Ellos son 'los vengadores' criollos de Colombia
Ellos son 'los vengadores' criollos de Colombia
Redacción EC

Mientras miles de fanáticos de "Los Vengadores" cuentan las horas para ver la segunda entrega de la exitosa película que ya arrasa en las taquillas de todo el mundo, en distintos rincones de  un puñado de superhéroes de carne y hueso trabajan día tras día para vencer el hambre, la contaminación, la falta de cultura de ciudadana, salvar al río Magdalena, llevar a los niños a ver fútbol y hasta mejorar el tráfico.

Un grupo de reporteros del diario "El Tiempo" encontró en Bucaramanga, Bogotá, Barranquilla, Cartagena y Neiva a estos héroes que, en medio del anonimato y sin grandes poderes, libran grandes batallas para hacer del país un lugar mejor para vivir.

- SUPERPÁN LUCHA CONTRA EL HAMBRE

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

Bucaramanga. Vestido con un ceñido traje y botas con llamativos colores naranja, azul y blanco, una larga capa blanca y un casco blanco que tiene dibujado un pan en su parte frontal, Superpán recorre las calles del área metropolitana de Bucaramanga para regalar pan, jugo y ropa a los más pobres.

Montado en una pequeña moto blanca, Vespa, que él llama ‘Vespán’, el hombre de 1,87 metros de alto y 95 kilos de peso llega a cualquier sitio de la capital del departamento de Santander y los municipios vecinos de Girón, Floridablanca y Piedecuesta para extender su mano solidaria.

No es una misión casual o que dependa de fechas especiales. Sus recorridos los realiza todas las semanas entre tres y cuatro veces, regularmente por las noches.

Insistiendo en mantener su identidad en el anonimato, el superhéroe favorece con su trabajo a habitantes de calle, trabajadoras sexuales, ancianatos, hospitales y fundaciones.

De su ayuda no escapan los jóvenes que se ganan la vida limpiando vidrios de carros y haciendo acrobacias en los semáforos, ellos se ven sorprendidos por un hombre que empieza a brillar en la oscuridad y les sonríe entregándoles pan y jugo.

A pesar de que varias personas e instituciones le han insistido al héroe anónimo que en público revele su verdadera identidad, él responde: “solo quiero morir con el traje puesto ayudando a los más necesitados”.

- GREENMAN, EL BUEN CIUDADANO DE BOGOTÁ

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

Bogotá. Un día, hace 11 años, se dio cuenta de que algo andaba mal con su entorno inmediato. Empezó a notar que las personas tomaban ciertas actitudes que para él estaban mal. Cuando veía que alguien tiraba un papel al piso o al pasto de una zona verde de Bogotá lo invadía una furia que rayaba, a veces, con lo irracional.

Por ese entonces, sintió que la vida lo cercaba. Sintió simpleza en sus días, que a él sólo lo definían su reducido grupo de amigos, el gusto por el vino y su trabajo como artista.

Duró 7 años en ese estado hasta que decidió ser alguien más, renunciar a su nombre y ser un ciudadano que se preocupa y cuida el medio ambiente.

Su metamorfosis comenzó una noche, en la casa que ahora llama la ‘Greencueva’. Allí adoptó sus valores y acogió su bandera: el color verde.

También se le ocurrió el atuendo que no tiene capa, leotardo ni antifaz, solo pintura verde por todo el cuerpo, casco del mismo color con luces encima, camiseta del color del pasto, botas marca Dr. Martens pintadas del color de la esmeralda y pantalones más pálidos, pero del mismo color.

Reconoce que esa noche el proceso fue complicado. “Me pregunté: ¿cómo hago para romper ese muro de desconfianza con las personas y transmitir mi mensaje? Logré crear un personaje que se conecta con los niños y los jóvenes. Pero no fue fácil, me generó un problema de creación”.

Para resolverlo se acordó de una escultura que había hecho años atrás, una escultura de un ciclista y pensó: “seré ese ciclista”. A las 6 a.m. del siguiente día ya estaba verde sobre una bicicleta verde.

