El Comercio
Redacción EC

A pesar de que la extrema derecha radical estadounidense vive una renovación bajo el presidente Donald Trump, el  (KKK), que el último sábado organizó un mitin en Virginia, no es más que la sombra de la poderosa organización que alguna vez fue.


El KKK es un grupo racista, homofóbico y antisemita, cuyo principal objetivo es acabar con los derechos de los afrodescendientes. Fue formado en 1865 en Tennesse por ex oficiales confederados tras la guerra de secesión estadounidense.

"Actualmente el Ku Klux Klan es sobre todo un ensamblaje de pequeños grupos desunidos sin dirección central, muy inestables", explica a la AFP Oren Segal, director del Centro sobre Extremismo de la Liga Anti-Difamación (ADL), una asociación de lucha contra el antisemitismo.

"Esos grupúsculos tienen tendencia a formarse y disolverse muy rápidamente, muy pocos de ellos pueden ufanarse de tener una larga existencia y, en términos generales, el Ku Klux Klan no es más un movimiento que goce de buena salud entre los blancos convencidos de su supremacía", agregó.

Las imágenes difundidas en todo el mundo de esos hombres en trajes tradicionales reunidos el fin de semana en Charlottesville, Virginia, evocaron un pasado terrorífico: el de las antorchas, ceremonias con cruces ardiendo, linchamientos de negros y gigantescos desfiles.

Pero los Leales Caballeros Blancos del Ku Klux Klan apenas llegaban a los 40 en esta apacible ciudad de Virginia, frente a un millar de militantes antirracistas.

Los "caballeros" se proponían protestar contra el proyecto de retirar de un jardín municipal una estatua del general Robert E. Lee, quien comandó los ejércitos de los estados sureños esclavistas durante la Guerra de Secesión (1861-1865). Sus discursos fueron inaudibles, a causa de los gritos y las injurias en su contra.

Los expertos constatan un resurgimiento de los movimientos de extrema derecha, enardecidos por la campaña presidencial victoriosa de Trump.

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