El cuerpo encontrado cerca de Zipaquirá sí corresponde con la identidad de Adriana Pinzón.
El cuerpo encontrado cerca de Zipaquirá sí corresponde con la identidad de Adriana Pinzón. / Fiscalía General de la Nación

lo que había dicho Jonathan Torres sobre la muerte de su cuñada era mentira. Así se desprendió de la última audiencia en donde su confesión reveló lo que muchos sospechaban. Había tenido un ataque de ira, se salió de casillas y mató sin la más mínima clemencia a la psicóloga . Sus palabras sellan una pesadilla sin precedentes para una familia en Zipaquirá (Cundinamarca) .

En su relato cuenta que la psicóloga lo dejó entrar y que él le confesó que sostenía una relación con otra mujer, que eso desató una acalorada discusión entre ellos dos pues la profesional defendía a su hermana y que luego, simplemente, se enloqueció. La apuñaló al menos 11 veces y luego dejó que se asfixiara con su propia sangre.

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Esta es sola una parte del cruel relato que emergió en una audiencia que duró cuatro horas mientras las partes escuchaban aterradas cada palabra del homicida quien dijo estar arrepentido por los actos cometidos. “Actué de forma impulsiva. Ese no era yo”.

Fiscalía realiza levantamiento del cuerpo.
Fiscalía realiza levantamiento del cuerpo. / Fiscalía

Lo que sorprende es que a pesar de la sevicia con la que cometió el crimen el asesino solo vaya a pagar 28 años de cárcel, producto de su confesión y de los preacuerdos logrados por su abogado Jimmy Pepinoza. “Este consistió en una rebaja de pena del 40 por ciento. Se tipificó la pena por los delitos de homicidio agravado en concurso con desaparición forzada y se pactó en 28 años y una multa de 799.000 salarios mínimos”.

También hay una petición de funciones públicas durante 18 años. “Lo que sigue es la condena que se conocerá el próximo 30 de agosto a las 12: 30 de la mañana. Debo decir que la audiencia fue muy complicada porque las víctimas y la Procuraduría exigieron que se conocieran los detalles de los móviles del homicidio. Es decir, que todo fue a raíz de un tema pasional”.

Entre la espada y la pared, Torres supo que ya no podía seguir guardando silencio. Pidió estar a solas con su defensor, con el juez y con los delegados de la Procuraduría y así comenzó a narrar segundo a segundo cómo llevó a cabo el crimen.

Fiscalía realiza levantamiento del cuerpo.
Fiscalía realiza levantamiento del cuerpo. / Fiscalía

La confesión

Lo primero que hizo Jonathan Torres cuando supo que tenía que confesar todo lo que había sucedido fue pedirles perdón a todo el país y a la familia de Adriana Pinzón por lo que había sucedido, por el crimen que había cometido. “Me arrepiento mucho del acto que cometí. En su momento seguiré entregando información y ayudando, como siempre lo he hecho, para esclarecerlo todo. Hoy hay muchas personas, medios de comunicación, pero quiero decir que me arrepiento de corazón”.

Luego se refirió a la familia de Adriana. Dijo que reconocía que era buena, amorosa y que estaba muy arrepentido del acto que había cometido pero luego interrumpió para sembrar una duda. “Señora juez, yo quiero, después, contarles más detalles de lo sucedido. Solo sé que me acaloré, perdí el control sobre mí. Eso es lo que le puedo decir. Fue algo pasional, emocional. Será Dios quien juzgue por mis actos”.

Reconoció que durante su vida ha cometido muchos errores pero que trataba de salir adelante, de ser un buen esposo, buen hermano y ejemplo para su familia. “El día que que todo pasó yo estaba hablando con Adriana. No eran temas económicos como dijeron muchos. Lo cierto es que en un momento de la conversación chocamos”.

Le contó a la psicóloga que le estaba siendo infiel su hermana, Pilar Pinzón. Se confesó y eso generó un fuerte choque. " Yo ya estaba viviendo con esa otra persona y me sentía muy presionado. Yo tenía además deudas pero el crimen fue porque me vi presionado, no sabía cómo separarme de Pilar, la mamá de mi hijo, ella es una excelente mujer. Yo quería desahogarme con alguien y Adriana era la única persona a la que yo le contaba todo. Ella y yo somos de muy mal genio. Me arrepiento demasiado”.