Sólo faltaba el nombre. Duró en el anonimato hasta que una tarde iba pedaleando en su bicicleta verde por la carrera séptima, cerca al Parque Nacional, cuando escuchó la voz de un niño gritando: '¡Oh, eres GreenMan porque vas todo verde!'.

Detuvo la bicicleta, se volteó en busca del origen de esa voz y vio que un niño, que caminaba en compañía de sus padres, estaba mirándolo, apuntando con el dedo. Desde ese momento asumió el nombre y la identidad que ese niño le regaló, a grito herido, una tarde bogotana.

GreenMan combate los comportamientos que van en contra del medio ambiente. Sus armas son ir en bicicleta para no contaminar, recoger toda la basura que pueda y liderar iniciativas para limpiar ríos y humedales. Esta semana, por el Día de la Tierra, movilizó a cerca de 40 personas de la localidad de Engativá para 'liberar' el humedal Jáboque.

Como los superhéroes de la ficción, también tiene enemigos que reducen su poder: “pierdo mis poderes cuando voy en mi bicicleta por las calles y veo la brutalidad con la que tratamos los ríos urbanos, cuando me doy cuenta que hay desperdicios por ahí. Cuando veo a personas golpeándose por un problema de tráfico. Ese tipo de cosas me hace perder el brillo”, cuenta con tristeza mientras localiza una bolsa plástica en medio de un inmaculado pasto verde.

En ese momento el casco se prende, sus ojos, bajo los párpados tiesos por la pintura, enfocan el objetivo y sale corriendo a llevar la bolsa a la basura. Una misión más cumplida.

Aunque GreenMan se niega a revelar su identidad, la ubicación de su casa o su trabajo cuando no está en labores de superhéroe, suele atender el llamado de la comunidad en la página de Facebook: GreenMan Verde.

- JUNIORMAN, EL HÉROE CONTRA EL TRÁFICO

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

Barranquilla. No vuela, ni le pone el pecho a las balas, pero tiene otras misiones que demandan sacrificio y entrega, como la de controlar el tráfico en la zona más congestionada de Barranquilla, y mover a toda una tribuna del estadio Metropolitano para llevar a su Junior del alma al triunfo.

Este es Juniorman, el súper hincha del cuadro tiburón y desde hace 10 años es común verlo en cualquier esquina de la ciudad con su ‘pito ganador’, entre filas de carros organizando el flujo vehicular en medio de aplausos de choferes y transeúntes.

Otro escenario donde aparece es el estadio Metropolitano. Aquí mueve a la hinchada juniorista a que haga la ola y sacuda las gradas para que los jugadores del cuadro tiburón sientan que no están solos.

Al estadio, como parte de su labor social, también suele llevar a niños de dos escuelas de fútbol que dirige en Malambo, municipio del área metropolitana de Barranquilla donde vive, y el barrio Nueva Colombia, en el suroccidente de la capital del Atlántico.

Todo esto lo hace Víctor González, un hombre de 43 años, padre de 6 hijos y conductor de bus de servicio urbano en Barranquilla desde hace 20 años.

A González en la calle lo conocen como ‘Roni el Juniorista’, un furibundo hincha, que se transforma en Juniorman, su personaje para hacer obras sociales, como llevar a los niños a ver los mejores arreglos de navidad de la ciudad en diciembre, servir de agente de tránsito y apoyar con toda su fuerza a su Junior del alma.

Su atuendo lo conforman un par de zapatos rojos, una polera azul, una camiseta del Junior manga larga, medias, calzón y la capa rojiblanca, además de una máscara y unas gafas con las que protege su identidad.

“La misión de Juniorman es transmitir alegría, paz y convivencia”, dice Roni, quien confiesa su afición por el equipo rojiblanco se la transmitió su padre, que de niño lo llevaba al estadio y ahora él hace lo mismo con sus hijos y los niños de sus escuelas de fútbol.

Juniorman tiene una vida social agitada. Sale a los desfile del carnaval de Barranquilla y se toma fotos con los asistentes. Su sueño es ser el protagonista de una película.

