Los vibrantes enigmas, por Alonso Cueto

“No es casual que el interés por Vallejo siga aumentando”.

    Alonso Cueto
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    “Sabemos que la pobreza del poeta en los inicios de su estancia parisina lo hacía buscar refugio en los vagones de los metros, donde se quedaba hasta la hora del cierre”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
    “Sabemos que la pobreza del poeta en los inicios de su estancia parisina lo hacía buscar refugio en los vagones de los metros, donde se quedaba hasta la hora del cierre”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
    / Giovanni Tazza

    Lo seguiremos leyendo, lo seguiremos celebrando, nos seguiremos asombrando con sus versos. Uno se pregunta con frecuencia cómo fue posible una imaginación como la suya. A diferencia de otros grandes poetas de su tiempo (Borges, Neruda, Paz), César Vallejo murió joven (acababa de cumplir 46 años) y sin fama, con una obra en parte inédita. Al momento de su muerte, había escrito muchas obras maestras que pocos habían leído. Mientras otros poetas exploraron el idioma hasta sus límites, Vallejo creó otro idioma. Escribió versos como “Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos pura yema infantil innumerable, madre”. Escribió “Ya no más he de ser lo que siempre he de ser”. Uno de los grandes ejemplos de su revolución en la poesía es “Trilce”, que pronto cumple un siglo.

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