La restauración del limbo

Se ha iniciado un trance de inmovilidad política que el Congreso y el Ejecutivo quisieran extender hasta el 2026.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    Durante siglos, la doctrina cristiana postuló la existencia del limbo: un lugar al que iban las almas de los niños que morían sin haber sido bautizados y, por lo tanto, no podían ser acomodadas ni en el pabellón de los salvados ni en el de los condenados. Era, por lo visto, un lugar donde no ocurría mucho, pues se nos decía que no había en él castigo ni gozo y que habitarlo significaba pasar la eternidad en una especie de zona fantasma y purgada de estímulos.

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