- SUPERECO COMBATE LA FALTA DE CONCIENCIA AMBIENTAL

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

Bogotá. “Yo no cazo la naturaleza, yo me caso con ella”, es una de las frases con las que Andrea* responde, con seguridad, cuando le preguntan por lo que hace por Bogotá.

Hace 5 años, la lucha por el cuidado del medio ambiente y la construcción de conciencia en temas ecológicos hicieron que esta colombiana, de 36 años haya decidido convertirse en SuperEco.

Dentro de una trusa color verde con hojas estampadas, botas a juego y un antifaz, Andrea combate, según ella, “la pereza, la falta de conciencia ambiental, la irresponsabilidad con la naturaleza y la contaminación”.

SuperEco tuvo su iniciación en la vida de los superhéroes a través de un sueño: “cuando era niña observé cómo una mariposa salía de un capullo y se posaba en mi mano, en ese instante, misteriosamente, cayó un rayo que se mezcló con el ADN de la mariposa con el mío y sufrí un cambio, una metamorfosis total en mi cuerpo, mente y espíritu”.

Con el pasar de los años empezó a darse cuenta del daño que el medio ambiente recibía de las acciones del ser humano. Como le empezó a doler la tala de árboles, el uso de pesticidas y la contaminación del agua y el aire, decidió asumir el emblema de la mariposa y la gota de agua que desde hace un lustro lleva en su pecho y que viste cuando está en su faceta de “difusora del amor por la vida y la naturaleza”.

Dentro de sus poderes están el del amor, el servicio, la solidaridad y las 4R: reducir (la contaminación ambiental), recuperar (los espacios verdes), reutilizar y reciclar. Con estos y el uso del arte y la pedagogía, pretende “lograr un mundo mejor y salvar al planeta de la destrucción y la contaminación”.

Mediante foros, conferencias, campañas y espectáculos artísticos busca sensibiliza a niños, jóvenes y adultos sobre la importancia de vivir en armonía con el medio ambiente y aprender a cuidarlo.

Actualmente está trabajando en dos proyectos que financia con su sueldo: ‘Amo a mi mascota, recojo sus desechos’, una iniciativa que busca concienciar sobre el civismo en parques y vía pública y ‘Casarnos con la naturaleza’ que, mediante el teatro dirigido a niños y jóvenes, trabaja en el amor hacia los árboles.

*Nombre cambiado a petición de la fuente.

- CAPITÁN CARTAGENA BUSCA MÁS CULTURA CIUDADANA

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

Cartagena. Todo comenzó en una fiesta de disfraces en el año 2012. Después de observar de cerca el carnaval de Río de Janeiro y de comprar unas gafas que no ha visto más en ninguna parte, pues semejan un antifaz negro al estilo de Batman, el director de cine John Nárvaez llegó a su natal Cartagena con la idea de hacer un disfraz diferente.

Y así fue. Buscó una bolsa de basura de las negras que le sirvió como capa, una botas viejas, una camiseta con la palabra Cartagena hecha por el famoso Runner, el mismo que escribe los avisos para las fiestas, y se puso las gafas-antifaz para personificar a un ciudadano inconforme con la pérdida de valores y de sentido de pertenencia que observaba en la ciudad, y así lo hizo saber con una tablilla que dice: ‘Quiere a tu prójimo, como amas al extranjero’.

“Eso fue en una fiesta de disfraces y todo el mundo tenía que ver con el mensaje y me insinuaron que siguiera con la idea”, señala Narváez.

Así, y aprovechando que al día siguiente de la fiesta en el Concejo de Cartagena se debatía sobre el presupuesto para la cultura de la ciudad, se coló al recinto y presentó ‘oficialmente’ su perfomance que ya tenía el nombre de ‘Capitán Cartagena’.

“El vigilante me dijo que tenía que salirme porque yo llegué con pantalones cortos y un polo, y ese era un recinto para personas honorables. Yo me indigné porque todos saben que allí no había ni una persona honorable y que, por el contrario, no hacían nada por recuperar la cultura y el sentido de pertenencia hacia la ciudad”, agregó.