Agregó: “Me dio tanto mal genio que terminé por cometer el homicidio. Estaba desesperado, no sabía qué hacer, pensé en un modalidad rápida. Luego de matarla tomé el carro y sin saber a dónde llevarla me desplacé hacia una vereda en donde yo trabajaba como médico veterinario. Allá dejé su cuerpo” .

Dijo que él nunca había tenido, como se especuló, una relación con Adriana Pinzón. Solo aclaró que le había contado de todas sus pasiones y que ante su reacción fue que ocurrió el desenlace fatal. “Sé que perdí una familia, que no volveré a ver a mi hijo, le pido perdón a mi Pili, a Alberto, el papá que nunca tuve, que me enseñó a pescar. Si pudiera devolver el tiempo no habría hecho algo así”.

‘No estamos de acuerdo con la pena’

Sandra Pinzón, hermana de la psicóloga asesinada, reprocha condena irrisoria.
Sandra Pinzón, hermana de la psicóloga asesinada, reprocha condena irrisoria. / CityTv

Tras escuchar la condena, Sandra Pinzón, hermana de Adriana y Pilar Pinzón, dijo que como víctimas estuvieron presentes en la audiencia de aprobación del preacuerdo. “Queremos resalar que desde que se iniciaron las negociaciones para ese acuerdo, como víctimas, jamás estuvimos de acuerdo. Siempre manifestamos que la pena es muy corta”.

Agregó que el daño que se le causó a la familia es muy grande. No estoy hablando solo de lo que vivió mi hermana sino el daño que nos causó y nos generó a nosotros como familia y a la sociedad. No estamos de acuerdo con la pena”.

Contó que durante la diligencia, cuando la Procuraduría le dijo a Jonathan que debía contar toda la verdad y los motivos del crimen. “Este señor, a pesar de todo lo que se le dijo, prendió la cámara obligado y dijo que había matado a mi hermana porque le contó sobre una infidelidad hacia mi hermana Pilar y que eso había desatado una pelea que terminó con el crimen. La verdad su versión no tiene sentido. No creo que por un mal genio uno asesine a alguien así, con signos de tortura. Él aprovechó su condición de hombre y la indefensión de mi hermana para matarla”.

La noticia que conmocionó al país

Antes de la confesión de ayer Jonathan Torres venía guardando silencio, no lloraba. Esa fue la frase dicha por su abogado defensor que más sorprendió cuando se le preguntó sobre la versión de su cliente, sobre todo, porque sobre él recaía una grave imputación por los delitos de desaparición forzada y homicidio agravado.

Este es el nombre que resonaba cuando se hablaba de la desaparición de Adriana Pinzón, una exitosa psicóloga, empleada de una empresa petrolera, soltera y sin hijos, cuyo paradero no se volvió a saber desde el pasado 7 de junio. Vivía sola, en su apartamento de Zipaquirá, Cundinamarca, a donde nunca regresó.

Torres había mentido desde el comienzo. Había dicho que la última vez que la había visto fue en un concesionario de Chía, pues le estaba ayudando a vender su vehículo desde mayo, y que luego ella había tomado un servicio de Uber y hasta ahí él sabía, pero lo cierto es que después de una ardua investigación de la Fiscalía se pudo comprobar que algo no encajaba.

No pasaron muchos días para que se diera a conocer una serie de imágenes escabrosas. Videos de cámaras de seguridad del conjunto residencial donde vivía Adriana Pinzón dan cuenta de que Torres ingresó al apartamento sobre el mediodía del 7 junio de 2022. Entre las 6 y las 7:20 p. m. salió en dos oportunidades con el carro de su cuñada. Primero, con un morral negro; luego, con bolsas plásticas que cargaba con dificultad y que dejó en el baúl.

También se supo de manera oficial que, en la inspección hecha al inmueble de la mujer, los peritos forenses hallaron rastros de sangre en una habitación y en otros puntos. Una mujer que siempre le ha ayudado a la familia y que habría ido al lugar a hacer aseo también corroboró a la familia que había encontrado cosas raras como desorden, manchas y los artículos de aseo fuera de su lugar.

