Renzo Giner Vásquez

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En los próximos meses, dos países de África y Asia celebrarán elecciones en las que destacan un par de figuras peculiares. Los electores de , este 24 de diciembre, y de , el 9 de mayo del 2022, verán los apellidos de los exdictadores Gadafi y Marcos en sus boletas de sufragio.

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Hace mes y medio, Ferdinand Marcos Jr., conocido popularmente como ‘Bongbong’ e hijo del fallecido Ferdinand Marcos, oficializó su candidatura y prometió un “liderazgo unificador”.

Apenas el último domingo, en tanto, Saif al Islam –el segundo de los siete hijos del asesinado autócrata libio Muamar Gadafi– reapareció tras varios años para inscribir su candidatura. Meses atrás, en una entrevista con “The New York Times”, había adelantado sus ambiciones, asegurando que conseguiría unificar al país “para sacarlo de la profunda miseria”.

Saif al-Islam al Gadafi, el segundo de los siete hijos del fallecido exdictador libio Muamar Gadafi, durante una entrevista con la televisión francesa en abril del 2011. (Foto: BFM TV vía AFP)
Saif al-Islam al Gadafi, el segundo de los siete hijos del fallecido exdictador libio Muamar Gadafi, durante una entrevista con la televisión francesa en abril del 2011. (Foto: BFM TV vía AFP)

La mano de hierro libia

El 1 de septiembre de 1969, aprovechando el viaje del rey libio Idris I a Turquía, Muamar Gadafi lideró al denominado Movimiento de Oficiales Libres durante el golpe de Estado que conllevó al derrocamiento de la monarquía. La baja popularidad de Idris I, principalmente por sus conflictos con las autoridades tribales del país, provocó que la mayoría de libios apoyara la revolución.

Durante los primeros años de su régimen, Gadafi compaginó sus políticas de acceso gratuito a la salud y educación con una feroz persecución a cualquier tipo de oposición o pluralidad política. Además, los servicios de Inteligencia de países como Estados Unidos o el Reino Unido lo acusaron de financiar a grupos terroristas internacionales. Organizaciones defensoras de los derechos humanos como Human Rights Watch o Amnistía Internacional elaboraron diversos informes denunciando el hostigamiento, persecución, secuestro, ejecución y desapariciones de miles de opositores a Gadafi durante sus 42 años en el poder.

En el 2011, en plena Primavera Árabe, se desataron una serie de protestas sociales que buscaban acabar con su régimen. En el pasado, Gadafi ya había conseguido aplacar otros intentos de golpe de Estado, en todos los casos se había encargado de perseguir y eliminar a quienes las habían liderado. En esta ocasión, el ejército abatió a cientos de manifestantes en Bengasi y lanzó bombardeos contra otros bastiones revolucionarios.

Las protestas contra la dictadura de Gadafi se extendieron por todo el mundo. En la imagen, una manifestante palestina levanta una caricatura en contra del autócrata durante una marcha en Ramallah. (Foto: Abbas Momani / AFP)
Las protestas contra la dictadura de Gadafi se extendieron por todo el mundo. En la imagen, una manifestante palestina levanta una caricatura en contra del autócrata durante una marcha en Ramallah. (Foto: Abbas Momani / AFP)

Para junio, la Corte Penal Internacional (CPI) emitió órdenes de arresto contra Gadafi y su círculo más cercano por las violaciones a derechos humanos cometidos durante la violenta represión. Además, la OTAN se involucró directamente en lo que había escalado a una guerra civil. Finalmente, en agosto las fuerzas leales a Gadafi fueron derrotadas en la capital Trípoli y obligaron al dictador a huir hacia el oeste del país. Dos meses después, el 20 de octubre, fue capturado tras un enfrentamiento con los rebeldes y ejecutado por los mismos.

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Aferrado al poder

El 23 de septiembre de 1972 Ferdinand Marcos perpetró un autogolpe de Estado en Filipinas. Había sido elegido en las urnas en 1965 y conseguido una reelección en 1969. Sin embargo, durante este segundo periodo electoral comenzaron a despertar llamados a derrocarlo sobre los que el mismo Marcos reflexionaba en su diario, según se conoció años más tarde.

