Reformas mínimas

“El hecho de que se abra nuevamente la puerta para el financiamiento privado no significa que cualquiera pueda acceder”.

    Carlos Meléndez
    Por

    PhD en Ciencia Política

    “El hecho de que se abra nuevamente la puerta para el financiamiento privado no significa que cualquiera pueda acceder”. (ILUSTRACIÓN: VICTOR AGUILAR RÚA)
    “El hecho de que se abra nuevamente la puerta para el financiamiento privado no significa que cualquiera pueda acceder”. (ILUSTRACIÓN: VICTOR AGUILAR RÚA)

    Como será de resistente nuestro modelo económico que ha sobrevivido el amateurismo radical de Pedro Castillo y el amateurismo frívolo de Dina Boluarte. Tiene mucha razón Andrés Oppenheimer cuando dice que el Perú es un país cuya economía crece por las noches, mientras los políticos duermen (o yacen anestesiados mientras les realizan operaciones estéticas). Más resistente aún si consideramos las barbaridades que han perpetrado, en nombre del fortalecimiento institucional, reformólogos que comparten una matriz ideológica estatista, incoherente y lasciva con nuestra economía de mercado. Nada bueno puede salir de combinar recetas económicas de Chicago Boys con reformas políticas keynesianas que, por ejemplo, han impuesto que los partidos políticos se financien principalmente con fondos públicos, con nuestros impuestos. Más de S/10 millones desde el 2017, torta repartida entre los partidos con representación parlamentaria. ¿Acaso ese dinero ha permitido la ‘lucha contra la desigualdad’ de los recursos con que cuentan nuestros partidos? ¿Acaso la saludada implementación de dicha política –celebrada como ‘best practice’ en su momento– ha conseguido alejar a los poderes ilegales de la representación nacional como prometían sus más notables consultores?

    Conforme a los criterios de

    Trust Project
    Tipo de trabajo: