"Debe posicionarse en la agenda pública la necesidad de evaluar los niveles de desarrollo de competencias profesionales luego de dos años de educación remota de emergencia, para ofrecer oportunidades de remediación". (Foto: IStock)
"Debe posicionarse en la agenda pública la necesidad de evaluar los niveles de desarrollo de competencias profesionales luego de dos años de educación remota de emergencia, para ofrecer oportunidades de remediación". (Foto: IStock) / Burak Sür
Norma Correa Aste

El próximo 28 de marzo culmina el plazo máximo establecido por el Ministerio de Educación para iniciar las clases presenciales en las instituciones de educación básica a nivel nacional. Desde finales de febrero, millones de niños y adolescentes se reencontraron con sus profesores y compañeros, las aulas y patios volvieron a llenarse de vida. En contraste, la mayoría de los campus de e permanecen cerrados. Aquellos que han abierto mantienen restricciones de acceso y uso de espacios, salvo excepciones.

¿Por qué no estamos viendo un escalamiento en la reapertura de los campus a nivel nacional? ¿Por qué universidades e institutos no han tenido mayor liderazgo en la cruzada ciudadana a favor de la recuperación de la educación presencial en el Perú? Comparto estas preguntas para la reflexión pública. Es importante destacar que la vacunación (dos dosis) de los estudiantes, docentes y personal administrativo de las universidades ha sido exitosa (92,7% y 94,6%, respectivamente). Por otro lado, desde junio del 2020 (DS 117-2020-PCM), se permitió la habilitación al 50% de actividades esenciales en bibliotecas, archivos, laboratorios y talleres universitarios.

Durante el 2020, la mostró un importante liderazgo y capacidad de respuesta ante la emergencia sanitaria. Universidades e institutos se adaptaron a la suspensión excepcional del servicio presencial y lograron que la educación remota de emergencia sea viable, gracias al compromiso y dedicación de docentes, estudiantes y personal administrativo. El Ministerio de Educación brindó recursos para mejorar la conectividad en universidad públicas y facilitó asistencia técnica, soporte fundamental para lograr que el 100% de las universidades públicas inicien clases virtuales en el 2020, aunque con diferencias en sus calendarios académicos. Por su parte, las instituciones privadas realizaron importantes esfuerzos para mejorar la conectividad de docentes y alumnos, brindaron apoyo económico para la continuidad de los estudios y realizaron inversiones orientadas a la transformación digital. El año académico 2021 se inició de manera remota en medio de la segunda ola. Sin embargo, para el segundo semestre del 2021, cuando se empezó a escalar la reapertura de escuelas gracias a la presión de madres, padres, educadores y estudiantes, no observamos a actores de la educación superior movilizarse a favor de la recuperación de la presencialidad. Por otro lado, es importante destacar que los dos años de educación remota de emergencia han posibilitado avances en transformación digital, innovaciones pedagógicas y desarrollo de programas a distancia que deben protegerse y escalarse.

Reabrir los campus de universidades e institutos debe ser una prioridad. De esta manera, pueden ofrecerse servicios claves para cumplir las condiciones básicas de calidad establecidas en la Ley Universitaria (bibliotecas, laboratorio, salud, talleres), actividades deportivas y culturales, así como espacios de encuentro, estudio y trabajo grupal. El actual marco normativo brinda diferentes modalidades de prestación del servicio educativo (virtual, semipresencial y presencial) que permite flexibilidad y gradualidad. Sin embargo, resulta necesario que la Sunedu precise cuáles son las condiciones básicas de calidad que se aplicarán a las modalidades semipresenciales y virtuales, estableciendo requerimientos mínimos. Asimismo, debe posicionarse en la agenda pública la necesidad de evaluar los niveles de desarrollo de competencias profesionales luego de dos años de educación remota de emergencia, para ofrecer oportunidades de remediación (especialmente críticas para la generación de pregrado que hará la mitad de su carrera de manera remota).

Promover la presencialidad en las universidades e institutos no significa volver al pasado, sino que es una ruta ineludible para recuperar dimensiones fundamentales de la experiencia de la educación superior, que va más allá de contenidos, exámenes y títulos. Es también el lugar en el que socializamos, desarrollamos competencias claves para el ejercicio profesional (por ejemplo, exponer, trabajar en equipo, etc.), donde despertamos para la política, donde conocemos a otros y nos conocemos mejor a nosotros mismos. Cuando pensamos en nuestro paso por universidades o institutos, ¿qué es lo que más valoramos? Por ello, es urgente que se #AbranLosCampus.

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