Sacha Baron Cohen vuelve a ser Borat. (Foto: Difusión)
Sacha Baron Cohen vuelve a ser Borat. (Foto: Difusión)
Sebastián Pimentel

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La comedia política, dentro del cine, nunca fue la misma desde que en 2006 irrumpiera en escena un actor británico, de ascendencia judía, dispuesto a disfrazarse de un periodista de Kazajstán que va a Estados Unidos a hacer un reportaje cultural. El actor era Sacha Baron Cohen, y su personaje se llamó Borat. La película, dirigida por Larry Charles, fue un éxito instantáneo por varias razones.

Quizá la principal razón del suceso de “Borat” (2006), tuvo que ver con el efecto sorpresa, totalmente anárquico, de este fingido ingenuo tercermundista que devela, con falso estupor, el rostro monstruoso de la sociedad norteamericana. Así se evidenciaba la hipocresía, el racismo, sexismo y machismo de la que, supuestamente, era una nación “superior” para los pobres habitantes de un villorrio de Kazajstán.

Este humor casi de guerrilla lograba, muchas veces, desestabilizar tanto al espectador, como a muchos ciudadanos desprevenidos que se veían asaltados por Borat. Sin embargo, este efecto sorpresa parece haber menguado en la secuela, emitida por Amazon Prime vía streaming, y que se ha convertido instantáneamente en otro éxito de público, nada menos que a pocas semanas de las elecciones presidenciales de EEUU.

Pues bien, el mundo ha cambiado mucho desde los años de George W. Bush. Estamos ahora ante “McDonald Trump”. Y es claro que la película se propone como un decidido ataque a la figura de este presidente conservador, nacionalista y populista, con el nuevo viaje de Borat a “América”, solo que esta vez acompañado por un mono —como obsequio para el presidente—, y por Tutar (María Bakalova), la hija de Borat.

Chirriante, con una convicción pocas veces vista para hacer reír desde el desplante grosero y enloquecido, Bakalova deja un poco bajo la sombra a su coprotagonista. Pese a sus ganas de hacer “terrorismo” humorístico, a Baron Cohen le cuesta mucho desprenderse de su propia aura de actor o personaje célebre. Tanto es así que Borat decide disfrazarse de otros personajes en la mayor parte del filme, estrategia que funciona a medias.

Con un agresivo baile, que muestra en movimientos frenéticos la sangre de la menstruación, Tutar es capaz de sabotear una fiesta de quinceañeras organizada por unos aristócratas sureños. Borat, en cambio, ensaya gags que, si bien son ingeniosos y a veces chocantes, dependen de una serie de actos de travestismo que aminoran la furia anárquica, de confrontación abierta, que se paseaba por las calles en el filme primigenio.

Aún así, esta secuela, con su nervioso formato de documental fingido, y con su repertorio de fascistas blancos —muchos de ellos verdaderos desprevenidos engañados por Borat—, es una experiencia de riesgo donde se cometen algunas fechorías dignas de verse más de una vez. Una de ellas es la entrada de Borat, disfrazado de Trump, a una convención republicana del Vicepresidente Mike Pence.

La otra secuencia antológica es la que protagoniza el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani, al ser entrevistado por la bella Tutar, Estas celadas, que pretenden desnudar —aunque escondan poco— figuras emblemáticas del entorno de Trump, están entre lo mejor. Así, decidido a darle su merecido a los líderes de un mundo demasiado fascista, y si bien la aventura de Borat termina por alinearse a lo “políticamente correcto”, el filme no deja de proponer una mirada crítica de una sociedad cada vez más esperpéntica: todo un reflejo indigno de un personaje excesivo que es, en el fondo, un inquisidor moral.

LA FICHA

Título original: “Borat Subsequent Moviefilm”.

Género: Comedia.

País y año: EEUU, 2020.

Director: Jason Woliner.

Actores: Sacha Baron Cohen, Maria Bakalova, Tom Hanks.

Calificación: ★★★.