“Una buena nariz no te asegura ser un buen perfumista”
“Una buena nariz no te asegura ser un buen perfumista”

Nací en París hace 48 años pero viví al norte de Francia, cerca de la frontera con Bélgica. Estoy casado y tengo tres hijos. Mi olor favorito es el azafrán, mi abuela lo usaba para preparar cuscús. Desde hace 24 años trabajo para Cosmo International Fragrances de Yanbal.

La nariz de Arnaud Winter puede reconocer y diferenciar cerca de 5 mil aromas. Este perfumista francés es considerado uno de los 10 ‘narices’ –nombre que se emplea con los expertos del olfato– más prodigiosos del mundo. “No lo había dicho antes, pero que me consideren como uno de los mejores narices me parece un poco exagerado”, nos dice durante su paso por el Perú.

—¿Es algo que lo incomoda? 
No tanto así, solo que soy parte de un grupo especial de perfumistas de casa. Las empresas como Channel o Cartier tienen a sus propios perfumistas y Unique también tiene a los suyos, yo formo parte de ellos. No solo trabajamos con el aroma sino que tenemos información del envase, del nombre, eso nos permite contar una historia con cada fragancia.

—¿Cuándo se dio cuenta de que contaba con esta capacidad? 
Fue pura suerte. Muchos perfumistas siguieron el oficio de su abuelo o tío, empezaron bastante jóvenes en los almacenes y poco a poco desarrollaron su arte. Yo viví al norte de Francia, donde hay más cervezas y papas que perfumes. Pero pasaba mucho tiempo con mi abuela, ella me brindó ese contacto con la pintura, el dibujo y la naturaleza, fue una experiencia que asimilé tanto con los ojos como con la nariz. Eso fue muy importante en mi desarrollo, pero caer en esta profesión fue una casualidad.

—Cuénteme esa casualidad… 
Estudiaba Química en la universidad y andaba buscando cómo hacer algo bueno. Mi vocación no era producir ácido sulfúrico. Un día, a los 19 o 20 años, encontré la dirección de la única escuela de perfumería en París, el Instituto Superior de Perfumería. Había una competencia dura para entrar, tenían 15 vacantes para 500 postulantes. Pero lo intenté y por suerte me seleccionaron.

—¿Cómo son esas pruebas? 
Había entrevistas con perfumistas famosos, gente de la escuela, exámenes de química, de cultura general y de olfacción; es necesario que tu nariz logre distinguir entre aromas parecidos, te miden la precisión al determinar a qué cosa pertenece cada olor. La personalidad de cada uno también es decisiva, puedes tener una buena nariz, pero una buena nariz no te asegura ser un buen perfumista. 

—¿Qué se necesita entonces? 
La capacidad de crear, de imaginar, es como todo artista. Las notas son solo herramientas para un músico, depende de él cómo las ordena. En las fragancias es lo mismo, tienes 3 mil o 4 mil notas y debes imaginar cómo mezclarlas. Una fragancia se piensa, se imagina antes de desarrollarse. Yo tengo la idea de un perfume en mente y basado en eso busco los ingredientes que me ayudarán a darle forma.

—¿Siguió algún tipo de entrenamiento para distinguir los olores? 
Ninguno en especial. Aunque mi madre dice que mi relación con el mundo siempre se daba a través de mi nariz, tengo muchos recuerdos de gente por cómo olían. De niño robaba algunas especias de la cocina de mi abuela para olerlos en mi cuarto. Pero no fue con la intención de volverme un perfumista, solo caí en este mundo y me parece algo fantástico.

—¿No cree que el olfato es el sentido más subestimado?
Pienso que es el más poderoso, no puedes parar de respirar. Así que conscientemente o no estás oliendo todo el tiempo. Lo que pasa es que para la gente es muy misterioso porque es intocable. Trabajas con aire, no es una pintura. No creo que no sea apreciado sino que no lo conocen, y es parte de nuestro trabajo como perfumistas educar y abrir este mundo secreto para que lo entiendan y valoren. Esto es un arte pero también un negocio. Se deben desarrollar fragancias que sean exitosas en el mercado, la última que he sacado se llama Indómito.

—El otro día revisaba la novela “El perfume”, de Patrick Süskind… 
No hacemos eso, no tengas miedo, no matamos gente [risas].

—En el libro comparan la labor del perfumista con la de un alquimista. 
Es más bien como un artesano, hay un proceso para aprender pero no encuentras un libro o una receta para hacer una fragancia de jazmín, por ejemplo. Es muy empírico, cada perfumista tiene su propio estilo.

—¿Nunca ha temido que el aroma que le gusta no le agrade a la gente? 
Por eso es importante que el perfumista tome en cuenta a su mercado, más allá de su inspiración. Pero hay que tomar riesgos, si no lo haces no puedes ser un líder. Digamos que la labor de un perfumista es escuchar a su mercado, pero también tomar riesgos que cambiarán un poco las ideas que ya están en el mercado. Mi idea, y la de Unique, es desarrollar la fragancia del mañana, no la de hoy.

—En una entrevista dijo que había creado una fragancia para atraer al sexo opuesto. ¿Es tan poderoso un perfume?
¡Esa es la idea! Claro que es poderoso, le habla al inconsciente, es una herramienta de seducción. Pero cada persona percibirá una fragancia de manera diferente, dependiendo de su historia olfativa. Esa memoria se construye con las flores que olías de niño o el aroma de la casa de tu abuela; cuando huelas algo similar tendrás mayor sensibilidad hacia eso. Cada fragancia tiene su poder y este varía dependiendo de cada persona, lo difícil es conseguir una que les guste a todos, ese es el reto. Creo que nosotros tenemos una buena idea.

—Entremos en su memoria olfativa, ¿a qué huele París?
París son flores, las fresias, las rosas. Hay un jardín donde está la colección más grande de rosas en el mundo. Ese es el olor de París para mí.

—¿Y Lima? 
Lima es compleja. La comida es especial, son especias, son frutas, la flor de maracuyá me habla muchísimo de Lima y la chirimoya es superperuana. Los viajes, encuentros o comidas ayudan a esa inmensa biblioteca olfativa que cada uno tiene.

—¿Hasta dónde ha ido para encontrar un olor?
Para Indómito, por ejemplo, tuvimos que viajar hasta Nepal con el fin de encontrar el timur, una mezcla de olores entre flor de maracuyá y toronja. Pero esos viajes están a cargo de un equipo especial, son nuestros Indiana Jones que realizan expediciones de dos o tres semanas, se contactan con poblaciones locales. Ellos llevan unas 100 plantas nuevas y nosotros seleccionamos una o dos para crear una fragancia.

—Con todos los insumos, ¿cuánto tiempo toma crear una nueva fragancia? 
Depende… Puede tomar hasta 4 o 5 años. Incluso hay fragancias que he imaginado y aún no he podido realizar, las trabajo desde hace 5, 10 o 15 años. Siempre trabajo con proyectos personales, y el sueño de todo perfumista es crear una fragancia especial para cada persona. No he podido hacerlo para todos pero he desarrollado una especial para mi esposa.

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