La izquierda inmadura, por Carlos Tubino
La izquierda inmadura, por Carlos Tubino

Me asombra el revuelo generado por dos mensajes emitidos a través de mi cuenta de Twitter, algo que no sucedió con los otros 23 mil anteriores, donde abordé temas de relevancia nacional, como la lucha contra el narcotráfico en el Vraem, seguridad ciudadana, el abandono de la Amazonía, entre otros. 

Respeto democráticamente todas las corrientes de opinión y he aceptado que mis palabras fueron duras, por ello las retiré al día siguiente. No obstante, me apena ver cómo algunas personas y medios las banalizaron, reduciéndolas a observaciones sobre “moda”, cuando me refería al decoro, respeto a la institucionalidad del Congreso y que la izquierda en el Perú no ha evolucionado. 

Mis palabras reflejaron mi molestia por el incumplimiento de las normas de protocolo y la falta de respeto a la investidura del Poder Legislativo, por quienes asistieron con prendas inadecuadas a una sesión solemne; ello con el único fin de granjearse de forma antiética la simpatía del pueblo, sin importar las consecuencias que tal comportamiento tiene en la sociedad, pero esencialmente hice un llamado a la reflexión a dicha izquierda peruana que está detenida en el tiempo, imitando a íconos de 1970, no solo en su atuendo, sino también en su ideología, basada en un marcado resentimiento social y en ideas que han fracasado en nuestro país y en el mundo, generando solo más pobreza y subdesarrollo (tal como la estatización de las empresas, el control de precios, el populismo, la demagogia, etc.). 

Más grave aun, es el ejemplo maquiavélico que algunos parlamentarios tratan de trasmitir a la ciudadanía; es decir: “Si deseas hacer populismo o lograr cualquier otro fin, puedes utilizar cualquier medio, incluso romper las normas y faltar el respecto a las instituciones o a las personas. El fin sí justifica los medios”. Esta lógica es la madre de todo acto inmoral y antiético que corrompe y daña a nuestra sociedad. 

Los congresistas como “padres de la patria” representamos a la nación y a un promedio de 200 mil peruanos, tenemos el deber de instituirnos en un ejemplo de valores y de ética, siendo promotores de la institucionalidad, de la ciudadanía y del respeto al marco jurídico. 

Usando la lógica “el congresista es elegido para trabajar, por ello no interesa cómo va vestido”, podríamos ver el día de mañana al presidente de la República jurando en bermudas; a los ministros recibiendo la investidura del Congreso en ropa deportiva y a los profesores de nuestros niños dictando clases en pijama; etc. Y si los criticamos, ellos podrían respondernos de la misma manera: “Nos pagan para trabajar, así que no interesa qué ropa me pongo”. 

Por lo antes expuesto, queda claro que no debemos detenernos en la anécdota o superficialidad de un tuit, cuando lo sustancioso está en lo explicado en este artículo.