Agenda para la recta final, por Lourdes Flores
Agenda para la recta final, por Lourdes Flores
Lourdes Flores Nano

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El presidente Ollanta Humala ha comenzado la cuenta regresiva que lo acerca al día que dejará el poder. Los meses finales de la gestión gubernamental constituyen un importante tiempo para concluir la obra emprendida y, por ello, son trascendentes.Considero que, bajo esa perspectiva, el gobierno debería concentrar su energía y priorizar sus acciones en las siguientes materias:

La obra pública: el mensaje de Fiestas Patrias pretendió presentar una vasta obra pública que por exuberante no resultó creíble. Más impactante sería un viaje de despedida que partiendo de Huancabamba en la sierra piurana y terminando en Desaguadero en la frontera peruano-boliviana muestre la realidad de la carretera Longitudinal de la Sierra y de la fibra óptica que se ha instalado en su curso. Esa obra, constituye un legado digno de resaltarse por la interconexión que supone y por la oportunidad que la comunicación contemporánea brinda a los pueblos más pobres del Perú. 

Los programas sociales: en su presentación ante el Congreso de la República, el presidente Humala reiteró el énfasis de los programas sociales como instrumento central de su estrategia de inclusión y lucha contra la pobreza. Los críticos de esa concepción, sin negar el impacto temporal de los programas sociales, tendremos oportunidad de demandar del próximo gobierno otros instrumentos que permitan enfrentar la pobreza y la extrema pobreza generando trabajo para alcanzar una verdadera inclusión con dignidad. En la recta final de esta administración, haría bien el gobierno en no perturbar la marcha de su programa estrella, Beca 18. La pretensión de desplazar a la universidad e institutos privados para limitar el acceso a las instituciones educativas estatales constituye un error. En cambio, incorporar a los becarios de institutos o universidades a los requerimientos de Servir en sus respectivas regiones, dotaría de un capital humano joven y bien preparado al servicio civil.

Educación: bajo la dinámica conducción del ministro Saavedra, el gobierno ha desarrollado una agenda educativa con algunas buenas luces aunque no exenta de sombras. Si el empeño es asegurar la calidad educativa, es hora para mejorar el existente sistema de acreditación estatal (Sineace) que podría en los meses finales, con el debido impulso gubernamental terminar procesos de acreditación en curso; certificar entidades internacionales con experiencia en la acreditación educativa y poner a prueba los estándares concebidos. En cambio, considero un error pretender en el año final improvisar con la creación de un nuevo ente, que tendrá poco tiempo para ponerse en funcionamiento y liderar la medición de la calidad educativa. Le queda igualmente poco tiempo a la recientemente creada superintendencia nacional de educación para liderar la educación universitaria, cuya ley deberá ser revisada en el próximo quinquenio. Finalmente, vale la pena secundar el esfuerzo por normar la educación técnica superior, aunque ello debería ir de la mano de las buenas experiencias nacionales existentes y de la demanda de la empresa privada. La tentación intervencionista de la Ley Universitaria no debe repetirse. 

Seguridad: no pueden esperarse grandes cambios ni logros en el que todos percibimos como el talón de Aquiles de este gobierno y probablemente la mayor decepción que la administración Humala dejará. Aunque se ha abandonado el discurso de la percepción, los voceros gubernamentales, comenzando por el mandatario, transmiten un mensaje que no parece medir la envergadura del problema. Los peruanos demandamos que los meses venideros no incrementen los serios problemas de inseguridad que tanto daño causan. Las soluciones estructurales que se demandan y que suponen una radical transformación de la Policía Nacional, comenzando con un nuevo cuerpo de élite, obviamente son tarea del próximo gobierno. El ministro Pérez Guadalupe será recordado si comienza a desmontar el 24 x 24; allí, debiera concentrarse el esfuerzo. Ese es un gran reto para tiempo tan corto.

Economía: despediremos a Ollanta Humala con el alivio de no habernos conducido al desastre que la Gran Transformación auguraba. Es tarde para lamentar la velocidad perdida. El nuevo equipo de gobierno tendrá el deber de liderar con energía la recuperación del tiempo perdido y empeñarse desde el primer día por atraer confianza para la inversión. Empero, estos tampoco son meses para dormir. Haría bien el ministro Segura en poner en marcha el conjunto de medidas para eliminar las trabas a la inversión que desde hace muchos meses han preparado equipos convocados por el gobierno y la Contraloría General de la República. Hará mejor en facilitar toda inversión que, aún en medio de la actual incertidumbre, aspire a hacerse presente. Me temo que los últimos seis meses del gobierno estarán marcados por los efectos del fenómeno de El Niño. De agosto a diciembre, la tarea es de prevención; de enero a julio, de recuperación. Se necesitará un gobierno cercano, ágil y laborioso. 

El proceso electoral: por último, el gobierno será juzgado por su comportamiento en el proceso electoral. No dudo que la trayectoria democrática de Pedro Cateriano constituye una garantía. Necesitará, sin embargo, acreditar temple y autoridad cuando el nerviosismo cunda. El ambiente electoral cargado por las denuncias contra la primera dama y las investigaciones en marcha, así como el desempeño del candidato oficialista y la proyección de un magro resultado electoral pueden alterar los ánimos y avivar la tentación de involucrar el gobierno en el proceso electoral. El silencio presidencial en el mensaje de Fiestas Patrias en relación a un inequívoco compromiso de neutralidad, ha sido una mala señal. Las airadas reacciones contra líderes políticos, parlamentarios, fiscales y periodistas denotan una intemperancia impropia del jefe del Estado. Si en la campaña presidencial del próximo año sobran los agravios y escasean las ideas, esperemos que el presidente y el gobierno se mantengan alejados de ese “mundanal ruido”.   

El gobierno ha reclamado ejercer las funciones que le corresponden hasta el minuto final. Tiene derecho a esa exigencia; esperemos que primen la sensatez y la cordura. 

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