia de vacíos probatorios. Fueron 15 años del proceso judicial que también exculpó a los otros cuatro acusados por “falta de pruebas”.