Músicos venezolanos radicados en el Perú integran la orquesta Sinfónika, formada hace unos meses en nuestro país. (Juan Ponce)
Músicos venezolanos radicados en el Perú integran la orquesta Sinfónika, formada hace unos meses en nuestro país. (Juan Ponce)
Juan Carlos Fangacio Arakaki

No hace falta explicar lo que salta a la vista. La diáspora desatada en años recientes por la crisis en Venezuela nos interpela diariamente en las noticias del periódico, en la televisión, en plena calle. Son alrededor de 4 millones los venezolanos que han dejado el país durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Y entre ellos, aunque quizá sea una minoría, hay una importante cantidad de figuras ligadas al arte y la cultura. ¿Cómo es que se crea desde el desarraigo?

Allí está, por ejemplo, el compositor y director de orquesta Gustavo Dudamel, radicado en Estados Unidos y quien afirma que teme volver a su país por miedo a represalias. El emblemático Sistema Nacional de Orquestas venezolano, que él dirigió, no se ha salvado de la crisis. Aquí mismo, en el Perú, se han conformado agrupaciones como Sinfónika o el plan Lima Triumphante, que se valen del talento y la experiencia musical de nuestros vecinos.

“Todo está obsoleto y hay que inventarlo de nuevo, hay que inventar un nuevo lenguaje político que hable de democracia, de valores éticos, de libertad”, señalaba en una carta pública a sus compatriotas Carlos Cruz-Diez, el artista plástico de 95 años también en el exilio. El mundo del arte, aunque a muchos pueda parecerle ajeno a las crisis cotidianas, es otro de los sectores golpeados. Hace unas semanas, la curadora venezolana Gabriela Rangel fue designada como directora del prestigioso Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). “Prefiero no hablar de política porque es muy complicado y doloroso –señaló tras su nombramiento al diario argentino “La Nación”–. Eso no contribuye para nada a resolver una crisis que solamente se puede resolver en otro nivel. Cualquier cosa que yo te diga es desde la perspectiva de una persona que ha sido exiliada”.

CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA
Lo que señala Rangel adquiere mucho más sentido cuando se piensa en las motivaciones de los venezolanos que han tenido que abandonar su país. Porque a pesar de que en algunos casos pueda deberse a presiones políticas u hostigamientos intelectuales (que los hay), en muchos otros el móvil es la simple y dura supervivencia. Crear en una situación tan adversa se hace a veces imposible. Y en ciertos casos el que no crea, no come.

“No hay tela para hacer vestuarios. No se consiguen hilos elásticos. Para la iluminación tampoco se consiguen repuestos ni cables. Hay escasez en las cosas más básicas”, contaba hace unos meses Mayte Parias, una de las creadoras que participó en el ciclo “Por Venezuela”, de Microteatro, en el que se pudieron ver cinco montajes sobre diversas problemáticas en el país del norte.

Y es que entre la inestabilidad política y la incertidumbre, a veces se deja de lado el aspecto humano de la crisis, que también ha tocado fuerte a sus artistas.

Testimonio:
DIANA MONCADA (poeta y periodista):

"La crisis en un primer plano me afectó como a cualquier venezolano. Primero limitó mi capacidad adquisitiva drásticamente, afectó mi alimentación, después limitó mi estilo de vida y mi esparcimiento, me cercó en las cuatro paredes de mi casa porque salir a divertirme era tan peligroso como costoso. Tomarme unos tragos o un helado o ir al cine o al teatro sencillamente eran cosas que de ninguna manera podía costear, aun siendo periodista. Todo era insólito. Pero sobre todo afectó mi psiquis, sufrí ataques de ansiedad, me vi desplomada muchas veces ante la imposibilidad de comprar algo básico para mi familia o para mí o ayudar a alguien que estaba pasándola peor. Me sentí humillada, me generó una angustia que hoy todavía siento, aun estando lejos. Me generó miedo, rabia, impotencia. La crisis, como a todos, me rompió. Me siento rota porque todos mis afectos están desperdigados por el mundo y porque siento que no tengo un lugar a donde regresar, que hay amigos a los que quizás nunca más veré, que no hay nada que me ancle aquí, ni a ningún lugar, que todo es incertidumbre. Todo esto me hizo escribir mucho, al contrario de lo que pasaba con mis amigos teatreros o con mis amigos artistas que no encontraban sus materiales. Y no escribía sobre el país ni sobre la crisis, sino que hacía de mi escritura un espacio de cosas ajenas y extrañas para seguir explorando cuestiones del lenguaje y no de mi realidad inmediata, que era bastante decadente."

TAGS RELACIONADOS