(Foto referencial: agencias)
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Pedro Ortiz Bisso

La manera cómo el Gobierno dilapida la confianza de la gente roza con lo patológico. El portal , a través del cual se pretende convocar a los voluntarios que deseen participar en los ensayos clínicos de dos candidatas a vacunas, no funcionó ayer. La opción para registrarse no estuvo activa a lo largo del día y, sin que mediara explicación alguna, la información que apareció colgada en un inicio desapareció horas después.

Puede entenderse que haya habido descoordinaciones o algún problema de programación. El elefantiásico Estado peruano es experto en destrozar expectativas. Lo cuestionable, sin embargo, es que no hubiera un solo vocero del Ministerio de Salud dispuesto a explicar lo sucedido. Una perlita más de la ‘exitosa’ estrategia comunicacional del Gobierno en estos tiempos de pandemia.

Aprovechando la coyuntura, Ipsos dio a conocer los resultados de una encuesta nacional urbana sobre vacunas y los resultados fueron sorprendentes. Si bien un 75% de los participantes dijo estar dispuesto a aplicársela en caso hubiese una disponible, un 22% afirmó que no lo haría.

¿Y cuáles son las razones de los ‘antivacunas’ locales? Un 45% afirmó que no cree en su eficacia, mientras que el 40% señaló que “puede causar otras enfermedades”. Un 11%, al parecer embriagado por los disparates que suele repetir Miguel Bosé, adujo que la vacuna “tendría microchips para rastrear personas” y un 5% porque sería “de origen extranjero”.

Desde que la pandemia tocó nuestro país, desde diversos frentes se ha pedido al Gobierno que ponga en marcha una agresiva campaña de comunicación que informe sobre los peligros del virus y las medidas de prevención que es necesario tomar. A juzgar por un reciente informe del periodista Fernando Vivas, esta se lanzaría en breve.

Pero esta campaña, que debe ser lo suficientemente persuasiva y viralizable, requiere también incluir información sobre los beneficios de una eventual vacuna. Sería muy peligroso que un porcentaje importante de la población deje de aplicársela, más aún si para ello esgrime razones alimentadas por teorías conspiranoicas y otras mentiras. La ignorancia es uno de los más importantes aliados del COVID-19.

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