RespuestasDesde el 12 de noviembre del 2019, Evo Molares no ha perdido oportunidad para agradecerle a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) por haberle “salvado la vida”. La primera vez que lo hizo fue ese mismo día, minutos después de aterrizar en Ciudad de México a bordo de un avión militar. Una de las últimas veces fue hace tres meses, cuando presumió cómo “su hermano del alma” lo invitó a las celebraciones por las fiestas patrias mexicanas en ese país.
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Tres años atrás, el ya expresidente de Bolivia acababa de llegar como asilado político tras verse obligado a renunciar a su cargo. La crisis derivada de unas cuestionadas elecciones presidenciales –coronada con un informe de la OEA que denunciaba irregularidades en los comicios– movilizó a las fuerzas armadas contra Morales, quien, denunciando un golpe de Estado, huyó del país.
Su llegada a México requirió una compleja operación de rescate. El avión de la Fuerza Aérea mexicana que tenía que recoger a Morales recibió varias negativas para aterrizar, viéndose obligado a volver a tierra y cambiar su ruta –para la que se requirió permisos del Perú, Bolivia, Paraguay y Brasil– hasta que finalmente llegó a México.
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En el país azteca su recibimiento no pudo ser mejor. El canciller, Marcelo Ebrard, le dio un abrazo tan pronto bajó del avión. El Gobierno Mexicano acogió sin reparos la teoría del golpe de Estado en Bolivia, y el propio AMLO dijo sentirse orgulloso de dar protección a Morales, mientras periodistas e incluso simpatizantes completaban la recepción. Pero muy pronto quedó claro que iba a ser un refugiado polémico.
“Con apenas 24 horas en el país como asilado político, Evo Morales recibió trato de visita de Estado, con condiciones de seguridad que ni siquiera el presidente Andrés Manuel López Obrador ha tenido, como el acompañamiento de exagentes de seguridad que en su momento protegieron a Enrique Peña Nieto cuando era mandatario”, dijo entonces el diario “El Universal”.
Muchas gracias hermano del alma, @lopezobrador_ por la invitación a celebrar las fiestas patrias de México en ese país que nos salvó la vida y sirvió de refugio ante la persecución de golpistas en 2019. La integración de América Latina se sostiene en la solidaridad de sus pueblos pic.twitter.com/o89sEaru2n
— Evo Morales Ayma (@evoespueblo) September 2, 2022
En el mes que pasó asilado en México –luego le sería concedida la misma gracia en Argentina–, Morales estuvo lejos de mantener un perfil discreto. Además de movilizarse en cuatro camionetas blindadas y ser escoltado por 14 guardias vestidos de civil, se reunió con sus seguidores, dio conferencias de prensa en hoteles, se entrevistó con políticos del partido gobernante y, a través de Twitter, tuvo confrontaciones casi a diario con el gobierno de Jeanine Áñez, quien asumió el poder en Bolivia tras su dimisión.
El gobierno de facto de Añez no respeta a los muertos en sus ataúdes, ni perdona a sus familiares, mujeres y niños que marchaban pacíficamente por el respeto a la vida y a la democracia. Condenamos la violencia que se ejerce contra nuestros hermanos y hermanas #ParenLaMasacre pic.twitter.com/61fjwRfWze
— Evo Morales Ayma (@evoespueblo) November 21, 2019
El sello de AMLO
No fue una sorpresa que el asilo provocara controversia y duras críticas hacia AMLO. Desde marchas de rechazo de mexicanos y bolivianos hasta cuestionamientos de políticos y representantes de la sociedad civil al “exilio dorado” de Morales. Encuestas publicadas en esas semanas afirmaban que entre un 55% y 68% de la ciudadanía rechazaba su presencia en el país, recuerda la BBC.
Si bien el asilo parecía ir en línea con la histórica tradición mexicana de brindar protección política, Raúl Trejo, investigador en el Instituto de Investigaciones sociales de la UNAM y columnista en el diario “Crónica”, afirma que AMLO ubicó el asilo a Morales en ese contexto por su propio beneficio.
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“En los últimos 50 años México ha tenido un papel destacado respaldando a personajes muy diversos, pero siempre dentro de las normas diplomáticas. Y esto lo ha roto López Obrador, que pareciera actuar más a partir de caprichos o de impulsos personales que tomando en cuenta las reglas internacionales”, dice a El Comercio.
En las semanas posteriores al asilo, la opinión pública en México se dividió entre los seguidores de AMLO que lo apoyaban a ciegas, y sus opositores y otros actores de la sociedad civil, que afirmaban que la política exterior mexicana estaba siendo desvirtuada, algo que, por estos días ha vuelto al debate con el ofrecimiento de asilo al expresidente golpista Pedro Castillo.
Para Nayar López, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, quienes defienden el enfoque de AMLO destacan su compromiso por rescatar la doctrina Estrada, que caracterizó la política exterior mexicana durante buena parte del siglo XX, y que, según el Gobierno, es clave pare reforzar la imagen de México en el extranjero.
“Como cualquier gobierno tiene su tendencia política, yo ubicaría al gobierno de AMLO como uno de centroizquierda, y en ese sentido hay que entender que aún no haya reconocido a la presidenta que ha designado el Congreso en el Perú”, dice el experto.
Por su parte, Trejo considera que el solitario respaldo al hoy expresidente Castillo confirma que para el presidente mexicano “sus intereses y simpatías están por encima de la legalidad”.
RAÚL TREJO
Investigador en el Instituto de Investigaciones sociales de la UNAM y columnista en el diario “Crónica”
La política exterior mexicana solía ser muy institucional y comprometida con las causas sociales, pero siempre tratando de ubicarse en el marco de las instituciones diplomáticas y de las normas institucionales. Pero Andrés Manuel López Obrador ha terminado con eso. Al asilo de Evo Morales se le recuerda como un incidente más entre los muchos que López Obrador ha protagonizado por encima de la legislación y del liderazgo que México solía tener o buscar en América Latina.
En México, especialmente en la opinión publicada en los medios, el respaldo del presidente López Obrador a Pedro Castillo, y al golpe de Estado que pretendió dar, ha suscitado mucha preocupación por dos causas.
En primer lugar, porque contradice el compromiso de la diplomacia mexicana con la democracia en otros sitios del mundo. López Obrador se coloca a contracorriente de las definiciones que han establecido presidentes como Lula da Silva en Brasil y Boric en Chile.
En segundo lugar, esa definición del presidente López Obrador en contra de la institucionalidad democrática ratifica sus posiciones más discutibles respecto de la política interna en mi país. López Obrador quiere debilitar al organismo electoral, que es independiente, y que ha garantizado que tengamos elecciones libres y competitivas. Ha desdeñado las normas constitucionales cuando no se ajustan a sus intereses (“no me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”, ha dicho).

AnálisisInterpretación de las noticias basada en evidencia, incluyendo data y proyecciones posibles en base a eventos pasados.

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