Día de la canción criolla: Pepe Villalobos vuelve al barrio

Pepe Villalobos regresa a Barrios Altos, cuna del criollismo, por el Día de la canción criolla. En cada paso que da rememora los mejores momentos de la jarana, sus lugares, cantantes, compositores y hasta lo que se comía y bebía. Porque para el “Rey del festejo” hay una frase muy cierta: “Guitarra, cajón y olla es la música criolla”.

José Villalobos Cavero, músico y compositor criollo, nos abre las puertas de su nueva casa en Lince, punto de partida de un recorrido que nos llevará hasta Barrios Altos. En esas calles creció su amor por la música criolla: “yo me he metido a todos los callejones de Lima, soy egresado de la gran universidad del callejón”.

Basta dar una mirada a las fotografías que adornan su peña, para darse cuenta que fue testigo de grandes jaranas. “No sé cómo me aguantaba mi esposa”, recuerda entre risas. Sentado con guitarra en mano –y rodeado de cajones y quijadas de burro que también ejecuta– cuenta que la calle más representativa del criollismo en Barrios Altos es el jirón Ancash.

Antes de los centros musicales y peñas existían las “casas de anfitrionaje”, como él las llama, y dice que en Lima no llegaban ni a 6. En la antigua calle Yuta, frente al Hospital Dos de Mayo, quedaba su casa y como buen anfitrión donaba algunas cervezas para empezar la jarana, que algunas veces iniciaba a las 10 de la mañana. Entre valses y polcas, la fiesta cerraba con la infaltable marinera limeña.

COSAS DE VALENTINA
El callejón El Buque, en La Victoria, donde escribió el festejo “Mueve tu cucú”, guarda un lugar especial en su memoria: “Ahí estaba la casa de Valentina Barrionuevo –la reina de las peñas-, los más ‘graneados’ como Oscar Avilés y el ‘Zambo’ Cavero, llegaban allí”. De sus largas conversaciones con la “Valentina de Oro” escribió “Cosas de Tina”. “Desgraciadamente mi comadre no logró escucharla, murió unos meses antes”, cuenta apenado, mientras coge la guitarra y alza su voz para interpretar su canción.

Villalobos, además de tocar varios instrumentos, ha compuesto algunos de los festejos más populares como “Mi comadre Cocoliche”, “El Negrito Chinchiví” y “El Galpón”, inmortalizadas por su primo ‘Zambo’ Cavero, a quien cuidó como un padre cuando era un chiquillo de 10 años. Sin embargo, Pepe Villalobos reclama que “la mayoría de personas se emociona y se entusiasma con el ritmo, pero no se toman el tiempo para escuchar la letra”.

PRIMERA PARADA
El criollo deja la guitarra en casa para recordar sus pasos en Barrios Altos. Pasando por la iglesia de San Francisco dice “a la espalda está lo que es hoy Amazonas, ahí nací”, y agrega que debemos de conocer el lugar donde nació Felipe Pinglo: la antigua calle del Prado.

El “Padre del festejo” mira el mercado Mercedarias, en la antigua calle que tenía el mismo nombre, hoy la cuadra 11 de jirón Ancash. Antiguamente ocupaba el espacio el Callejón de Amberes y el Callejón del Fondo, centro de reunión de los primeros criollos. Este último colinda con la Quinta Hereen, donde se juntaban grupos como el Trío Mercedarias y el compositor Pablo Casas.

LA CATEDRAL DE PEPE 
“Aquí nace mi cariño, mi admiración y mi respeto por la música criolla y no ha habido una fuente más grande de aprendizaje que ésta: el callejón”, dice Villalobos a media cuadra del Hospital Neurológico. Ahí está la Quinta Sagrado Corazón de Jesús, antes conocida como el callejón de La Parra. “Ud. no sabe la emoción que siento al estar en este templo del criollismo, es como si estuviera en la catedral, rezando o comulgando”.

Aunque ahora los vecinos escuchen una potente salsa, el criollo recuerda que vivió en la casa número 9 y, en la número 8, un importante residente: Víctor “Gancho” Arciniega, uno de los más grandes cajoneadores del Perú. Mientras los niños jugaban, el pequeño Pepe escuchaba al vecino reunido con el conjunto Ricardo Palma, uno de los mejores en marinera limeña.

CHIQUITA CERCA AL CARMEN
“Acá venían músicos y compositores, el día central era el domingo. La mayoría de criollos venía a la iglesia del Carmen a escuchar su misa y luego acá a tomar su agua bendita, el pisco”, ríe Villalobos frente a la entrada de una tiendecita de la cuadra 11 del jirón Junín, “La chiquita”.

Era tal el respeto que se tenía a los grandes músicos que compositores ‘calichines’ sometían aquí a juicio sus primeras letras. En esta pequeña bodega fue que Pancho Estrada –destacado laudista criollo– le dijo a Pepe Villalobos, Félix Dongo, Gabriel Alvarado y Humberto Alegre que su cuarteto Tradición Limeña (vigente hasta hoy) debutaría en el recordado Karamanduca de la 18 de Arenales. La noche elegida fue la del 31 de octubre de 1960.

EL INICIO DE TODO
Pepe Villalobos camina orgulloso en la plaza Buenos Aires frente a chiquillos faltosos que ni idea tienen de la historia que los rodea. Frente a la casona de la esquina de la 12 de Miró Quesada, se detiene, está frente al primer centro musical del Perú, el Carlos A. Saco, donde se celebró por primera vez el Día de la Canción Criolla, allá en 1944.

“Al final de la escalera, había un espejo inmenso que tenía un letrero: ‘Si no tiene corbata, no entra’, para que vea el respeto que había por nuestra música criolla. Como yo era un niño no podía entrar”, dice Villalobos.

Para quien ha sido testigo directo de la historia de la música criolla, el tiempo siempre queda corto para continuar, pero como bien dice: “me queda la satisfacción de haber cooperado, haber dado algo y dar lo que me han enseñado, para que aprendan como yo lo hice”.

LA CASA DE PEPE VILLALOBOS
Pepe Villalobos recibe a todos en su nueva casa de la Av. Militar 2036 (Lince) los viernes y sábados desde las 9:00 pm, con una tarifa especial para los estudiantes. Además, organizan los jueves culturales, en los que se escucha una gran variedad de música.