Editorial: El camino moqueguano
Editorial: El camino moqueguano

Si son sus acciones en un determinado campo los que mejor califican o no a una persona para hablar con autoridad sobre este, entonces todos debiéramos escuchar lo que el presidente regional de Moquegua, , tiene que decir respecto de los problemas de nuestro sistema educativo.

En efecto, bajo la gestión de Vizcarra se viene invirtiendo en infraestructura educativa y, en general, en apoyo a los profesores y colegios moqueguanos, con excelentes resultados. En las evaluaciones censales de estudiantes, supera por más de tres veces al promedio nacional de y matemática. Lo que, entre otras cosas, demuestra que hay muy buenos profesores y directores que, con los recursos y la motivación del caso (aun cuando esta no han podido comprender a sus salarios), pueden entregar mucho mejores resultados de los que se obtienen en la mayoría de nuestros colegios públicos.

Luego de todos sus avances, sin embargo, el señor Vizcarra parece haber tropezado con lo que el marco legal vigente pone por el momento (y por varios años más) fuera de sus manos y, en realidad, de las de todo el Estado: el problema de los profesores y directores que son malos ya no solo por falta de preparación y de recursos, sino sobre todo por falta de ganas. Así, luego de hablar de las mejoras logradas en muchos colegios de su región, el señor Vizcarra ha declarado que “hay otras instituciones donde, hagamos lo que hagamos, siempre tendremos malos resultados, porque allí al director del colegio y a los docentes no les interesa la educación, así de simple. Son tres años que ponemos nuestro esfuerzo y nada. Hemos querido cambiar a estos docentes, pero no se puede, la norma no me lo permite por el derecho del docente, cuando primero es el derecho del niño a tener una buena educación”.

Habría que subrayar ese “hagamos lo que hagamos”. Y es que la (LRM) promulgada por este gobierno, al igual que su antecesora, la (LCM), promulgada por el anterior, establece estabilidad laboral absoluta para el docente en su cargo mientras no sea desaprobado tres veces consecutivas en las evaluaciones anuales de desempeño que ella contempla. Y, claro, sucede que a la fecha, luego de siete años de promulgada la LCM y a casi año y medio de dada su sucesora, no se ha producido una sola evaluación de desempeño y no se avizora todavía cuándo se realizará la primera. Un problema en el que tiene gran responsabilidad el presente gobierno por haber detenido el sistema de la LCM para reemplazarla por una nueva ley (con todo el tiempo perdido que ello ha supuesto), en lugar de irle haciendo a la primera los ajustes que fueran necesarios sobre la marcha.

En cualquier caso, la situación ahora es que no hay nada que se pueda hacer contra los malos maestros y directores, hasta una fecha incierta que durará en llegar por lo menos tres años desde que se tome la primera evaluación.

Por supuesto, esta no es una situación tolerable: nadie devolverá esos tres años (más) de pérdida a quienes actualmente sufren el pésimo nivel promedio de la educación peruana. Es bien sabido que la educación funciona como un edificio: un bloque mal puesto hace que sea poco confiable todo lo que se le construya encima.

Entonces, mientras se espera la solución estructural de la entrada en vigencia real del sistema meritocrático de la LCM, lo menos que se puede hacer es empoderar a quienes se puede constatar están haciendo las cosas bien para que puedan seguir mejorándolas en el camino. Dicho de otra forma: hasta que llegue la demorada solución cabal, vayamos salvando todo lo que se pueda.

Así, acaso una fórmula práctica sería autorizar a los gobiernos regionales que vienen teniendo mejoras sostenidas en las evaluaciones censales de estudiantes para que puedan llevar a cabo de inmediato la primera evaluación de desempeño, la misma que también podría servir como piloto para probar el mecanismo. Incluso se podría empoderar en general a los directores de colegios con buenos resultados para que puedan solicitar la reubicación de maestros que no tienen un buen desempeño, a fin de que pasen a un curso de capacitación. De esta forma se adelantaría también, en esos casos, el procedimiento de las tres evaluaciones. Lo que en ningún caso debemos hacer es seguir esperando a que el sistema general comience a marchar en una fecha todavía no dada, mientras que miles de peruanos continúan recibiendo cimientos enclenques para lo que será mañana el edificio de sus vidas.