Antonio Alvarez Ferrando

Desde hace diez años, la comunidad nativa de Bufeo, en , dejó de beber agua limpia. El único pozo que tenían quedó cubierto por la tierra. “Mira, agua de río estamos tomando”, comentó uno de sus habitantes.

Diarrea, dolor de estómago, náuseas, dolor de cabeza y parásitos. Todos estos males los aquejan. Sin embargo, esta situación no solo ocurre en Bufeo, sino en varias de las otras comunidades que conforman Purús, una provincia que experimenta el abandono histórico del gobierno.

Poblaciones olvidadas

Purús es una recóndita zona que colinda con . Ahí viven cerca de 4.000 peruanos, divididos en 43 comunidades nativas.

Llegar no es fácil. Viajar por río desde la ciudad de puede tomar varias semanas; además, no tiene carreteras. La vía de acceso más rápida es por aire.

Debido a esto, los productos de primera necesidad son casi inaccesibles para una población en su mayoría en pobreza extrema y que vive de lo que caza, pesca o cosecha.

El balón de gas cuesta S/160; el pollo entero, S/60; una botella de aceite, S/15; el kilo de huevos, S/14″, contó Nery González, una comerciante de la zona con más de 20 años en este negocio.

La única opción para muchas personas de Purús es viajar seis horas en bote hasta el puerto brasileño de Santa Rosa. Un lugar con los mismos beneficios de una ciudad limeña: Internet, señal telefónica, una planta de tratamiento de agua, bodegas y un hospital.

González cuenta que cada vez más purusinos están optando por ir a Santa Rosa y nacionalizarse brasileños para poder recibir un subsidio mensual de 1.600 reales (S/1.200), y para tener acceso a los muchos productos y servicios que ahí se ofrecen.

El jefe del Estado nos deja abandonados como peruanos. Por ello, el pueblo de Purús ahora prefiere pertenecer al país Brasil porque hay un mejor apoyo a sus pueblos indígenas”, recalcó Sergio Salomón, líder indígena de Purús.

Al no contar con pozos para almacenar agua, los pobladores de Purús deben recurrir al agua de río para sus actividades. (Foto: Antonio Álvarez Ferrando/El Comercio)
Al no contar con pozos para almacenar agua, los pobladores de Purús deben recurrir al agua de río para sus actividades. (Foto: Antonio Álvarez Ferrando/El Comercio)

Él manifestó que durante la pandemia el gobierno no les envió ningún tipo de medicamentos. “Hervíamos nuestras plantas con agua, y luego con una colcha tapábamos al enfermo para que respirara el vapor. Así nos hemos curado”, acotó.

En julio de este año, Salomón denunció que desde mayo el gobierno cortó los vuelos cívicos –a bajo costo– que permitían a su gente viajar y atenderse en los hospitales de Pucallpa. Ello generó una crisis sanitaria en Purús, que solo cuenta con una posta para atender urgencias.

El pasado sábado 8 de octubre, la Fuerza Aérea del Perú –que mediante una carta aseguró que los vuelos cívicos no se realizaban debido a limitaciones logísticas por el aumento del precio del combustible– realizó uno de nuevo.

La incertidumbre de los habitantes de Purús está ahora en si se trató de un vuelo aislado o de una medida permanente.

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