Yasmin Rosas

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Desde hace ocho meses, Rossi Acosta Mallqui cocina una vez por semana para la olla común Con la Unión Todo se Puede, que agrupa a 18 familias del asentamiento humano Halcón Sagrado, ubicado en la zona de Pamplona Alta, en el distrito de .

La joven de 28 años recuerda que el primer plato que sirvieron fue lentejas con arroz. El manjar colectivo se pudo preparar gracias a donaciones y a la entrega de una taza de menestras que cada vecino hizo para completar las 50 raciones que por ese entonces repartían. “De ahí en adelante, se colaboraba con lo que había en casa y recogíamos una zanahoria, un apio o una lechuga. Luego, recibimos más apoyo de organizaciones y colectivos”, cuenta.

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Así como Rossi, muchos otros líderes comunitarios se organizaron en ollas comunes para poder hacerle frente a la crisis por la . Se estima que en Lima Metropolitana existen más de 900 ollas comunes instaladas en 29 distritos, según reportes de diciembre del 2020, publicados por la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza.

El sociólogo Javier Díaz Albertini explica que esta práctica tiene una larga tradición y que responde a la necesidad de supervivencia. “A diferencia de los comedores populares, clubes de madres o vaso de leche, esto es más espontáneo y no necesariamente está incorporado dentro de los programas estatales. Para muchos, las prácticas comunitarias son la única opción”, dice el especialista.

Rossi Acosta Mallqui tiene 28 años y es una de las fundadora de la olla Con la Unión Todo Se Puede que alimenta a 18 familias del AA.HH Halcón Sagrado en SJM. (Foto: César Campos)
Rossi Acosta Mallqui tiene 28 años y es una de las fundadora de la olla Con la Unión Todo Se Puede que alimenta a 18 familias del AA.HH Halcón Sagrado en SJM. (Foto: César Campos)

Además, refiere que estas asociaciones surgen por la memoria colectiva de las mujeres cuyas familias también pudieron formar parte de estas practicas comunitarias, en las que las tareas de cocina y labores administrativas se van aprendiendo sobre la marcha. “Lo importante de esta energía social es cómo en un momento de crisis la gente se organiza y hace cosas para afrontar estos momentos en donde todos contribuyen para un bien común. En otras partes, durante las crisis las personas pueden actuar de otras formas un poco más agresivas para buscar alimentos”, agrega.

Sin respiro

Vilma Arónes Taype vive desde hace 11 años en la Agrupación de Familias Nueva Vista, en Villa María del Triunfo. Ella y sus vecinos formaron la olla común La Esperanza en abril del 2020, porque la mayoría perdió su empleo y no tenía recursos para la canasta básica.

En estos meses como lideresa, la adversidad le ha enseñado a hacer malabares para no echar a perder los víveres que obtiene gracias a las donaciones, y, a pesar de ello, el anuncio de la nueva cuarentena le ha caído como un baldazo de agua fría. “Ayer se acabó el arroz. Nosotros preparamos 20 kilos diarios y con lo que cobramos (S/1 por ración) no alcanza para cubrir nuestras necesidades. Estamos con miedo y preocupación”, dice la mujer de 46 años que a diario alimenta a 95 personas, entre ellos, 50 niños y adolescentes.

La única esperanza de Vilma para sobrevivir a la cuarentena obligatoria es la ayuda del colectivo Manos a la Olla, liderado por Gianina Melendez, una joven asistenta social que, debido a la naturaleza de su trabajo, conoce los distritos de Lima Sur como la palma de su mano y que viene ayudando a nueve ollas de la zona.

El colectivo Manos a la Olla fue fundado por Gianina Meléndez y cinco amigas en junio del 2020. La primera donación fue de S/500 y ayudó a tres comunidades. (Foto: César Campos)
El colectivo Manos a la Olla fue fundado por Gianina Meléndez y cinco amigas en junio del 2020. La primera donación fue de S/500 y ayudó a tres comunidades. (Foto: César Campos)

Desde el colectivo no solo se entregan víveres, también se enseña a que estas mujeres mejoren su alimentación y la distribución de recursos. El efectivo que manejan, producto de las donaciones, ayuda en la compra de carnes, especias, leña o gas, implementos de cocina, etc. Para Gianina y su equipo el principal eje de su trabajo es que estas personas tengan una vida digna. “Hay que mirar a las personas por igual. Lo que tenemos que hacer es sumarnos, ser más empáticos y ayudarnos entre todos. Las crisis se tienen que enfrentar en colectividad”, dice la joven.

En estos próximos 15 días se espera seguir con la recaudación de recursos que permite que mujeres como Rossi o Vilma le hagan frente al hambre desde la adversidad.

Sepa más:

  • La Municipalidad de Lima tiene una iniciativa para donar recursos a estas agrupaciones. El contacto se hace a través del 9765-30794 y del correo
  • La cuenta de Instagram de Manos a la Olla es manos.alaolla, y los medios para poder colaborar a través de transferencias bancarias son:



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