Adicionalmente, un conocido del investigado se acercó a las autoridades y reveló que Torres Campos le dio a guardar el maletín, el cual tenía cuchillos con manchas, documentos de la psicóloga como la licencia de conducción, entre otros elementos. Las muestras biológicas son valoradas en los laboratorios de genética del CTI.

EL TIEMPO se enteró de que ese conocido es el hermano de una mujer con quien Torres le venía siendo infiel a su esposa, Pilar Pinzón, con quien tuvo un hijo, y que este sería quien dio aviso a las autoridades sobre el morral donde encontró dos cuchillos y documentos personales de Adriana Pinzón untados de sangre. Esta familia también le habría estado reclamando a Torres por el préstamo de un millón de pesos y porque incumplió una promesa de llevárselos a vivir a Villavicencio.

Todo esto ha despertado el interés por saber más del pasado de Torres. Este periódico pudo establecer que es oriundo del Llano, al igual que su familia, y que su niñez no fue convencional. Le ha mencionado a su abogado que siempre sintió que su madre no lo quería y que la relación con su familia no es estrecha, pese a que ellos fueron quienes lo contrataron.

Día a día salían a relucir más pruebas. Citynoticias reveló unos audios en donde el dueño del concesionario afirma que la mujer nunca pisó su negocio. “Nunca vimos a la señora. Jonathan llegó sobre las 9:15 de la mañana y veo que ella desapareció a las 6″, dijo.

El comerciante aseguró que ese día no se pudo concretar el negocio porque faltaban varios documentos. “Yo había hecho una negociación en la cual entregaba un carro a un valor menor y tenía que dar un excedente. Al otro día él me trajo los traspasos firmados por la señora, pero en realidad no los firmó ella porque tenían fecha del 10 de junio (...). Ahí me di cuenta de que eran falsos”, aseguró.

También fueron perdiendo peso otras especulaciones como la de que detrás de la desaparición habría un seguro de por medio o los dineros producto de la venta de un vehículo, o por lo menos, según Narváez, eso no se ha mencionado en las audiencias.

¿Quién era Adriana Pinzón?

Esta psicóloga era una mujer de 42 años. Estudió en la Universidad Santo Tomás e hizo una especialización en Recursos Humanos en el Externado. Trabajaba para una compañía de petróleos llamada Sudamericanos Energy. Siempre fue una excelente estudiante, de las mejores. Estuvo becada más de la mitad de su carrera y en su posgrado. En su vida profesional y personal siempre le había ido muy bien.

Residía en el conjunto de bloques de apartamentos Santa Ana de Zipaquirá. Vivía hace poco allí porque la pandemia la sorprendió en un apartaestudio en Bogotá. Se había ido a vivir allá en arriendo por los trancones. Ese lugar quedaba cerca de su empresa. Cuando se acabaron las restricciones entregó el lugar y se devolvió al apartamento de su propiedad en Zipaquirá. Ella quería estar cerca de la familia.

Es la hermana del medio. Las tres, Sandra, Adriana y Pilar, dicen ser muy unidas. “Andamos juntas para todo lado. Lo único que nos ha separado son las cuestiones laborales. Por ejemplo, hubo un momento en que Adriana tuvo una oportunidad laboral en Bucaramanga y vivió un tiempo en esa ciudad. Ella venía a saludarnos o mi familia iba a visitarla, pero siempre estábamos en contacto”, contó Sandra.

Dicen que Jonathan apareció en la familia hace aproximadamente seis años, cuando inició una relación con Pilar. Se conocieron en el trabajo, en una clínica veterinaria de Chía. “Debo decir que mi hermana sí es veterinaria, él no, él solo es como un técnico. Lo cierto es que tenían una relación y nosotros lo acogimos en la familia”.

Él se había ganado la confianza de la familia. Era amable y servicial. “En este momento estamos completamente impactados. Es una cosa de locos. Una familia nunca espera algo así, menos de alguien a quien se le abrieron las puertas del hogar. Uno nunca se imagina que alguien de la familia esté relacionado con un asesinato”.

Sobre Pilar, Sandra cuenta que está muy mal. “Ella no sabe qué pensar. Siente un dolor inmenso. Ella es nuestra hermana menor y la más mimada. Mi hermana Adriana siempre la había consentido. Siente dolor por su hermana asesinada y por el padre de su hijo”.