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Chavela Vargas, paloma negra de los excesos | VIDEOS

A cien años de su nacimiento, recordamos a la dama de poncho rojo, pelo de plata y carne morena.
El 2002 llegó a Lima, que terminó probando su verbo incendiario

Chavela Vargas

Chavela Vargas. (Foto: Difusión).

"Silencio, silencio: a partir de hoy las amarguras volverán a ser amargas... se ha ido la gran dama Chavela Vargas". El tuit fue escrito a las 13:07 del 5 de agosto del 2012 a los pies del Chalchitépetl, el espigado cerro tepozteco con el que todos los días hablaba. Y el bulevar se pobló de sueños rotos, epicentro de terremotos. Porque la dama valiente de poncho rojo acababa de cerrar los ojos para siempre. "Yo, como Carlos [Fuentes], quiero morir un martes o miércoles. No me gustaría arruinarle el fin de semana a nadie", había escrito antes en sus redes. Pero cuando murió era domingo. Y el fin de semana terminaba hecho pedazos.

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Más o menos como la infancia de esa niña nacida en 1919 en un triste páramo cafetalero de Costa Rica. Abandonada por sus padres —él alcohólico, ella hipocondriaca— malvivió con sus tíos en lo que llamaría 'un nido de soledades'. Cuando llegaban visitas la escondían para no avergonzarse. "Yo era homosexual desde muy niña. Y mis padres, hermanos, familia, conocidos y desconocidos utilizaban para mi homosexualidad la palabra rareza". Por eso apenas adolescente huyó rumbo a México. "No tuve la mesa puesta, ni sábanas de hilo, ni me decían 'te quiero'. Ni el mundo me quiso ni yo quise al mundo. Me dejó sentir los miedos de la soledad y tuve que armarme de coraje. Ya sé que por eso me llaman valentona, indomable, retadora como filo de puñal".

LA FLOR DE MI DOLOR
Fue el puñal y la herida, ciertamente. Un alma atormentada expiando el desamor. Trabajando de todo, lustrando pisos. "México me enseñó a ser lo que soy no con besos ni abrazos, a patadas. México me agarró y me dijo: te voy a hacer mujer, te voy a criar en tierra de hombres". Y ella respondió igual, subiendo al escenario como un macho pistola al cinto. Rompiendo el colorido pintoresquismo, alterando conceptualmente la ranchera: eliminó su carácter festivo y lo desnudó hasta la desolación. Lo que quedó fue una especie de musicalidad a lo José Alfredo Jiménez sazonada con la ebriedad de Tom Waits.

Con pantalones, pelo corto y poncho rojo parecía una drag folklórica. Sin faldas ni aretes —"yo vestida de mujer parecía un travesti"— era una mujer de armas gatillar. Y desde las antípodas del glam le cantó a los amores contrariados con la voz rasposa, desesperada. Soledad, melancolía y melodrama confluyeron en una estética insólita. En una garganta que hace arder mariachis, boleros, tangos, valses, corridos revolucionarios y sones antillanos. Hasta su naufragio en mares de tequila. Y cuando todos creían que estaba muerta desde 1979, reapareció veinte años después —"me tomé cuarenta y cinco mil litros de tequila y aún puedo donar mi hígado" — con una estética refinada, de alta pureza artística. Así reconquistó España y desarrolló una carrera extracurricular en el cine de la mano de Almodóvar, su único 'marido en la Tierra'.

Porque lo suyo fue una larga lista de amantes anónimas y dos celebridades: Frida Kahlo —"sus cejas juntas eran una golondrina en pleno vuelo"— y 'el animal más bello del mundo' como consecuencia de la fiesta matrimonial de Elizabeth Taylor en Acapulco (1957). "Cuando todo el mundo amaneció con todo el mundo, yo amanecí con Ava Gardner", dijo. Por eso su sexualidad se hizo también legendaria. Un lesbianismo libertario hecho de huídas y desamores. De éxtasis y abandonos. Fabricado con un misticismo sin dogma que terminó haciendo añicos el necio machismo mexicano.

ADIÓS, VOLCÁN
Es así como el sábado 13 de octubre del 2002 se presentó en Lima. Antes, en la conferencia de prensa había disparado contra Alejandro Fernández y Luis Miguel —"esos antipáticos se sienten la mamá de Tarzán, creen que han descubierto el hilo negro"— y Armando Manzanero, quien llamó 'soberbia' a María Félix: "Lo que tiene de chaparro lo tiene de hocicón. No me llega acá", dijo, señalando su hombro. ¿Y qué opina usted del Grammy Latino? "Es una mezcla de cerveza con bicarbonato. Se te sube y se va a las dos horas, no queda nada. Por cosas como esa se han destrozado ritmos como la cumbia y el vallenato. ¿Quién ostenta la Gran Cruz de la Orden Isabel La Católica? Yo la tengo, no ese tipo de premios".

Luego, con jorongo y guitarra, intacta a sus 83 años, Chavela estremeció el María Angola con una voz que parecía haber estado largo tiempo macerándose en mezcal. Desfilaron los clásicos "La llorona", "Paloma negra", "Macorina", "Que te vaya bonito" y "Un mundo raro" antes del doble 'bis' con "La flor de la canela" y "Puente de los suspiros". Para que "En el último trago" se envuelva con la bicolor y el pueblo peruano coree largamente su nombre. Sería la voz de otra peruana, su gran amiga Tania Libertad, la que arrulle su cadáver el 6 de agosto del 2012 en Plaza de Garibaldi y en el Palacio de Bellas Artes. Y así fue como se marchó, como un chaman que agita su bolsa de huesos y salen todos los espíritus. Por eso es ahora luz de luna en una noche triste.

SU VOZ PERSISTE
A 7 años de su muerte canta mejor que nunca.

"Chavela es la voz áspera de la ternura". - Pedro Almodóvar

"Todo el México que yo conozco, el de José Alfredo, la revolución, los mariachis, los republicanos españoles, me lo metió en el corazón Chavela Vargas". - Joaquín Sabina

"Chavela ha sabido expresar la desolación de las rancheras con la radical desnudez del blues". - Carlos Monsivais

"Oír a Chavela es saber que no somos parte del rebaño. Canta para nosotros y sentimos que nos quiere". - Carlos Fuentes

"Chavela es una chamana de la canción. Y las chamanas cuando curan, sangran". - Martirio

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