Juan Carlos Fangacio Arakaki

Marko Franco Domenak firmaba todas sus obras con un sencillo WA. No eran unas iniciales, como muchos creían, sino el sonido del famoso ‘gua’ piurano. Una expresión coloquial y muy extendida en la región norteña. Él venía de allá, específicamente de Sullana, y entonces aquel WA era una manera de aferrarse a sus raíces.

Aquí en Lima, el artista eligió como barrio el siempre vivaz Mirones. Y decoró ese entorno con sus murales, como aquel de un enorme gato que dormía bajo las columnas de un edificio. Y así fue poniéndole colores a toda la ciudad. Las imágenes de un Víctor Humareda carcajeándose en el jirón Azángaro, o , que embellecía la pared lateral del Centro Cultural de España, en la avenida Arenales.

Uno de los murales de Marko Franco Domenak en su barrio de Mirones. (Foto: Facebook Marko Franco Domenak)
Uno de los murales de Marko Franco Domenak en su barrio de Mirones. (Foto: Facebook Marko Franco Domenak)

Pero el arte, es sabido, puede ser ingrato. Entonces Domenak se dedicó a hacer murales donde cualquier cliente lo convocara. En instituciones privadas, restaurantes, domicilios. Y aunque fueran trabajos por encargo, siempre entregó lo mejor de su talento, aquella envidiable capacidad para llevar su trazo a amplias dimensiones.

Paradójica y trágicamente, fue mientras acudía a conversar con un cliente sobre un futuro mural, en San Martín de Porres, que Domenak , provocando su muerte. Las circunstancias del crimen deberán aclararlas las autoridades, pero la sensación de impotencia y tristeza que provoca su violenta partida permanecerá seguramente por mucho tiempo.

Mural de Domenak en homenaje al pintor Víctor Humareda, ubicado en el jirón Azángaro, del Centro de Lima. (Foto: Facebook Marko Franco Domenak)
Mural de Domenak en homenaje al pintor Víctor Humareda, ubicado en el jirón Azángaro, del Centro de Lima. (Foto: Facebook Marko Franco Domenak)

REACCIONES

La artista Nemiye Pérez Mardini, que conoció a Domenak en el 2004, en la Escuela de Bellas Artes donde estudiaron, lo recuerda por haber integrado el colectivo CODO, que realizó por esa época diversos murales en la Vía Expresa. “Nosotros integramos el primer colectivo de arte urbano que, digamos, se autopercibía como arte urbano, no solo como grafitis. Teníamos la visión de no limitarnos en cuanto a materiales ni a soportes”, afirma.

Quisiera recordarlo como alguien al que le apasionaba lo que hacía y que incentivaba a otros. Marko era generoso en este sentido. Quería que otros sintieran la misma en una pasión que él tenía por su trabajo, por el arte”, agrega Pérez Mardini.

Por su parte, la curadora y artista Teresa Arias Rojas destacó como las obras de Domenak transformaron la ciudad en un espacio más agradable. “Sus creaciones llenas de color y fantasía tenían el poder de despejarnos de la rutina urbana. Lo conocimos el año 1999 cuando aún era estudiante de Bellas Artes. En aquel entonces participó en el Salón de Arte Joven del Museo de Arte de San Marcos. Era un joven talentoso y de contagiante alegría, conversador y entusiasta”, cuenta Arias.

“Con el tiempo se convirtió en uno de los muralistas más destacados de nuestro medio artístico, impulsando este género en los más jóvenes. Formó parte del colectivo CODO, que ha tenido una presencia importante en el ambiente del grafiti peruano. Hemos seguido su carrera artística viendo su obra destacar en muestras colectivas y festivales de arte urbano, así como en murales en diferentes distritos de Lima. Un mundo de fantasía donde la niñez y nuestra fauna eran los principales protagonistas”, agrega.