Apoyados por China, el movimiento comunista filipino comenzó a ganar fuerza y tuvo acceso a armamento que le permitió desarrollar su denominada “guerra popular”. Esta situación fue aprovechada por Marcos para decretar la Ley Marcial en el país en 1972, lo que en la práctica anulaba los derechos constitucionales y le permitía perpetuarse en el poder. Disolvió el Congreso, persiguió a los medios de comunicación, nacionalizó varias empresas, los índices de corrupción se dispararon y comenzó a encarcelar a los líderes de la oposición. Además, anunció que daba inicio a la “Nueva Sociedad”, una ideología ultranacionalista que encontró base en la reforma constitucional con la que el país pasaba de un modelo presidencialista a uno legislativo.

En las elecciones parlamentarias de 1978, tachadas de fraudulentas, Marcos consiguió el control total del Poder Legislativo, donde lo nombraron primer ministro. En 1981, con todos los poderes del Estado bajo su control, levantó la Ley Marcial, volvió a configurar el modelo de gobierno -esta vez a uno semipresidencial- y convocó a elecciones que fueron boicoteadas por la oposición, pero le permitieron sumar un nuevo mandato.

En 1983, con la popularidad de Marcos por los suelos y una severa crisis económica alimentada por la corrupción en Filipinas, se produjo el asesinato del líder opositor Ninoy Aquino. La misteriosa muerte, por la que se responsabiliza al régimen de Marcos, desató una ola de protestas en todo el país. A ello se sumaron las numerosas investigaciones periodísticas que revelaron la fuga de capitales por parte de la familia Marcos, quienes poseían millonarias inversiones en Estados Unidos.

Con las elecciones de 1986 saltó a la palestra la figura de Corazón Aquino, candidata opositora que, según el régimen, perdió en los comicios frente a Marco. Sin embargo, los resultados fueron desconocidos por la comunidad internacional, quienes exigieron la renuncia de Marcos. El 25 de febrero, luego de casi tres semanas de protestas callejeras y presión internacional, Marcos escapó junto a su familia hacia Hawái, luego de que las Fuerzas Armadas expresaran su apoyo a Aquino en caso de que el dictador no ceda el poder.

El exdictador filipino Ferdinand Marcos durante una entrevista brindada a la agencia AFP el 11 de marzo de 1985, un año antes de que se viera forzado a renunciar y huir del país junto a su familia hacia Hawái. (Foto: Romero Gacad / AFP)
El exdictador filipino Ferdinand Marcos durante una entrevista brindada a la agencia AFP el 11 de marzo de 1985, un año antes de que se viera forzado a renunciar y huir del país junto a su familia hacia Hawái. (Foto: Romero Gacad / AFP)
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ASPIRACIONES DE PODER

Un viejo refrán dice que los hijos no deberían pagar por los pecados de sus padres. Pero, ¿y si los hijos fueron coautores de estas mismas fechorías?

Tal es el caso de Saif al Islam al Gadafi, quien a sus 49 años es reclamado por la CPI para que responda por las acusaciones por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la represión que emprendió el régimen de su padre contra los manifestantes del 2011. Según los jueces de la CPI, existen indicios racionales para considerar al hijo de Gadafi como “responsable indirecto de la represión contra los civiles”.

Pero antes de que la justicia internacional llegara a él, Saif al Islam fue detenido por un grupo armado que había participado de la rebelión contra su padre en Zintan, al oeste del país. Dicho grupo lo condenó a muerte, pero la ejecución nunca se produjo y en su lugar fue liberado en el 2017.

Cabe resaltar que tras el derrocamiento de Gadafi, Libia se vio sumida en una nueva guerra civil que vio cómo hasta tres gobiernos se disputaban el control del país. Recién entre el 2020 e inicios del 2021, las mesas de diálogo impulsadas por la ONU, potencias occidentales y países vecinos a Libia lograron cierto éxito. Con la designación de Abdul Hamid Dbeiba como primer ministro interino desde febrero de este año, Libia se encamina a sus primeras elecciones presidenciales este 24 de diciembre.

