Martín Vizcarra. (Foto: Presidencia de la República | Archivo)
Martín Vizcarra. (Foto: Presidencia de la República | Archivo)
/ Andres Valle
Pedro Ortiz Bisso

Es absurdo que por unos audios que merecen una profunda investigación, pero que de por sí no acreditan delitos, y que tienen como uno de sus protagonistas a un fanfarrón, se pretenda vacar al presidente de la República.

Hacia ello va nuestro Congreso, cuya capacidad para superarse a sí mismo parece infinita.

Detrás de esta maniobra no hay ningún ánimo fiscalizador. Basta con fijarse en los antecedentes del señor Alarcón (denunciado por la Fiscal de la Nación) o recordar con qué partido llegó al Congreso (Antauro Humala debe estar salivando en su celda). O hacer lo mismo con otros de sus dilectos colegas, como el señor Luna, enemigo número 1 de la “maldita Sunedu”. ¿Y la investigación de los ‘Cuellos Blancos’ donde Podemos, de los señores Luna y Urresti, tienen mucho que explicar? ¿Y la norma que establece impedimentos para que los sentenciados postulen? Hay más etcéteras en este cuento, un burdo “sálvese quien pueda” en la peor crisis sanitaria de nuestra historia.

Esto no libra de la vergüenza al señor Vizcarra, quien no ha sido transparente con el país y cuyo protagonismo en el tristemente Caso Swing debe ser investigado. Sin embargo, hasta el momento no existe un hecho que acredite la necesidad de su salida de la presidencia.

Ante situaciones como esta, un país civilizado actúa con firmeza, pero con calma, respetando los procedimientos que manda la ley.

Escribí un país civilizado. Grave error.

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