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Los políticos y el Mundial: cuando la pelota sí se mancha

La relación entre la Copa del Mundo y la política ha dejado estampas terribles en la historia del fútbol

Los políticos y el Mundial: cuando la pelota sí se mancha

Los mundiales no se han librado de la perniciosa relación entre fútbol y política. Desde Benito Mussolini hasta Jorge Videla, no han sido pocos los dictadores y presidentes que se han metido a la cancha.

Pero eso no fue todo: este deporte también sirvió para empezar conflictos internacionales, imponer castigos inauditos y mantener vigentes viejos rencores.

Hay casos de todo tipo: desde las bravatas de Hitler y Mussolini hasta el ejemplo horroso de la dictadura de Videla que se retratan en esta imperdible infografía.

Sin embargo hay otros dos ejemplos (entre tantos) que también han llamado la atención. El primero de ellos ocurrió en Inglaterra 66, en tiempos en que Corea del Norte hacía su primera participación mundialista: los norcoreanos vencían 3-0 a Portugal hasta que los lusos, con Eusebio a la cabeza, despertaron y voltearon el encuentro 5-3. Lo que vino después fue macabro.

Según reveló uno de los miembros de ese equipo, Pak Seung Jin, varios jugadores norcoreanos pasaron años en una prisión denominada Yoduk como castigo. Era una prisión donde había que comer “cualquier cosa que se arrastre o vuele” para sobrevivir, según señalaron quienes pasaron por ahí. Eso fue algo mucho más duro de lo que ocurrió en Sudáfrica 2010, cuando el seleccionado completo fue condenado a seis horas de insultos por "traicionar la confianza del Querido Líder Kim Jong-Il".

En Alemania 1974, en tanto, Zaire se había convertido en la primera selección de África subsahariana en clasificar a una Copa del Mundo. Entusiasmado por la hazaña, el dictador Mobutu Sese Seko le regaló una casa y un auto a cada jugador. Los "leopardos" debutaron con una derrota de 2-0 frente a Escocia. Llegó Yugoslavia y les metió nueve goles y el sanguinario dictador estalló. "Si pierden por más de tres goles el próximo partido, no vuelven a ver a sus familias", advirtió. La amenaza estaba hecha y lo peor era que tocaba Brasil. El dramatismo del encuentro se resume con una jugada. A pocos minutos del final, los africanos perdían 3-0 y el árbitro cobró un tiro libre cerca de su área. Rivelino se disponía a patear cuando de pronto el lateral Ilunga M'wepu salió hecho una bala de la barrera y despejó el balón con un derechazo ante la incredulidad general. "¿Creen que me habría hecho pasar por un idiota deliberadamente? Estábamos jugando por nuestras vidas", confesó años más tarde en un libro de Jon Spurling sobre las historias oscuras de los mundiales. Mira aquí la jugada.

Textos: Juan Aurelio Arévalo / Francisco Sanz
Infografía: Raúl Rodríguez

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