De ahí en adelante, cada vez que encuentra la oportunidad, el ‘Capitán Cartagena’ sale a las calles de la ciudad a llevar su mensaje y a criticar hechos como la absoluta rendición que hay ante la cultura foránea y el desprecio hacia lo local.

“Critico, por ejemplo, que toda Colombia piense que las fiestas de Independencia de Cartagena sea el reinado de Raymundo, y que la palabra cívico esté prácticamente desaparecida del diccionario local”, sostuvo.

Para la divulgación de su mensaje, ya cuenta con su cuenta en las redes sociales y el mensaje de la tablilla que lleva consigo, piensa cambiarlo de acuerdo a la temática que esté trabajando.

- SÚPER H, EL DEFENSOR DEL RÍO MAGDALENA

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

(Foto: El Tiempo, Colombia/ GDA)

Neiva. A Honorio Muñoz Burbano todos lo recuerdan y lo saludan en las calles de Neiva (Huila), su ciudad de origen, porque con sus brazos llenos de energía tuvo la osadía de recorrer en 34 días los 1.500 kilómetros de extensión del río Magdalena.

Su aventura la hizo realidad en el 2010 cuando nadó entre el municipio de San Agustín, en las estribaciones del Macizo Colombiano donde está la laguna de La Magdalena, y la desembocadura del río en Bocas de Ceniza, en Barranquilla. 

Echando brazo pasó por pueblos, caseríos y más de 10 departamentos cuya economía depende de este afluente.

Con sus 75 kilos y 1,75 metros de altura, este licenciado en Educación Física, de 33 años y padre de 2 hijos, entendió que más que miedo a las turbulentas aguas, lo que se necesitaba era salvar el Magdalena de la contaminación, ya que recibe toneladas de químicos y desechos orgánicos de todo tipo, como ropa, zapatos, botellas, latas, colchones y hasta animales muertos.

“Me detenía en cada población para extender mi mensaje de amor y cuidado por nuestro río que es fuente de vida de millones de colombianos”, afirmó Honorio, que por ser el héroe de los ríos también lo llaman Súper H.

Llevar su idea a las empresas privadas y a las entidades estatales, en busca de patrocinio para sufragar los gastos del recorrido, no fue fácil, pues apenas decía que iría de Huila al Atlántico echando brazo, todos sonreían y burlaban.

“Me decían que era la mentira más grande del mundo, que mejor me fuera en barco o que tomara un bus porque ese río tan bravo nadie lo podía desafiar”, dice.

La partida en San Agustín no fue fácil por las corrientes fuertes y el agua fría que congelaba su cuerpo pero lo hizo y su aventura tuvo el primer inconveniente al quedar atrapado en un remolino o rollo de agua, como lo llama él, que lo sacó de las aguas y lo mandó contra una peña.

“En ese difícil momento pensé que debía atravesar grandes pruebas para luchar por este gran amigo del hombre”, dijo y recordó que otras dificultades fueron los dolores de oídos y molestias estomacales de tanto tomar agua, que incluso le generaron una baja de tensión en Calamar (Bolívar).

“Culminar esa primera aventura y llegar a Barranquilla fue muy grato, emocionante por el recibimiento y miles de abrazos que recibí de los colombianos”, señala Honorio.

No contento con esto, 3 años después resurgió la idea de repetir la aventura y lo hizo pero entregando en escuelas y colegios cartillas para que los niños de 5 a 12 años la coloreen y crezcan amando y respetando sus ríos.

“El nombre de Súper H nació en el primer recorrido pues los niños se sorprendían al verme nadando”, dice este hombre que lleva el cabello de color azul como una manera de reflejar en la sociedad el respeto por el agua.

Vive en Neiva junto a su familia y está satisfecho, pues la campaña con cartillas llegó a 70 colegios y más de 10.000 niños que replican sus ideas y sueños de ver, algún día, al río libre de contaminación.

“Súper H pueden ser todos los colombianos, todos podemos reciclar, amar y respetar nuestro río insignia, así como toda la riqueza hídrica del país”, concluyó.

Fuente: El Tiempo, Colombia/ GDA