Enhorabuena, por Rolando Arellano
Enhorabuena, por Rolando Arellano
Rolando Arellano C.

Doctor en Administración de Empresas

De tanto usarlas, algunas palabras terminan por perder el sentido que tenían al inicio. Una de ellas es ‘enhorabuena’, que me vino a la mente inmediatamente después de conocer la cifra del crecimiento del país en el 2015, muy superior a la pronosticada por la mayoría de expertos, nacionales e internacionales, incluida la presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. 

‘Enhorabuena’ quiere decir primero ‘felicitaciones’. Creo que todos debemos felicitarnos porque la cifra del año, y especialmente la de diciembre, muestra que la población ha hecho poco caso a quienes auguraban cifras catastróficas, y con ello ha evitado, al menos en parte, el problema de la profecía autogenerada. Las cosas van a ir muy mal –nos dijeron–, y si bien algunos se asustaron y decidieron retraerse y cortar sus inversiones, pareciera que la mayoría ignoró esas previsiones y continuó creciendo. 

‘Enhorabuena’ quiere también decir ‘en hora buena’, y es comenzando el año, la hora perfecta, que esa cifra corta una racha de varios meses de tendencia a la baja y promueve un incremento de la inversión debido al mayor optimismo. Se puede empezar a generar entonces la profecía positiva, la que nos dice que si las cosas empezaron a ir mejor hay que invertir para aprovechar esa tendencia... y así generar mayor crecimiento.

‘Enhorabuena’ significa también ‘en buena hora’, y ya era hora de que las cifras muestren que la economía y la política están yendo por cuerdas bastante menos ligadas que lo que se suponía. Ellas muestran, por ejemplo, que las críticas que se hacen al gobierno, cosa usual en período electoral, no han influido en la economía tanto como se hubiera podido esperar. Quizá porque la mayoría ciudadana conoce más a los personajes de “Esto es guerra” que a los de los ministros del régimen, y/o porque el ministro de Economía ignoró las críticas y mantuvo un rumbo coherente en su cartera. 

Y enhorabuena también porque este resultado tiene que ver con el fenómeno de El Niño para el que nos preparamos y que, crucemos los dedos, no llegó con la furia que se pronosticaba. No solo subimos en producción en unos sectores, sino que no tuvimos los problemas que podrían haber disminuido la producción en otros. La frase “Dios es peruano”, que es otra forma de decir enhorabuena, cabría perfectamente aquí.

Por cierto, algunos dicen que el crecimiento de diciembre es solo ilusión, al estar impulsado por la minería, que no generaría gran repercusión en la sociedad. Lo cierto es que no solo creció la minería, sino, enhorabuena, también la pesca y se revirtió la tendencia de la construcción, entre otros sectores. Pero, aún si fuera solo el cambio en ese sector, no olvidemos que los mismos críticos decían que la minería es la base de nuestra economía y que nos iba mal justamente porque esta actividad se estancaba. 

Decíamos aquí hace unas semanas que había que prepararse para el muy probable rebote que vendría tras las elecciones, pero podría ser que este rebote, enhorabuena, haya comenzado antes. La mejor forma de aprovecharlo sería entonces desempolvar esos proyectos que guardamos debido a la desaceleración, revisar su factibilidad, adaptarlos a las nuevas características de los consumidores peruanos y ponerlos a andar. Antes que otro se dé cuenta de que ya es la buena hora de hacerlo.