El Pinocho de Caguana, por Martha Meier MQ
El Pinocho de Caguana, por Martha Meier MQ

Hay un Pinocho peruano. Nació en la sierra de Áncash, en Caguana, un lugar que luego los españoles terminaron llamando Cabana.  

El Pinocho caguanense se llama y fue presidente del Perú, antes había sido uno de los principales asesores económicos de los inicios del fujimorato, uno de los llamados “siete samuráis” y con él se coordinó el llamado ‘fujishock’. Muchos han olvidado esa parte del cuento. 

Al Pinocho peruano no le crece la nariz cuando miente porque si no tendría una nariz kilométrica. La otra gran diferencia con su par italiano es que la historia de aquel muñeco de madera era una suerte de alegoría sobre la transformación personal a través del honor, la virtud y la verdad. Todo lo contrario a la de Toledo, que parece empecinado en sepultarse políticamente con sus propias mentiras.  

Ya antes había contado que su mamá murió en el terremoto de Huaraz de 1970: falso. Negó catorce años la paternidad de Zaraí, acusando de “conspiradores” a los periodistas que revelaron la existencia de la chica: la negada era sangre de su sangre. Dijo ser economista graduado en Harvard: un documento de la propia universidad lo desmintió. Denunció haber sido raptado por unas mujeres que lo encerraron más de 24 horas en un motel: en realidad fue una alocada (y comprobada) noche de juerga. Y así mucho más por el estilo. 

En el –empresa ‘offshore’ a través de la cual su suegra, la señora Eva Fernenbug, realizó compras inmobiliarias por más de nueve millones de dólares– dio una versión tras otra, y otra, y otra más. Todas falsas. 

Dijo que la señora había recibido cuantiosas sumas como reparación por el aniquilamiento de varias generaciones de su familia en los campos de concentración nazis. ¿Habrá peor bajeza que utilizar el sufrimiento del pueblo judío para ocultar el origen de dinero repentino? 

Cuando eso no funcionó, dijo que el Scotiabank de San José, Costa Rica, le había dado una hipoteca (vocera de esa falsedad fue la actual ministra de la Mujer, e). Afirmó que su amigo Josef Maiman le había regalado las propiedades a la señora, que él nunca había estado en Costa Rica, que no sabía nada de Ecoteva. Mentira tras mentira para tapar las sospechosas transacciones de millones de dólares.

 ¿Conclusión? La Fiscalía Penal 48 de Lima ha acusado de lavado de activos (y otros dos delitos) a la señora (87), la casi nonagenaria suegra del ex presidente. Ella vivía tranquila y humildemente en Bélgica hasta que su hijo político y su propia hija, Eliane Karp, la utilizaron para comprar una casa, un departamento y oficinas en Lima, con dinero considerado ilícito por la fiscal Elizabeth Parco.

Toledo y su pareja de aventuras políticas no están acusados, pero Parco se ha reservado el “derecho de ampliar la denuncia”. La investigación no está cerrada y, por tanto, este cuento no ha terminado. 

Veremos qué le deparan las próximas semanas al Pinocho de Cabana. Algunos le auguran un fúnebre final político, mas no legal. Otros sí creen en la justicia y aseguran que pronto lo veremos sentado en el banquillo de los acusados. Haciendo lo que disfruta: mentir.