¿Es tan difícil?, por Fernando Rospigliosi
¿Es tan difícil?, por Fernando Rospigliosi

El gobierno parece haber logrado la ansiada unanimidad en su convocatoria al diálogo que debe iniciarse mañana: todos creen que es una maniobra insincera y que va a fracasar.

El diálogo no va a llegar a ninguna parte, advierte Augusto Álvarez Rodrich. Enrique Castillo anota que es un despropósito o una mecida porque el gobierno no tiene un genuino interés por tender puentes y establecer un diálogo serio con las demás fuerzas políticas. Alfonso Baella sostiene que en realidad es una maniobra del gobierno para ganar tiempo y reposicionarse después de la agónica situación en la que ha quedado.
En verdad, la llamada a este tipo de diálogo no solo expresa la incompetencia política de la pareja presidencial sino su total falta de imaginación. En varias oportunidades, en situaciones críticas, han recurrido a la misma estratagema y nunca les ha resultado.

El asunto es muy claro: hay una crisis política –aunque algunos ahora salgan con la novedad que no es crisis sino “crispación”- generada básicamente por el propio gobierno y que tiene que resolverse con un cambio de gabinete, entre otras medidas.

En las últimas semanas se han acumulado un conjunto de hechos, en el ya preocupante contexto de la desaceleración de la economía: fracaso del gobierno con la “ley pulpín”, aprobada al comienzo por una mayoría consistente y derogada luego abrumadoramente en el Congreso, después de movilizaciones callejeras. Más deserciones en la bancada oficialista, que está ahora en una situación precaria.

Espionaje comprobado a opositores y miembros del propio gobierno realizados por los servicios de inteligencia infestados de militares compañeros de promoción del presidente Ollanta Humala, sumado al intento de desacreditar a algunos de los vigilados con el resultado del espionaje. 

Sorpresiva aparición en Bolivia del amigo, asesor y socio de la pareja presidencial, el prófugo Martín Belaunde Lossio (MBL), y luego confusas y poco creíbles explicaciones de cómo pudo llegar allá. Aparición de más informaciones sobre los millonarios negociados de MBL y de su socio y también amigo de la pareja, además de asiduo visitante de palacio, Juan Carlos Rivera Ydrogo “Chocherín”. Y rechazo por la Corte Suprema del –al parecer- mal preparado pedido de extradición, con lo cual se acrecientan las sospechas.

Violentos ataques, sazonados con injurias y agravios que no se veían desde la prensa chicha que capitaneaba Vladimiro Montesinos, a políticos y periodistas, pero esta vez proferidos directamente por los ministros favoritos de una “facción” de palacio (para usar el término de la premier Ana Jara).

Investigaciones fiscales a la primera dama y presidenta del partido de gobierno por corrupción: lavado de activos y caso Antalsis, es decir, la red de corrupción de MBL. Como dice el periodista de investigación Ricardo Uceda, “el caso Belaunde Lossio podría terminar siendo el caso Nadine”.

Por último, y esto es nuevo, muy fuertes pugnas dentro del gobierno entre facciones vinculadas a Ollanta Humala y Nadine Heredia, cada una exigiendo la salida de ministros del otro bando y ambas filtrando a la prensa información infamante contra su rival. Como dice Uceda, es “la evidencia de una pugna hasta ahora inmanejable”.

Por cierto, los defensores del gobierno y algunos expertos dicen que esto no es crisis sino solo “crispación”. Más aún, que no hay nada importante en debate, son solo enconos de los políticos. Es decir, la corrupción que llega a los más altos niveles del gobierno no es importante. La reiteración de los métodos mafiosos de Montesinos no es importante.

Las alternativas a la actual crisis política no son difíciles de imaginar. Un cambio de cinco o seis ministros, cuestionados con argumentos serios por la oposición y la prensa. Nombramiento de un premier que tenga peso propio y pueda tender puentes, como lo intentó César Villanueva.

Designar como jefe del servicio de inteligencia a un profesional conocedor e independiente que no se vaya a prestar al espionaje ilegal ordenado desde palacio, como Otto Guibovich.

Poner al frente de la procuraduría anticorrupción y de la Comisión de Alto Nivel Anticorrupción (acaba de renunciar la coordinadora de la CAN por la falta de voluntad del gobierno para apoyarla) a alguien como José Ugaz o Luis Vargas Valdivia.
¿Es tan difícil tomar esas decisiones? Para un político capaz y honesto, no. Para la pareja, imposible.