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Editorial: Posta fiscal

Pedro Chávarry tiene serísimos retos como nuevo titular del Ministerio Público.

Editorial

Pedro Chávarry, Pablo Sánchez

Pedro Chávarry manifestó que los miembros de la Junta de Fiscales Supremos le "han brindado su confianza para tener un trabajo de continuidad de lo que ha realizado el doctor Pablo Sánchez". (Foto: Archivo El Comercio)

Ayer la Junta de Fiscales Supremos del Ministerio Público eligió a quien habrá de suceder a Pablo Sánchez como fiscal de la Nación a partir del próximo 23 de julio y por un período que se extenderá hasta el 2021. Se trata del abogado Pedro Chávarry, quien, tras haber cumplido algunas funciones en la judicatura, desarrolló una larga carrera en la institución que pronto le tocará encabezar.

Su designación, que coincide con la tradición (solo excepcionalmente interrumpida) de nombrar para ese cargo al más antiguo de los magistrados elegibles, ha generado expectativa en la opinión pública, tanto por las materias que los equipos bajo su responsabilidad deberán enfrentar como por la valla que deja el actual titular de la fiscalía.

El señor Pablo Sánchez, en efecto, no solo recibió el Ministerio Público en una situación de severo descrédito que logró superar, sino que luego ha sabido conducirlo con una combinación de serenidad e independencia poco vistas desde que, en 1981, fue creado como organismo constitucional autónomo. Se le puede criticar quizás una cierta ausencia de liderazgo al permitir conflictos entre algunas de las fiscalías que operan bajo su mando, pero en general ha lidiado de manera solvente con asuntos tan complejos como políticamente sensibles. Señaladamente, el Caso Lava Jato, que lo expuso a una tensión con importantes sectores del Congreso por los que no se dejó avasallar.

Cabe destacar también la insólita seriedad de palabra que revela el hecho de que en su momento afirmase que no buscaría ser reelegido en el cargo y ahora haya cumplido esa promesa.

En lo que concierne a la idoneidad de su sucesor, no han faltado voces que han buscado sembrar dudas sobre la base de presuntas cercanías con tal o cual sector político, o por algún nombramiento que recibió de Blanca Nélida Colán cuando, en plena era montesinista, ella se desempeñaba como fiscal de la Nación. Pero sobre lo primero, nadie ha aportado pruebas convincentes. Sobre lo segundo, la circunstancia de que en el 2007 fuese reincorporado a la carrera judicial parece ayudar a despejar suspicacias. Será, sin embargo, su gestión lo que defina si su elección ha sido adecuada.

En una de sus primeras intervenciones tras haberse conocido su designación, Chávarry se ha comprometido a defender la autonomía del Ministerio Público y a fortalecer “la lucha contra los flagelos que azotan a nuestra sociedad, como son la corrupción, el feminicidio y el abuso sexual de menores indefensos”. Lo que no está mal y coincide con demandas más urgentes de la hora. Pero al mismo tiempo es inimaginable que alguien que se dispone a asumir una responsabilidad como la que él tiene por delante acepte el encargo declarando algo muy distinto a eso.

¿Cuáles son sus retos más importantes? Pues, desde luego, proseguir con las investigaciones y, más tarde, las acusaciones que correspondan en el Caso Lava Jato, pero hay mucho más. Singularmente, en lo que se refiere al problema del narcotráfico, ausente de su enumeración de los ‘flagelos que azotan nuestra sociedad’ y sin embargo fuente de tanta corrupción. Concretamente en el Caso Oropeza, por ejemplo, como ha informado ya este Diario, si hasta setiembre el fiscal especializado en crimen organizado Lucio Sal y Rosas no presenta una acusación formal, el principal investigado –Gerald Oropeza mismo– recuperará la libertad por exceso de carcelería (36 meses en prisión preventiva).

Situaciones como esa, en las que una demora no siempre justificable pone en peligro el trabajo de seguimiento y captura llevado a cabo por otras instituciones del Estado para asestar golpes a la inseguridad y el crimen que a veces parecen campear en el país, deslucen con frecuencia el trabajo de la fiscalía y eso no es aceptable.

Celeridad, independencia y determinación, entonces, son probablemente las virtudes que más se han de demandar en quien está tomando la posta que deja Pablo Sánchez. Y a propósito de cada una de ellas, la ciudadanía y la prensa debemos permanecer vigilantes a partir del 23 de julio.

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