No aprenden, por Fernando Rospigliosi
No aprenden, por Fernando Rospigliosi
Fernando Rospigliosi

Analista político

El escándalo protagonizado por una de las protegidas de , , ha mostrado que la pareja presidencial sigue sin aprender de sus errores, a pesar de que tiene casi tres años en el poder. 

En lugar de reaccionar rápidamente luego de la primera denuncia de de y cesar a Escalante, la mantuvieron tercamente en el cargo. Peor aun, la enviaron a los medios a tratar de defender lo indefendible. Hizo, como era de esperarse, un papelón y empeoró las cosas para ella y para el gobierno.

Como ha sucedido antes, la pareja presidencial muestra que no tiene reflejos rápidos para resolver las crisis que se suceden desde el inicio del gobierno. Desde los casos del vicepresidente y los desmesurados privilegios del hermano del presidente, , hasta el de Escalante, siempre intentan mantenerse en el error, aparentar una fortaleza que no tienen, y evitar dar un triunfo a sus críticos.

Ese comportamiento lo único que hace es prolongar la crisis y perjudicarlos más. Al final, igual tienen que ceder, abrumados por los hechos, que muestran que sus designados y protegidos han cometido delitos o irregularidades. A Escalante tuvieron que echarla en la víspera de la interpelación a , para darle un respiro al aturdido ministro que no tenía idea de lo que hacía la jefa de la (Oficina Nacional de Gobierno Interior), ni mantenía el más mínimo control sobre ella.

Otra constatación que se evidencia a raíz del descubrimiento de los turbios manejos de Escalante es que la situación del ha empeorado sustancialmente en este gobierno. La mayoría de las normas que han dictado, casi todas al amparo de facultades delegadas irresponsablemente por el , solo han servido para disminuir la ya pobre eficiencia y aumentar la corrupción y el desorden.

Es el caso de la Onagi, ahora constituida como un ente semiautónomo, con un presupuesto aumentado descomunalmente, que es usado en toda clase de corruptelas. Caso similar a la Sucamec –control de armas y explosivos–, que hoy es un ente clamorosamente ineficiente y que cobra a los usuarios tasas monstruosas (este martes hay un plantón frente a Sucamec, esta vez de las empresas de seguridad).

En suma, el Ministerio del Interior no solo no ha mejorado, a pesar de la enorme cantidad de dinero del que dispone hoy, sino que cada vez está peor, debido exclusivamente a la incompetencia de la pareja presidencial que coloca en los cargos de responsabilidad a hombres de paja –como el actual ministro y sus antecesores–, y operadores políticos como Escalante, que responden directamente a Palacio de Gobierno y usan los recursos públicos para satisfacer los requerimientos particulares de la pareja.

El incidente de Escalante también pone al descubierto, una vez más, las limitaciones de Nadine Heredia, que en este caso ha jugado un papel decisivo, ya que la jefa de la Onagi era su protegida y una de las principales operadoras del partido –es un decir– que ella dirige.

A diferencia de lo que sostiene su corte de aduladores y de fans, no ha demostrado hasta ahora excepcionales habilidades políticas. Aunque su ego –como lo demuestra la entrevista en “Cosas”– parece haber crecido en proporción inversa a su sagacidad política.

En realidad, no podía esperarse demasiado de una persona joven, muy ambiciosa y medianamente preparada, pero que jamás en su vida ha trabajado en una actividad productiva o de servicios y que ha saltado prácticamente de la nada a la Presidencia de la República, que comparte con su esposo.

Es decir, no ha hecho ni una carrera profesional ni una carrera política, como es lo usual en personas que llegan a los altos cargos en países democráticos con sistemas de partidos que funcionan.

Quizás en el futuro Nadine Heredia, si enmienda rumbos, pueda transformarse en una lideresa auténtica. Tiene la ambición y el ansia de poder que necesita todo político y, si procesa adecuadamente la experiencia de gobernar, podría aprovecharla para corregir los errores que comete ahora y que le están costando tanto.

Para eso, como ha anotado Augusto Álvarez Rodrich, lo primero que necesita es una dosis extragrande de una vacuna llamada humildad.