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"La inesperada virtud de la ignorancia", por Pedro Canelo

Mientras en la cadena TNT algunos veíamos los Premios Óscar, en Canal 2 el galardón fue entregado a los que sabían menos

La inesperada virtud de la ignorancia, por Pedro Canelo

La inesperada virtud de la ignorancia, por Pedro Canelo

En una de las bromas más celebradas en la carrera de Chespirito, Don Ramón le dice al Chavo que es el campeón de los tontos. A unos metros, Quico escucha el diálogo y les pregunta: “¿Me están hablando a mí?”. Sorprendido ante tanta ingenuidad sumada con impertinencia, ‘Monchito’ le aclara: “Estoy hablando con el campeón nacional, no con el campeón mundial”. El tesoro de Doña Florinda, exaltado y feliz, al final sale de escena celebrando ese espontáneo reconocimiento. Digamos que la televisión peruana de señal abierta se ha llenado de esos Quicos. Vivimos una repetitiva apología a ser poco inteligente, un cruel homenaje a la ignorancia. Mientras en la cadena televisiva TNT algunos veíamos los Óscar, en Frecuencia Latina éramos testigos de otros premios: allí el galardón fue entregado a los que sabían menos.

No vamos a caer en el extenso manifiesto sobre las obligaciones de la televisión con la cultura. Pero en un país como el Perú con serias deficiencias en educación, muy poco ayuda que los programadores y productores de TV subestimen al público y les manden mensajes subliminales del tipo: “Ser inculto es bacán”. Ocurrió en la transmisión de los premios de la Academia, Canal 2 le entregó la responsabilidad a Rodrigo González ‘Peluchín’. Liberados del prejuicio sobre la poca ilustración que podría exigir cubrir la vida de Antonio Pavón o del ‘Pato’ Parodi, cualquiera podría tomar esta elección como una falta de respeto al sufrido televidente peruano. ‘Peluchín’ no solo reconoció con orgullo su escasa preparación para conducir el Óscar (dijo que solo había visto una película y que conocía a Sheyla Rojas pero no a actrices como Julianne Moore o Cate Blanchett) sino que también lo festejaba. Allí está el detalle, hace treinta años la televisión peruana premiaba lo que vale el saber con Pablo de Madalengoitia, hoy estamos ante un fenómeno inverso. Si eres tan tonto como Quico, ganaste.

La película ganadora del Óscar, “Birdman”, tiene un curioso subtítulo: “La inesperada virtud de la ignorancia”. Esa misma frase encaja como última pieza para armar una definición exacta sobre la caja boba de sabor nacional. En algunos programas periodísticos se burlan de los universitarios que no saben quién es Francisco Bolognesi, en los ‘reality’ tratan como campeones a los que dicen que “archipiélago es un animal”. El Óscar lo condujo alguien que se mataba de risa diciendo que este año no se matriculó en Open English. El público también piensa, no lo subestimen. El ráting de los Óscar no alcanzó ni los 10 puntos. Si apareciese una nueva premiación para la TV peruana quizá los trofeos deberían ser orejas de burro. Ese será el más merecido reconocimiento para los que creen que cuando se enciende un televisor, también se apaga el cerebro.

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