Fernando Vivas

La progresista estuvo en el poder y mejor no hubiera estado. Por apenas seis meses, tuvo el MEF y, por apenas cuatro, la PCM con Mirtha Vásquez. Al Ministerio de la Mujer, con Anahí Durand y Diana Miloslavic, no lo contemos, porque es burlado a diario por las expresiones machistas y conservadoras de y sus entornos.

Por estos pocos meses de sobresaltos, escándalos y contramarchas, esa izquierda hipotecó su futuro. Miren lo que pasó con Nuevo Perú (NP), el partido de Verónika Mendoza: por concentrarse en cogobernar descuidó su inscripción y Verónika, avergonzada por el doble fracaso de no inscribir el partido y asociarse con el espanto castillista, le cedió la presidencia a... nada menos que Anahí Durand, la motivadora interna del espanto, que prefirió abandonar el partido por mantener una consultoría en la PCM. Para remate, Aníbal Torres la sacó de allí.

Durand es un personaje secundario, lo trágico es que la candidata y el entorno que llevaron al progresismo al tercer lugar en el 2016 y al sexto en el 2021 se han degradado al punto que lo que ha quedado de NP publicó la semana pasada un comunicado en el que exigen “el cierre del Congreso”. Una muestra de delirante golpismo con el que están sepultando una historia que mereció respeto y aprecio antes de su trágica asociación con Castillo. Me sorprende llegar a decir lo siguiente, pero ahí va: Perú Libre es más coherente pidiéndole a Castillo que renuncie a su militancia que NP pidiendo cerrar el Congreso.

De modo que, cuando suman a Castillo a la nueva ola roja o rosada –según el analista– de la izquierda latinoamericana, asociándolo a Gustavo Petro en Colombia, a Gabriel Boric en Chile y a las perspectivas de Lula da Silva en Brasil, pienso que están equivocados. Castillo no suma a la izquierda, pues su gobierno es tan inestable que no llega a adscribirse a corriente alguna y ha embarrado a todas las izquierdas que se aliaron con él.

La ironía es que la razón que motivó el exabrupto golpista de NP es su indignación ante el informe del congresista Alejandro Cavero que archivó la acusación constitucional contra Manuel Merino y otros, por las muertes de Inti y Bryan. NP cree que estos chicos fueron sus héroes y casi, casi, militantes naturales. Vamos, he ahí una juventud con ansias de participación y representación que jamás las va a saciar ese partido agónico (y Cavero, por cierto, cometió un gran error al no afirmarse como un derechista diferente y tender una mano comprensiva a esa juventud violentada por el Estado).

La izquierda tardará en reponerse de su maldita alianza con Castillo; aunque quedan en mejor pie sus exponentes que no se embarcaron en esa aventura o que advirtieron a tiempo su podredumbre. Mis respetos para ellos.

Fernando Vivas es columnista, cronista y redactor

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