Bajo esta nueva coyuntura, en julio Islam al Gadafi reapareció públicamente en una entrevista con “The New York Times”, en la que adelantaba sus deseos de postular a la presidencia. En dicha conversación, el hijo de Gadafi aseguraba que contaba con el apoyo de la población y que era la solución para los “años de miseria” por los que atravesaba el país.

El 14 de noviembre, Saif al Islam al Gadafi reapareció en público anunciando su candidatura para los comicios presidenciales libios del 24 de diciembre. (Foto: EFE)
El 14 de noviembre, Saif al Islam al Gadafi reapareció en público anunciando su candidatura para los comicios presidenciales libios del 24 de diciembre. (Foto: EFE)

La situación filipina es totalmente diferente. Desde que inició la actual campaña para elegir al sucesor del polémico Rodrigo Duterte, varios nombres han llevado la bandera de favorito. Tal es el caso del retirado boxeador Manny Pacquiao o del alcalde de Manila, Isko Moreno, que también participan en la contienda presidencial.

La entrada de ‘Bongbong’ en carrera confirma rumores que se extendieron durante meses. El político de 64 años lleva cuatro décadas alternando cargos públicos. Fue vicegobernador y gobernador en la provincia de Ilocos Norte, bastión de su familia; senador entre 2010 y 2016, y tentó sin éxito la vicepresidencia en los comicios de hace cinco años.

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Su popularidad, además, se ha visto incrementada en gran parte gracias al papel de los Duterte. El saliente mandatario encabezó una limpieza de imagen a favor del exdictador, repatrió sus restos y calificó a ‘Bongbong’ como un “sucesor adecuado”. Además, su hija Sara Duterte-Carpio, voceada por mucho tiempo como posible candidata presidencial, confirmo el martes que irá como su vicepresidenta.

El 5 de octubre, Ferdinand Marcos Jr., conocido popularmente como 'Bongbong', oficializó su candidatura presidencial en Filipinas. (Foto: Rouelle Umali / AFP)
El 5 de octubre, Ferdinand Marcos Jr., conocido popularmente como 'Bongbong', oficializó su candidatura presidencial en Filipinas. (Foto: Rouelle Umali / AFP)

Voces de protesta

Desde que Saif al Islam anunció su candidatura, se han registrado diversas protestas en ciudades como Zawiya o Misrata, al oeste del país. Además, organizaciones civiles y activistas libios han mostrado su preocupación por lo que podría suponer una venganza en caso de que el hijo de Gadafi consiga regresar al poder.

El director para Libia de Human Rights Watch, Hanan Salah, explicó al medio árabe Al Jazeera que lo más importante sería que Saif al Islam rinda cuentas ante la justicia internacional por las acusaciones en su contra. “Si bien existe cierta ambigüedad en torno a las leyes electorales y el estatus legal, no hay ambigüedad en lo que respecta a la obligación legal de las autoridades en Libia de arrestar y entregar a Saif al-Islam Gaddafi a la CPI en La Haya, donde es buscado por crímenes contra humanidad”, dijo.

“Gaddafi debe rendir cuentas por los graves crímenes que presuntamente cometió durante el levantamiento de 2011 en un juicio justo y transparente en la CPI”, agregó Salah.

En el caso filipino también se registraron manifestaciones, principalmente en Manila, contra la candidatura de Marcos y Duterte. El último domingo, por ejemplo, un grupo de activistas marcharon frente a la Comisión de Derechos Humanos por considerar a la dupla como una amenaza para la democracia filipina.

Ya en octubre, poco después de que oficializara su candidatura, se habían registrado otras protestas frente a la misma institución. En aquella ocasión, los manifestantes quemaron fotografías de Marcos Jr. y exigían que su familia devolviera lo robado al Estado, estimado en 10 mil millones de dólares en 1987, aunque los descendientes del exdictador negaran esta acusación.

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